Canciones imprescindibles: “I am the Cosmos”, de Chris Bell

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Chris Bell había aprendido a muy temprana edad a dar vueltas en los Ardent Studios, en Memphis, Tennessee, y a grabar a músicos. Sabía dónde conectar los cables, cómo aplastar rec y utilizar las consolas de 4 y 8 canales que tenía a su disposición. Y Chris Bell también componía, cantaba y estaba obsesionado con Los Beatles cuando decidió armar una banda que no tuvo éxito, pero con la que grabó al menos un disco que se sigue considerando como uno de los mejores de la historia. Big Star no fue un suceso en su momento (en los setentas), pero hizo lo suficiente como para que, una vez que la Rolling Stone y otros medios especializados dijeran una y otra vez que Big Star es la banda que vale la pena escuchar, la gente quisiera verla de nuevo en vivo… pero ya sin Bell. Porque Bell estaba muerto. Tenía 27 años y había conseguido lanzar un sencillo cuando un 27 de diciembre de 1978 regresaba de un ensayo y su auto se estrelló contra un poste de luz. Sobrevivió al impacto, pero el poste no se pudo mantener de pie por mucho tiempo y cayó sobre él.

A Bell le faltó suerte, más no talento. No tenía suficiente autoestima como para soportar que el disco que hiciera con tanto esfuerzo con Alex Chilton (su mancuerna en Big Star) no fuera exitoso. Tampoco pudo dejar de sentir que no valía la pena y comenzó a comportarse de manera errática en 1972, cuando dejó la banda: llegó incluso a borrar cintas máster del grupo en un momento de crisis. Big Star siguió sin él, desde luego. Él también siguió sin Big Star. Tocó con otros músicos, viajó a Europa, compuso más, grabó demos en varios estudios de Memphis -porque todo el mundo en Memphis lo quería. Quiso mantenerse de alguna manera. Encontró a Dios, se ancló en eso, trató de sobrevivir. Siguió viviendo. Para Chris Bell fue difícil sostenerse.

Y esa sensación de extrañeza y vulnerabilidad está presente en “I am the Cosmos”.

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I am the Cosmos (Chris Bell)

Every night I tell myself,
“I am the cosmos,
I am the wind”
But that don’t get you back again
Just when I was starting to feel okay
You’re on the phone
I never wanna be alone
Never wanna be alone
I hate to have to take you home
Wanted too much to say no, no,
Yeah, yeah, yeah
Yeah, yeah, yeah

Never wanna be alone
I hate to have to take you home
Want you too much to say no, no
Yeah, yeah, yeah
Yeah, yeah, yeah

My feeling’s always happening
Something I couldn’t hide
I can’t confide
Don’t know what’s going on inside
So every night I tell myself
“I am the cosmos,
I am the wind”
But that don’t get you back again

I’d really like to see you again
I really wanna see you again
I’d really like to see you again
I really wanna see you again
I’d really like to see you again
I really wanna see you again
I never wanna see you again
Really wanna see you again

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Yo soy el Cosmos

Todas las noches me digo:
“Yo soy el Cosmos,
Yo soy el viento”.
Pero no por eso vas a volver.
Justo cuando empezaba a sentirme bien
estás hablando por teléfono.
No quiero estar solo,
Nunca quiero estar solo.
Odio tener que llevarte a casa.
Realmente quise decir no, no
Yeah, yeah, yeah
Yeah, yeah, yeah

Nunca quiero estar solo
Odio tener que llevarte a casa
Te deseo tanto como para decir no, no
Yeah, yeah, yeah
Yeah, yeah, yeah

Mis sentimientos siempre están sucediendo
es algo que no podía esconder
No puedo confiar
No sé qué está pasando adentro.
Así que cada noche me digo a mí mismo
“Yo soy el Cosmos,
yo soy el viento”.
Pero no por eso vas a volver.

Realmente me gustaría verte de nuevo
Realmente quiero volver a verte
Realmente me gustaría verte de nuevo
Realmente quiero volver a verte
Realmente me gustaría verte de nuevo
Realmente quiero volver a verte.

En la desesperación, siempre el otro es esperanza.

La melancolía derrapa en esta canción, se mueve en cada uno de sus compases y es capaz de tener picos de puro pop, cuando esos “yeah, yeah, yeah” suenan de la manera más lastimera posible. “I am the Cosmos” es una canción dolorosa. La voz dice que es parte de todo, que abraza todo, pero algo falta y no puede estar bien. Esta es una canción sobre la incapacidad de ser consecuente, quizás porque el autoengaño es necesario para estar bien, a pesar de saber que no se está bien. Y es un pedido de ayuda, de aceptar que lo único posible es estar al lado de la persona precisa que ignora el llamado (“Justo cuando empezaba a sentirme bien / estás hablando por teléfono”).

En “I am the Cosmos” no hay comunicación, no hay destinatario. Es la paradoja de ser lo más grande y a la vez saber que no lo eres. No lo quieres así y te resignas a entenderlo. Es mentirse a uno mismo y reconocer que algo no funciona (No puedo confiar / No sé qué está pasando adentro).

Pero, a pesar de todo, la canción es un triunfo en medio del hielo quebradizo. El título y el sentido de grandiosidad recorren un sendero musical maravilloso: Bell es tan preciso en lo que hace que permite que el bajo y la batería entren en el mejor momento para hacerlo. Además repite versos cambiando los acordes y eso le aporta saltos de un tono a otro. La desesperanza sonora se vuelve un flirteo inocente y ese juego mantiene todo el tema. Hasta que repetimos el inicio y el fade out marca el cierre, cuando parece que la voz repite la melodía hasta el infinito. “I am the Cosmos” es una canción con el final abierto, una canción sin fin.

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Bell tocó las guitarras en esta canción. El solo de guitarra, de una belleza capaz de hacerte derramar lágrimas, es quizás lo más cercano a lo que George Harrison hizo con “Something”. Probablemente sea más bello que el de Harrison. Sí, herejía, porque el nivel sonoro la canción no es perfecto (y eso que el gran Geoff Emerick hizo la mezcla en los estudios Air, en Londres). La batería suena distante y el bajo copa los tonos graves en un intento por equilibrar frecuencias.

No importa si no es la mejor mezcla. Lo que hace imprescindible a este tema es que como ejemplo de composición pasa todos los análisis y como gesto de resistencia, Bell se hace presente, y nos dice que a pesar de él podía estar en sintonía y que los dioses de las canciones hermosas le seguían sonriendo.

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Y quiero pensar que hasta el final sintió esa sonrisa.

El tema ha sido versionado por varios artistas, como Beck y Wilco, The Posies y hasta Scarlett Johansson, junto a Peter Yorn. Acá pueden escuchar varias de esas interpretaciones.

“Her”: el árbol del bien y del mal… y la pareja perfecta

cine, Reseñas

“Separarse de la especie por algo superior/ no es soberbia, es amor”
Gustavo y Benito Cerati

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Spike Jonze intenta, por primera vez en su carrera, una película que aparece con la etiqueta de “escrita y dirigida por” (y sin basarse en un libro o en la historia de alguien más). Y el resultado es algo que empieza a crecer de a poco en uno, porque si bien entiendes a la mitad de la película cuál es el único final posible (los corazones rotos dan una mejor resolución, sin duda), quieres seguir con lo que Jonze nos está contando porque la atmósfera es perfecta y porque quieres, una vez más, conocer las consecuencias directas de ciertas decisiones que nos parecen cercanas. Eso es lo que hace de “Her” una película que se queda contigo, porque nos podemos identificar con esa sensación de soledad y ese deseo de pertenencia que mueve a Theodore (un cada vez más lúcido Joaquin Phoenix) y que es la base del filme.

Theodore lleva separado un año de su esposa Catherine (Rooney Mara), su amor de juventud, y en medio de esa depresión y en esa continuidad de vida en la que sigue con su trabajo (escritor de cartas personales para un servicio web), sigue viendo a sus amigos, sigue jugando sus juegos de vídeo, sigue visitando chats de sexo y no quiere firmar el divorcio. Simplemente no está listo para seguir adelante y avanza por obra y gracia de la inercia. Pero él encuentra un nuevo sistema operativo que con voz de mujer consigue complacer todos sus deseos a la perfección. Y Theodore se siente amado por Samantha (la voz de Scarlett Johansson) y siente que ella se interesa por él y siente que puede compartirlo todo con ella.

Y conforme avanza el filme, Theodore experimenta todo lo demás que involucra una relación: duda, agonía, cercanía, celos, necesidad, engaño, cansancio, amor y más amor.

Jonze hace una película de ciencia-ficción que acaricia constantemente el género en medio de una historia de romance y de crecimiento personal. En realidad el conflicto central de “Her” es el tema de las parejas que no crecen de la misma manera o de las personas que no experimentan las mismas condiciones y terminan transitando caminos distintos. Es algo que siempre hemos sabido, ya sea por experiencia propia o porque le ha pasado a alguien cercano. Jonze establece la diferencia primaria no solo porque una de las personas de esta relación es solo un sistema operativo (independiente, capaz de elaborar sus propios deseos y argumentos, la más avanzada de las inteligencias artificiales, que aprende y crece en función de su experiencia con humanos), lo cual nos habla de que esta relación no se consumará carnalmente; sino porque la otra sigue dando vueltas en el mismo sitio de vulnerabilidad y, en el fondo, lo que vemos es la pareja que surge en esta dinámica.

Spike Jonze nos cuenta una historia de amor que deja de lado todo tipo de cursilería a la que nos tiene acostumbrados el cine. Agarra a “Lars y la mujer real” y la pone en una licuadora con cualquier historia de Asimov y con Siri. Spike Jonze nos habla de lo vulnerable que es el ser humano en una relación cuando se está recomponiendo, con una puesta en escena de un futuro de tonos pasteles, (como si los años 50 se hubieran cruzado con el minimalismo y su hijo se quedara congelado en el tiempo), inofensivo, pasado por un filtro de Instagram, en medio de tecnología avanzada. Spike Jonze no hace un despliegue de grandes secuencias de acción (incluso es capaz de romper lo corpóreo en una escenas de sexo que resulta maravillosa, ya lo verán). Jonze sabe que esta fuerza tecnológica es superior, y nos habla de que al final del día la tecnología sobrepasará al humano y sabrá qué está bien y qué está mal; pero a diferencia del relato bíblico, que nos coloca y condena de entrada, Jonze se va por otro camino: ese camino que separa a los dioses de las creaciones, para generar algo nuevo.

Y todo pasa por el amor, por lo que se entiende por amor y de lo que se es capaz de resistir y hacer por amor.

“Her”
Director: Spike Jonze
Guión: Spike Jonze
Elenco: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde
Annapurma Pictures, Warner Bros. Pictures, Entertainment Film
USA
2013

Mujeres al borde de un ataque de nervios… en el extranjero

Sin categoría
Aún no sé qué pensar del todo de “Vicky Cristina Barcelona”, me parece una buena película y a la vez una de las más flojas que haya hecho Woody Allen. Incluso estuve tentado en cerrar los ojos y dormir porque había algo que no me cuadraba. Pero al mismo tiempo es un buen filme. Entonces, ¿cómo explicar esa paradoja? Pues de la siguiente manera: La locura femenina no necesita de miradas de extranjeros…

En sí, “Vicky…” es una película sobre los procesos, sobre los viajes y las transformaciones y a la vez sobre las patolologías de las mujeres y las relaciones que intentan. El hombre, en el filme, es el objeto del deseo y en este caso es el turno de Javier Bardem (una de las razones por las que esta película es muy buena), interpretando a un contenido y aparentemente bueno Juan Antonio González, un pintor que ha sobrevivido un divorcio duro y hasta violento con María Elena (la razón principal de por qué la película es excelente, o en otras palabras, el flotador del filme). Y la idea está desarrollada a partir de los triángulos amorosos, de su conformación, de las consecuencias que algo con final puede provocar. Vicky (Rebecca Hall, quien casi no es nombrada en ninguna reseña, pero con un trabajo mejor que el de su compatriota) y Cristina (Scarlett Johansson) llegan a Barcelona por escape y por vacaciones, una quiere recopilar datos para su tesis, la otra simplemente sobrevivir un tragedia amorosa. Vicky está a punto de casarse con Doug, que se queda en Estados Unidos y con quien no deja de hablarse por teléfono. En medio de una exposición son abordadas por Juan Antonio, quien les propone irse los tres a Oviedo y pasar ahí el fin de semana. De ahí en adelante, Woody Allen (con clásico elemento en varios de sus filmes, como es el narrador que va locutando lo que vemos -que en Zelig está por demás justificado) intenta una historia contemporánea, quizás como nadie haya podido analizar las relaciones humanas actuales, y flaquea en muchos instantes, sobre todo con los cierres de las historias que se van a abriendo y que se vuelven predecibles. El gran problema de “Vicky Cristina Barcelona” es que ya sabemos, con solo verla una hora, lo que puede pasar.

Probablemente esa sea la intención de Allen, no lo sabemos. El asunto es que de no ser por la aparición de Penélope Cruz en el filme (especialmente sus últimos 10 minutos en pantalla, que son impactantes) el filme caería en una serie de situaciones que se van diluyendo, en esta especie de película coral que no logra sostener todas las inquietudes. Personajes que desaparecen y que tienes que abrir bien los ojos para saber qué ha pasado y ¡puf!, vuelven a aparecer de la nada. Necesidades de afecto, de tacto, de estar con otro y la reflexión sobre el deseo y lo necesario son parte del filme, que en un momento llega a suponer que algo pasa (tampoco hay que ser exagerado, porque algo sí que sucede) y que debemos interpretar como si el cierre lo ha dado cada personaje. La última toma es impactante, pero ¿por qué sucede? Quizás hay algo que no se nos ha contado de los personajes… quizás Allen da por hecho que todo está sobreentendido. “Vicky Cistina Barcelona” es un road movie al revés: los personajes no cambian, no pueden hacerlo….

A pesar de todo esto, la relación de amor-odio que tengo con “Vicky Cristina Barcelona”, la película se sostiene y se puede ver como ese alegato en contra de las relaciones enfermizas y lo desgastantes que pueden ser, por lo general. Y si bien Woody intentara presentar Barcelona como lo hace con Manhattan, pues no lo consigue y eso es lo más triste… de seguro el financiamiento tuvo que ver. “Vicky…” se centra en dos turistas que van a España y lo que vemos es eso, turismo, y el lugar deja de ser un personaje más. No sé, con “Match Point” no me pasó así…. Probablemente Woody está envejeciendo o no tengo la sensibilidad que se requiere para ver sus nuevos trabajos, pero esta vez sabía que estaba viendo un buen filme, pero algo tuvo que no me convenció del todo.

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Aún no sé qué pensar del todo de “Vicky Cristina Barcelona”, me parece una buena película y a la vez una de las más flojas que haya hecho Woody Allen. Incluso estuve tentado en cerrar los ojos y dormir porque había algo que no me cuadraba. Pero al mismo tiempo es un buen filme. Entonces, ¿cómo explicar esa paradoja? Pues de la siguiente manera: La locura femenina no necesita de miradas de extranjeros…

En sí, “Vicky…” es una película sobre los procesos, sobre los viajes y las transformaciones y a la vez sobre las patolologías de las mujeres y las relaciones que intentan. El hombre, en el filme, es el objeto del deseo y en este caso es el turno de Javier Bardem (una de las razones por las que esta película es muy buena), interpretando a un contenido y aparentemente bueno Juan Antonio González, un pintor que ha sobrevivido un divorcio duro y hasta violento con María Elena (la razón principal de por qué la película es excelente, o en otras palabras, el flotador del filme). Y la idea está desarrollada a partir de los triángulos amorosos, de su conformación, de las consecuencias que algo con final puede provocar. Vicky (Rebecca Hall, quien casi no es nombrada en ninguna reseña, pero con un trabajo mejor que el de su compatriota) y Cristina (Scarlett Johansson) llegan a Barcelona por escape y por vacaciones, una quiere recopilar datos para su tesis, la otra simplemente sobrevivir un tragedia amorosa. Vicky está a punto de casarse con Doug, que se queda en Estados Unidos y con quien no deja de hablarse por teléfono. En medio de una exposición son abordadas por Juan Antonio, quien les propone irse los tres a Oviedo y pasar ahí el fin de semana. De ahí en adelante, Woody Allen (con clásico elemento en varios de sus filmes, como es el narrador que va locutando lo que vemos -que en Zelig está por demás justificado) intenta una historia contemporánea, quizás como nadie haya podido analizar las relaciones humanas actuales, y flaquea en muchos instantes, sobre todo con los cierres de las historias que se van a abriendo y que se vuelven predecibles. El gran problema de “Vicky Cristina Barcelona” es que ya sabemos, con solo verla una hora, lo que puede pasar.

Probablemente esa sea la intención de Allen, no lo sabemos. El asunto es que de no ser por la aparición de Penélope Cruz en el filme (especialmente sus últimos 10 minutos en pantalla, que son impactantes) el filme caería en una serie de situaciones que se van diluyendo, en esta especie de película coral que no logra sostener todas las inquietudes. Personajes que desaparecen y que tienes que abrir bien los ojos para saber qué ha pasado y ¡puf!, vuelven a aparecer de la nada. Necesidades de afecto, de tacto, de estar con otro y la reflexión sobre el deseo y lo necesario son parte del filme, que en un momento llega a suponer que algo pasa (tampoco hay que ser exagerado, porque algo sí que sucede) y que debemos interpretar como si el cierre lo ha dado cada personaje. La última toma es impactante, pero ¿por qué sucede? Quizás hay algo que no se nos ha contado de los personajes… quizás Allen da por hecho que todo está sobreentendido. “Vicky Cistina Barcelona” es un road movie al revés: los personajes no cambian, no pueden hacerlo….

A pesar de todo esto, la relación de amor-odio que tengo con “Vicky Cristina Barcelona”, la película se sostiene y se puede ver como ese alegato en contra de las relaciones enfermizas y lo desgastantes que pueden ser, por lo general. Y si bien Woody intentara presentar Barcelona como lo hace con Manhattan, pues no lo consigue y eso es lo más triste… de seguro el financiamiento tuvo que ver. “Vicky…” se centra en dos turistas que van a España y lo que vemos es eso, turismo, y el lugar deja de ser un personaje más. No sé, con “Match Point” no me pasó así…. Probablemente Woody está envejeciendo o no tengo la sensibilidad que se requiere para ver sus nuevos trabajos, pero esta vez sabía que estaba viendo un buen filme, pero algo tuvo que no me convenció del todo.