Jonathan Littell, la nueva última coca cola del desierto (y el desastre de serlo)

¿Qué hacer cuando te toca sobrevivir todo el yugo de haber escrito una obra que para muchos es un asunto de elogios, nada más? Jonathan Littel lo sabe muy bien y lo ha experimentado casi hasta con sangre.

En una reciente entrevista que se publicó en Babelia (que le ha merecido a Littel el calificativo de ‘escritor antimediático por parte de Martín Gómez en su blog), por la publicación en español de su novela ‘Las benévolas’, (comparada con la Guerra y La Paz, más que nada por la extensión: son 1200 páginas), Littel responde sin ganas y casi a la fuerza las preguntas que le hace Jesús Ruiz Mantilla, y es obvio, quien se enfrenta a todo el sistema de estrellato literario termina mordiendo el polvo y cansado de hacerlo:

PREGUNTA. Se le podría describir a usted como todo un renegado.
RESPUESTA. ¿Cómo dice?
P. Para entendernos, renegado puede ser algo aplicable a quien se niega a escribir en su lengua materna, por ejemplo.
R. Bueno, el francés es como si lo fuera también. Me eduqué allí.
P. Es bilingüe desde niño entonces.
R. Sí, sí.
P. Pero lo ha elegido como idioma de expresión literaria y eso ya es algo. ¿Por qué?
R. Quién sabe. Yo no lo puedo explicar más allá de porque me gusta. (…)

P. ¿Cuánto tiempo le llevó? Aunque es uno de esos libros que se escriben en la cabeza a lo largo de una vida.
R. En fin, me lo han preguntado 20 veces, así que lo sabrá.
P. Ya, pero cuéntelo.
R. Pues pasé muchos años meditándolo, y me llevó unos cinco años trabajar a fondo en él, incluyendo la investigación, la escritura, la corrección… La escritura en sí duró poco.
P. ¿Y no le parece que el resultado es demasiado?
R. ¿Qué?
P. Pues que se necesita a lo mejor menos de lo que ha escrito para dejar claro todo.
R. No lo entiendo.
P. Que el trabajo suyo a lo mejor apabulla.
R. No. ¿Por qué?
P. A veces parece excesivo.
R. Mire, es lo que tiene que ser… No sé.
P. Es cierto que cada libro tiene su propia medida, su cuerpo.
R. Bueno, yo me empeñé en conseguir lo que me propuse, que lo haya logrado es otra cuestión.
P. ¿Y qué quería conseguir? ¿Algo parecido a lo que se ha dicho, un Guerra y paz de nuestro tiempo?
R. No, no, no, qué va. Sólo responder a una pregunta sencilla que me planteaba. Y me llevó a algo demasiado largo para lograr una respuesta.
P. ¿Cuál era la pregunta, la gran pregunta que se planteó?
R. La naturaleza del crimen de Estado.
P. ¿La naturaleza del mal también?
R. Para mí, lo que es el mal no tiene tanta importancia, eso hay que dejarlo en manos de perspectivas religiosas. El mal es un resultado, no es algo trascendente, ni el bien tampoco. Son acciones que no remiten a estados ajenos al ser humano, dependen de la voluntad de las personas.
P. Seguramente, ha leído lo que Vargas Llosa dijo de su libro.
R. Eh, pues no recuerdo.
P. Dijo que era un libro impresionante pero que no dejaba resquicio de esperanza.
R. Ya, es que yo no creo en la esperanza. No tengo esperanza en nada. Si nos fijamos en el mundo, es todo un espanto. Ser una persona decente se pone difícil. En Occidente creíamos que habíamos encontrado un equilibrio, pero para el resto de la humanidad, la vida es una pesadilla.
P. ¿Y no hay solución, no ve solución?
R. Todos vamos a morir, ¿qué quiere que esperemos?
P. ¿No hay un hueco para la belleza?
R. Bueno, sí. La belleza está por todas partes.
P. Menos en su libro.
R. Hay muchísima belleza en mi libro (…)

P. Además ganó el Premio Goncourt…
R. Hice todo por evitarlo pero, por desgracia, sí, me lo dieron.
P. Pero no lo recogió.
R. No lo quería.
P. ¿Por qué? ¿Por qué rechaza un premio que tanta gente ambiciona?
R. No creo que los premios tengan que ver con la literatura. Tienen más que ver con la publicidad y el marketing, pero no con la literatura. No me gusta eso (…)

P. ¿En qué anda metido ahora?
R. Pues en nada. Apenas tengo tiempo para concentrarme en cosas serias con todo esto.
P. Pero, ¿escribe?
R. No.
P. ¿No quiere escribir otra novela?
R. Ya veremos. Me paso la vida en cosas que me vienen de este maldito libro, estoy harto.
P. ¿Maldito libro? ¿Ya lo odia?
R. No, haberlo escrito, no. Pero todo esto. Repetir esta entrevista 30 o 40 veces…
P. No da muchas.
R. Demasiadas para las que yo concedería. No le veo sentido a no ser que surjan cosas nuevas. Hay que hacerlo, es parte de su trabajo también, deben vender periódicos, es puro comercialismo, no tiene nada que ver con otra cosa. He hecho algunas entrevistas interesantes en las que han surgido algunos elementos nuevos y entonces valen.
P. ¿En ésta ha dicho algo nuevo?
R. No.
P. Pues añádalo.
R. No tengo más que añadir”.

Y yo tampoco, salvo que las lecciones a veces vienen en la forma del enojo y el coraje…

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12 comentarios en “Jonathan Littell, la nueva última coca cola del desierto (y el desastre de serlo)

  1. P. ¿No hay un hueco para la belleza?
    R. Bueno, sí. La belleza está por todas partes.
    P. Menos en su libro.
    R. Hay muchísima belleza en mi libro (…)

    Jajajaja…!!

  2. P. ¿No hay un hueco para la belleza?
    R. Bueno, sí. La belleza está por todas partes.
    P. Menos en su libro.
    R. Hay muchísima belleza en mi libro (…)

    Jajajaja…!!

  3. “Todos vamos a morir, ¿qué quiere que esperemos?”.

    Qué exquisitez cómo habla este man.

    Pana, ¿cómo es que yo no tenía ni idea de que habías vuelto a orbitar la bloggósfera? Me parece un regalazo para nuestras pupilas y neuronas, en ese orden.

    Un abrazo y espero vernos. No sé si pueda ir a Quito para el concierto de Serrat/Sabina. ¡Ojalá!

    Un fuerte abrazo,

    G.

  4. “Todos vamos a morir, ¿qué quiere que esperemos?”.

    Qué exquisitez cómo habla este man.

    Pana, ¿cómo es que yo no tenía ni idea de que habías vuelto a orbitar la bloggósfera? Me parece un regalazo para nuestras pupilas y neuronas, en ese orden.

    Un abrazo y espero vernos. No sé si pueda ir a Quito para el concierto de Serrat/Sabina. ¡Ojalá!

    Un fuerte abrazo,

    G.

  5. Eso es ser escritor: gente que ni le va ni le viene el hecho de ser “famoso”, que lo que la prensa diga o deje de decir sobre él y su obra no le desvela lo más mínimo (de igual forma lo que digan vedettes como Vargas Llosa), y que piensa que los premios literarios no sirven para nada, sino simples accesorios que la vida te pone como adorno, ayuda económica o herramienta de marketing para la casa editorial. Qué bien francesito! El mejor ejemplo de humildad pese a la “gloria”. La vida sigue.

  6. Eso es ser escritor: gente que ni le va ni le viene el hecho de ser “famoso”, que lo que la prensa diga o deje de decir sobre él y su obra no le desvela lo más mínimo (de igual forma lo que digan vedettes como Vargas Llosa), y que piensa que los premios literarios no sirven para nada, sino simples accesorios que la vida te pone como adorno, ayuda económica o herramienta de marketing para la casa editorial. Qué bien francesito! El mejor ejemplo de humildad pese a la “gloria”. La vida sigue.

  7. lo que consigue littell con su sincera postura, no tengo por qé dudad de ella, es precisamente que la prensa lo observe con mucha más atención todavía, pues quiera o no ya es un producto.
    lo valioso de su postura es que se atreve a decir cuál es su postura acerca de la literatura y con eso sale del rebaño.
    tengo que conseguir el libro a como de lugar.

  8. lo que consigue littell con su sincera postura, no tengo por qé dudad de ella, es precisamente que la prensa lo observe con mucha más atención todavía, pues quiera o no ya es un producto.
    lo valioso de su postura es que se atreve a decir cuál es su postura acerca de la literatura y con eso sale del rebaño.
    tengo que conseguir el libro a como de lugar.

  9. “pues quiera o no ya es un producto”, este tipo de expresiones me desmoralizan brutalmente

    ¿es eso cierto, o es una opinión?
    ¿se puede no ser un producto?
    ¿uno sale en la tele o en el diario y ya se vuelve un producto?

    algo tiene que estar mal en esa forma de ver las cosas

    edu, auxilio

    ah, y el tipo es fabuloso; ¿lo he yo también convertido en un producto? Espero que no…

    un abrazo

  10. “pues quiera o no ya es un producto”, este tipo de expresiones me desmoralizan brutalmente

    ¿es eso cierto, o es una opinión?
    ¿se puede no ser un producto?
    ¿uno sale en la tele o en el diario y ya se vuelve un producto?

    algo tiene que estar mal en esa forma de ver las cosas

    edu, auxilio

    ah, y el tipo es fabuloso; ¿lo he yo también convertido en un producto? Espero que no…

    un abrazo

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