El fondo y la forma

El acto de confusión o de relevancia de una sobre otra (fondo y forma) me da mucha risa. Es así. Hablando sobre la novela, sobre su validez, supervivencia, vida más allá de la vida, con varias personas llego siempre al mismo ámbito: el de la renovación. Pero vaya que es complicado referirse a la renovación de la novela en medio de tanta cosa fragmentada. No sé, quizás sea un romántico empedernido y esa sea mi relación con los libros, pero tengo absoluta conciencia de que el objeto libro es solamente eso, un objeto, y reviste de importancia aunque no de tanta.

Los objetos son siempre transmutables y listo, no hay mucha ciencia.

Ahora, cuando llegamos al punto de la discusión sobre el fondo de una novela, de su fin como género, de su inexistencia literaria, pues ahí sí que entramos en problemas. La confusión entre fondo y forma (empezamos con las estructuras) es tan común y ligera. Cuando al final de cuentas no hay una división muy obvia, pero no por eso vamos a determinar que una y otra son indisolubles. La indisolubilidad no significa que una opción se traga a la otra, sino que están juntas y ya. Por eso, que el objeto libro sea transmutable no significa que la novela lo sea también. La forma no se traga al fondo y el fondo tampoco a la forma.

Así, al hablar de la novela como un género muerto se me ocurre que es una percepción únicamente basada en la forma. Los lectores cambian, los lectores se transmutan (esos sí) y el autor también. Toda novela no sólo es reflejo de un individuo que la escribe, sino de un individuo que vive en un tiempo equis (no confundir con el asunto tan aburrido y tedioso del compromiso social), y por ende está escribiendo para ese tiempo, aunque lo lean como algo del pasado o aunque sea experimentado como algo que en su momento no tuvo comprensión y que 100 años después recién se lo acepta.

Los cambios de las sociedades afectan a todos, a los que leen y a los que escriben. Nos alimentamos de ellos. ¿Eso destruye la novela? Para nada, la ha transformado en lo que es: una expresión de un universo individual sobre un universo superior. Sigue siendo lo mismo, no es necesario levantar luchas sobre lo que debe ser la novela actualmente, pues es igual que antes. Y que “hay pocos lectores”, “que no hay por que hacer novelas muy largas si no la van a leer”, “que las novelas aburren…”

Bueno, eso no es culpa de las novelas, ni del arte en sí, sino de una humanidad que ha preferido la levedad antes que sostenerse de algo.

Porque en nombre de esa levedad se sigue leyendo, sino averigüen cuántos libros se venden en librerías (claro, la mayoría serían de autoayuda), porque se sigue leyendo y mucho.

Las novelas son reflejos de seres que viven en una época equis, más allá de cualquier planteamiento político, por eso cuando leo expresiones como la que Edmund Wilson dijo, parafraseando a Valéry (cedida gentilmente por el querido Patricio Burbano), me pongo a pensar en el tema más de la cuenta: “Para Paul Valéry la radio, el cine y la televisión ocuparían el lugar de los libros como medios de afectar el sentimiento y las ideas de la gente; cree que la literatura tal como se la entendía en el pasado puede llegar a convertirse en algo tan obsoleto y tan alejado de la vida como la práctica de la geomancia, el arte heráldico y la ciencia de los halcones(…) La literatura se convirtió para Valéry en un arte basado en el abuso del lenguaje, es decir, un lenguaje creador de ilusiones y no un medio de transmisión de realidades. Es como un deporte que se practica para desarrollar los músculos. Valéry percibe que la literatura implementará una serie de experimentos en el dominio de la expresión simbólica y los valores imaginativos creados por la libre combinación de los elementos del lenguaje”…

Y ese pensar más de la cuenta me hace descubrir que quizás Valery tenía razón y estaba totalmente equivocado. Porque si bien se produjo ese cambio en la percepción de la gente, las ideas siguen llegando en libros o en lo que sea (conozco y soy parte de la generación que descubrió el mundo desde la televisión y los libros, sin darle supremacía a una sobre la otra). Y qué se yo, no creo que debamos ser tan específicos, sino entender que se escribe para el aquí y el ahora, porque eternidad… bien gracias… existe sólo en la ficción. Y la ficción desaparecerá al final de los tiempos, gracias a Dios.

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3 pensamientos en “El fondo y la forma

  1. La literatura sobrevive entre los cadáveres de sus propias reflexiones. No sé si la competencia con otros medios de comunicación la llevará al borde del abismo, pero el caso es que sigue ahí, a través de los siglos, a pesar de sí misma. Tal vez se pierda cuando aprendamos a vivir sin ella.
    Un abrazo

  2. La literatura sobrevive entre los cadáveres de sus propias reflexiones. No sé si la competencia con otros medios de comunicación la llevará al borde del abismo, pero el caso es que sigue ahí, a través de los siglos, a pesar de sí misma. Tal vez se pierda cuando aprendamos a vivir sin ella.
    Un abrazo

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