El rigor en la opinión periodística y el problema del reflejo

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Captura de pantalla de entrada en portal en 4pelagatos

Por estos días, el portal 4pelagatos se mueve en dos niveles de lectura interesantes, que quizás nos revelan la posición en la que estamos intelectualmente en este país. El primero, el abuso: el gobierno ha decidido irse contra ellos, aduciendo que el uso de imágenes de la cuenta de Flickr de la Presidencia de la República, sin permiso del mismo gobierno, significa violentar los derechos reservados de esas imágenes y eso es absurdo. El segundo: la reacción del portal, necesaria, pero exagerada, que deja de lado lo que el periodismo de opinión debería considerar como básico para su existencia, e intenta sentar las bases conceptuales para una posible demanda de peculado, al establecer una relación directamente proporcional entre la arremetida del gobierno y la idea del robo de imágenes que, bajo cualquier criterio, son públicas; son pagadas con el dinero del Estado, que es dinero de todos.

Debo aclarar algo antes de continuar: nada de lo que sea pagado con el dinero público puede considerarse privado. Punto.

En esta época en la que las grandes empresas quieren defender su “derecho” a la propiedad privada como un mecanismo de poder (solo basta pensar en las farmacéuticas), defender este “derecho” con la idea de callar a detractores es simplemente de desgraciados.

No, corrijo. Eso es de gente deshonesta. Si algo nos va a quedar luego del correísmo, como una resaca larga y difícil de abandonar, va a ser la deshonestidad intelectual a la que hemos estado sometidos en estos casi 10 años. Ecuador es hoy el país en el que si yo tengo una especie de poder (sea cual sea) podré hacer con él lo que me dé la gana, no por un buen argumento o porque la ley me lo permite, sino porque puedo, porque tengo el poder. El Gobierno lo hace con 4pelagatos y la respuesta es casi un reflejo.

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Captura de pantalla de texto de Cristina Vera Mendiu en GkillCity

Cristina Vera Mendiu escribe sobre este tema en el portal GkillCity. Su texto “El verbo se hizo gato” da en el clavo en muchos aspectos. Más allá de invitarlos a leerlo (deben hacerlo), me quedo con algunas ideas que reproduzco a continuación:

“La medida del gobierno sobre sus fotos es absurda al punto de que basta un ejemplo sencillo para demostrarlo: un niño de escuela haciendo su tarea no podría utilizarlas, salvo que reciba una autorización expresa y escrita de la Secom. Ese es el punto del despropósito, pero de nuevo ¿es eso un robo?”

“Ya está clarito que al gobierno del Ecuador es más fácil provocarlo que a un adolescente pendenciero, pero la pregunta es ¿a qué costo? Que está mal, está mal: es una privatización discrecional de bienes públicos en un gobierno que ha tenido la osadía y la contradicción de marcar constitucionalmente a la información como un bien público pero, en Flickr, declararlo privadísimo. No es un robo. Es una cosa más grave: una declaración de incoherencias, una clarísima muestra de una falta de conceptos, un retrato de la acomodaticia naturaleza que el poder prolongado provoca hasta en aquellos que alguna vez se creyeron intelectuales. Pero los periodistas, si quieren ser serios, no pueden caer en eso. No puede ser un juego de dar y recibir de inmediato, de dos barrabravas enfrentados. Se trata de convertir la riña callejera en una discusión de argumentos, no de desabotonarse la camisa para entrar a darnos de golpes, todos”.

Concuerdo con Vera cuando se refiere a la necesidad de tener un espacio como 4pelagatos. Lo leo a diario, de cierta forma disfruto de su lectura. Pero lo encuentro en el medio de la vorágine que ha determinado Rafael Correa: ya no solo el presidente impone agenda periodística, ahora impone “luchas”, medios, posturas editoriales y el periodismo se presta para eso.

4pelagatos está en el terreno de generar opinión pública y, sobre todo, de evidenciar una nueva intelectualidad capaz de contraponerse a la intelectualidad correísta. Lo hace a través del periodismo de opinión como género principal y en muchas ocasiones, para los lectores, la opinión se puede confundir con el “hecho”, y esto exige una gran responsabilidad para quien la escribe. Más allá de esto, estamos en un momento político en que los argumentos contrapuestos, capaces de generar una discusión real, se estrellan con la tercera ley de Newton que nos reduce a acción y reacción. Y hoy en día, cuando la física clásica nos ha quedado corta para explicar cosas mucho más pequeñas, subatómicas, parece que seguimos en la dinámica de sobrerreaccionar como si no tuviéramos más remedio. Estamos en el terreno más básico de la relación entre unos y otros.

El rigor periodístico no solo está en la defensa de una postura desde la opinión. Está en el uso preciso de los hechos, en su interpretación más honesta, en opinar de manera argumentada. La perspectiva que está manejando el portal 4pelagatos parte de algo justo, pero se desdibuja rápidamente. En una época en que la autoridad rompe el orden, la normativa y la lógica de las ideas todo el tiempo, tener un poco de estructura puede ser el gran ejercicio de resistencia posible. El periodismo de opinión vence si no entra en ese juego del poder; así se distancia de ese poder y lo revela como realmente es: pequeño. Por eso, el gobierno no se roba las fotos, el gobierno hace lo que le da la gana con lo que maneja por el hecho de estar en el poder. Eso es deshonesto.

4pelagatos es un espacio creado por tres de los mejores profesionales de periodismo que hemos tenido en el país, que disfruto leer y que considero maestros del oficio, en géneros como crónica, entrevista y opinión. Ese portal se fortalecería si deja de lado la exageración, porque la justicia no se gana jugando el mismo juego del verdugo. Se gana haciendo mejor lo que uno sabe hacer, y José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar saben hacer periodismo de gran manera. Ese es el terreno en el que van a ganar siempre.

Otra vez, Idrovo

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Supongo que no se puede decir mucho. A veces la imagen pública del artista o lo que hace en la vía pública no es más que un ejercicio de destrucción de su propia obra. Así pasa y así es. Hugo Idrovo es nuestra prueba más cercana. Ayer, como respuesta a una carta/artículo de Roberto Aguilar (publicado en 4pelagatos), Idrovo se sintió en la obligación de responder algo que, quizás, no necesitaba respuesta.

Pese a lo duro que puede ser Aguilar en su texto (en su mayoría, de una lucidez a prueba de cualquier réplica), hay cosas deben tomarse como lo que son: lecturas, opiniones y reacciones a lo que yo, públicamente, he dicho. La consecuencia que no soporta Idrovo al hacer pública su filiación, al poner su obra como escudo, es esta.

Hay algo lamentable, de lado y lado, pues por cada texto de un Aguilar (con la altura intelectual necesaria para una discusión colectiva), vamos a tener 10 mil comentarios penosos como los que podemos encontrar en ese post y en otro, en el que se incluye la lamentable respuesta de Idrovo. Así como hay decenas y decenas de opiniones en redes sociales y en la web sobre lo que hizo el autor de “Venenoso batracio”, el mismo cantante no es capaz de contenerse. Esa es la medida del ecuatoriano de ahora.

Aquí, bajo su propio riesgo, lean la carta de Aguilar y la respuesta de alguien que para salir de la arena movediza decide moverse y moverse, para hundirse más. Me da pena ser testigo de algo así.

Los indígenas que le dan iras a Alfredo Vera

Reflexiones sobre política
Imagen tomada de la cuenta de flickr de la presidencia de Ecuador

Imagen tomada de la cuenta de flickr de la presidencia de Ecuador

Alfredo Vera Arrata merece todo el respeto por su edad y quizás él debería ser consciente de que hay cosas que, a su edad, no se deberían hacer, no por un tema de “productividad” —esa idea atroz alrededor que se caga en la dignidad humana— sino por cierta anacronía. Darnos cuenta cuando no estamos en consonancia con el tiempo que vivimos es una responsabilidad mientras crecemos.

Alfredo Vera no está aquí, ni ahora.

Aunque ahora que lo pienso, muchos afectos al gobierno no lo están desde hace mucho tiempo.

AlfredoVeraTelégrafo

Y en su artículo de hoy, publicado en diario El Telégrafo —cada vez me cuesta más pensar que ahí sucede periodismo. Es una pena—, evidencia todo ese sesgo de antaño, de una burguesía de izquierda que no se diferencia mucho de la de derecha —salvo por ciertas lecturas que no han surtido efecto en ella— y que no ha podido darse cuenta que para lo único que ha servido es para generar aquello que tanto reniegan: una burguesía de derecha. Vera Arrata se mantiene en la posición de que esta crisis de gobernabilidad alrededor de Correa busca echarlo del poder. Y para eso, continúa con la idea del golpe blando, que estaría pasando ahora porque todo lo que sucede, incluso la idea de protestar en las calles, es parte de este intento por desestabilizar todo.

Porque en el país que se centra en Correa no hay manera de ver el descontento de otra forma. Si no te gusta Correa, eres golpista.

—Intermedio—

Hablando de protestas, hoy Roberto Aguilar publica un texto en su blog en el que critica la violencia en la manifestación del 13 de agosto, en Quito. Da en el clavo, Aguilar. ¿Lo triste? La obviedad de su pedido de compromiso por no permitir violencia, que debió ser explícito al principio y debería seguir en adelante. Ya ni siquiera pensamos en esos absolutos de no dañar nada ni a nadie. Este es el país en el que estamos. Logro de Correa.

—Fin de intermedio—

Alfredo Vera habla desde el pedestal de una razón añeja, quizás podrida. Escribe: “El fracaso del paro nacional indefinido del 13 de agosto fue contundente y sin atenuantes, pero no hay que proclamar la victoria: ellos, los golpistas, son como los ofidios, pues las culebras no mueren con facilidad y mientras ellos tengan sus poderosas chequeras y la orientación gringa, siguen vivitos y coleando“.

Los epítetos hablan de dónde está parado el exministro.

Luego —con los hechos de su lado, porque lo que pasó el jueves anterior sí fue una canallada— critica la violencia de la marcha y es capaz de definir con desdén cierta representatividad de líderes indígenas por considerarlos “mestizos”. Sí, para el señor Alfredo Vera hay una sola posibilidad alrededor de la protesta u organización indígena, se debe ser indígena en función de sus criterios y no de dinámicas culturales y vitales que no podrían ponerse en duda. Para él eso no interesa, y su perspectiva queda clara en su cierre, donde haciendo referencia a otro gobierno del que fue parte, reduce cualquier acción de protesta al gesto de “morder la mano de quien los ha ayudado” porque al parecer, en este país, reclamar es un acto de injusticia hacia los buenos gobernantes. Peor si quienes reclaman son indígenas.

Sí, burguesía de izquierda que no tiene idea de dónde está parada.

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No está solo Vera. Ante lo que le pasó a Salvador Quishpe en la marcha del 13 de agosto, y ante la gran cantidad de memes que aparecieron con su rostro lleno de hollín, en los que —mayoritariamente— se hacía referencia a su condición de indígena, queda claro dónde está localizado el sentido común del ecuatoriano.