Correa vs milicos: nuestro fracaso

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Imagen tomada de Infobae

La jueza Vanessa Wolf  acaba de darle la razón al presidente Rafael Correa en un tema que lo pone en confrontación directa con los militares. Y la decisión legal que ella tomó hoy se convierte en un elemento más para considerar, en una pugna que viene de mucho antes y que ha tenido su punto de tensión más importante en estas semanas gracias a una decisión de un Consejo de Disciplina Militar que, a breves rasgos, ha definido que un presidente no es competente para pedir una sanción a un oficial por no ser él mismo un miembro activo de las fuerzas armadas.

Y hay muy pocas voces que han cuestionado esta parte de la sentencia de este Consejo. Pocas.

En esta esquizofrénica realidad nacional solo importa estar a favor o en contra de Correa. No hay puntos medios. Y en ese ejercicio de extremos, los conceptos se pueden estirar, hasta que se difumine la lógica y se pierda el tiempo en golpes de efecto o en el nuevo hecho de coyuntura por el cual se puede atacar o defender al presidente.

La resolución del Consejo de Disciplina Militar, en el caso de la denuncia presentada por el Ministro de Defensa en contra del capitán de la marina Edwin Ortega —por haberle respondido un mail a Correa en términos que la autoridad política ha considerado “un insulto”… posición presidencial criticable que revela una constante en el ejercicio de poder en estos casi 10 años— deja en claro que hay algo extraño pasando por la cabeza de los milicos, pues es una locura considerar que un presidente —al no ser “militar activo”— no es competente para pedir una sanción a un oficial de las fuerzas armadas.

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Capitán Edwin Ortega. Imagem tomada de El Universo

Y muy poca gente lo está viendo así. Muy poca gente. Como se trata de echar a Correa, hay que recurrir a lo que sea.

Cristina Vera, en un texto en GkillCity, es una de las personas que trata de verlo de otra forma: “Tomar el lado de las Fuerzas Armadas en la pugna de poder que mantienen con el correísmo es recurrir a las peores armas que hay en una democracia (…) ciertos opositores han preferido plantear la disputa entre Correa y sus subalternos castrenses como una pelea entre iguales, cuando no lo es. En primer lugar, las Fuerzas Armadas tienen un rol de excepción en el país porque, de acuerdo a una convención social plasmada en la Constitución, les hemos entregado voluntariamente armas que al resto de ecuatorianos les está proscrito poseer. La contraprestación a ese privilegio tiene dos premisas claras: estás bajo nuestra autoridad y no las uses en contra nuestra, solo contra potenciales enemigos (por eso es tan peligroso que los militares patrullen las calles). En esa primera parte del acuerdo no creen nuestros militares. Ellos se creen una sociedad paralela a la ecuatoriana: más gloriosa, más honorable y disciplinada que la sociedad civil“.

Al parecer no existe capacidad de ver las cosas en su real dimensión. Eso es lamentable; si bien es cierto que esta cuerda tensa entre Correa y los militares existe por un mal manejo de relaciones y por un ejercicio de imposición más allá del diálogo —que tiene como punto de quiebre reciente el deseo de acabar con ciertas ventajas de la seguridad social alrededor de las cesantías y jubilaciones que reciben los militares al retirarse que, justo o no, es completamente extemporáneo—, tomar partido por los militares hace que todo roce la ridiculez.

La Constitución, en su artículo 147 —que habla de las atribuciones y deberes del presidente—numeral 16, es muy clara. Entre las facultades que tiene el mandatario está: “Ejercer la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional y designar a los integrantes del alto mando militar y policial”. Repito: “Ejercer la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas“. En un artículo de opinión de Martín Pallares, titulado “Correa pretende ser Jefe del Comando Conjunto”, se lee al inicio: “Rafael Correa pretende que una jueza de lo civil en Guayaquil interprete la Constitución y establezca que él es la máxima autoridad militar, ya no solo política como establece la Constitución, de las FFAA. Correa quiere colocarse por encima incluso del Jefe del Comando Conjunto en todos los temas militares, incluso en aquellos que reglamentariamente atañen únicamente a los militares activos“. Pallares —ya colocado en nuestro imaginario como opositor de Correa— lee la Constitución como quiere y se coloca a favor de la resolución absurda del Consejo de Disciplina Militar, sobre todo porque el presidente interpuso hace unos días una demanda de protección contra esa decisión, que hoy se ha fallado y que borra todo lo actuado por el órgano militar.

Quizás la diferencia esté, para algunos, en que “ejercer” no es lo mismo que “ser”. De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua, el verbo “ejercer” tiene cuatro acepciones; en este caso, dos de ellas calzan a la perfección: “Hacer uso de un derecho, capacidad o virtud” y “Poner en práctica formas de comportamiento atribuidas a una determinada condición”. Si el juego de interpretación legal en esta caso se vuelve en un ejercicio semántico, estamos condenando a Correa y a los presidentes que están por venir a que acepten que finalmente no son autoridad militar. También nos condenamos nosotros, la ciudadanía, que aceptamos que los milicos están por encima del poder civil constituido.

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Imagen tomada de El Universo

Existen otras diferencias conceptuales saltando en varios sitios. En una carta al director de El Comercio, un ciudadano con el nombre Jorge Cevallos, establece una distancia entre la idea del comandante en jefe y máxima autoridad de las fuerzas armadas —”El señor Correa es la máxima autoridad de la institución armada, no es su comandante en jefe como lo ha afirmado en múltiples ocasiones”, dice en el texto—. Además, Cevallos expresa que no debería considerarse gravísimo que “los consejos de disciplina le recuerden (al presidente) que no es un superior militar sino un civil”. Sí, “superior militar” antepuesto a la imagen de un civil. La historia y el mundo contemporáneo no se cansan de demostrarnos cómo terminan esas “distinciones”.

Hernán Pérez Loose, en su artículo de opinión en El Universo, trata de dimensionar cierto aspecto jurídico del giro actual de este tema. Explica el absurdo de que el presidente se asuma como sujeto de derechos, cuando no es la figura a usar: “Resulta asombroso que un jefe de Estado ignore que los titulares de los órganos del poder público no son sujetos de derechos, sino de potestades y deberes. A ese nivel de degradación jurídica hemos sido arrastrados en los últimos años (…)”. En el marco de batalla legal que atraviesa este caso, vale la pena tomar en cuenta esto. Sin embargo, Pérez Loose habla de que ahora, en medio de toda una cultura de oposición que —hay que decirlo— ha sido propiciada desde el mismo presidente, es el turno de conflicto con las fuerzas armadas. Y ahí, entre líneas, está el juego de poder que parece ser el único posible: ahora es el turno de este actor, como antes ha sido el turno de otro, de sufrir por acciones del gobierno.

Pero este actor no es un actor cualquiera. En este caso, tomar partido por este actor en particular es jugar al error. No se trata de estar a favor de Correa, tampoco. Es claro que no hay proceso judicial diáfano posible en este momento. Y no tiene sentido que un mail de respuesta sea tomado por un eternamente susceptible presidente como un insulto. Se trata de entender que hay un hecho más profundo, un concepto constitucional que es importante y que se está dejando de lado por conveniencia.

“Si la oposición insiste en recurrir a las peores armas —las boinas y los fusiles para hacer política— deberá estar preparada para caer a punta de esos mismos rifles. La democracia (sea quien sea que esté en el poder) no merece semejante sacrificio”, escribe Cristina Vera en su artículo.

Y es esta última frase que se está olvidando todo el mundo. Ese olvido voluntario es una prueba más de nuestro fracaso  como sociedad.

El rigor en la opinión periodística y el problema del reflejo

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Captura de pantalla de entrada en portal en 4pelagatos

Por estos días, el portal 4pelagatos se mueve en dos niveles de lectura interesantes, que quizás nos revelan la posición en la que estamos intelectualmente en este país. El primero, el abuso: el gobierno ha decidido irse contra ellos, aduciendo que el uso de imágenes de la cuenta de Flickr de la Presidencia de la República, sin permiso del mismo gobierno, significa violentar los derechos reservados de esas imágenes y eso es absurdo. El segundo: la reacción del portal, necesaria, pero exagerada, que deja de lado lo que el periodismo de opinión debería considerar como básico para su existencia, e intenta sentar las bases conceptuales para una posible demanda de peculado, al establecer una relación directamente proporcional entre la arremetida del gobierno y la idea del robo de imágenes que, bajo cualquier criterio, son públicas; son pagadas con el dinero del Estado, que es dinero de todos.

Debo aclarar algo antes de continuar: nada de lo que sea pagado con el dinero público puede considerarse privado. Punto.

En esta época en la que las grandes empresas quieren defender su “derecho” a la propiedad privada como un mecanismo de poder (solo basta pensar en las farmacéuticas), defender este “derecho” con la idea de callar a detractores es simplemente de desgraciados.

No, corrijo. Eso es de gente deshonesta. Si algo nos va a quedar luego del correísmo, como una resaca larga y difícil de abandonar, va a ser la deshonestidad intelectual a la que hemos estado sometidos en estos casi 10 años. Ecuador es hoy el país en el que si yo tengo una especie de poder (sea cual sea) podré hacer con él lo que me dé la gana, no por un buen argumento o porque la ley me lo permite, sino porque puedo, porque tengo el poder. El Gobierno lo hace con 4pelagatos y la respuesta es casi un reflejo.

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Captura de pantalla de texto de Cristina Vera Mendiu en GkillCity

Cristina Vera Mendiu escribe sobre este tema en el portal GkillCity. Su texto “El verbo se hizo gato” da en el clavo en muchos aspectos. Más allá de invitarlos a leerlo (deben hacerlo), me quedo con algunas ideas que reproduzco a continuación:

“La medida del gobierno sobre sus fotos es absurda al punto de que basta un ejemplo sencillo para demostrarlo: un niño de escuela haciendo su tarea no podría utilizarlas, salvo que reciba una autorización expresa y escrita de la Secom. Ese es el punto del despropósito, pero de nuevo ¿es eso un robo?”

“Ya está clarito que al gobierno del Ecuador es más fácil provocarlo que a un adolescente pendenciero, pero la pregunta es ¿a qué costo? Que está mal, está mal: es una privatización discrecional de bienes públicos en un gobierno que ha tenido la osadía y la contradicción de marcar constitucionalmente a la información como un bien público pero, en Flickr, declararlo privadísimo. No es un robo. Es una cosa más grave: una declaración de incoherencias, una clarísima muestra de una falta de conceptos, un retrato de la acomodaticia naturaleza que el poder prolongado provoca hasta en aquellos que alguna vez se creyeron intelectuales. Pero los periodistas, si quieren ser serios, no pueden caer en eso. No puede ser un juego de dar y recibir de inmediato, de dos barrabravas enfrentados. Se trata de convertir la riña callejera en una discusión de argumentos, no de desabotonarse la camisa para entrar a darnos de golpes, todos”.

Concuerdo con Vera cuando se refiere a la necesidad de tener un espacio como 4pelagatos. Lo leo a diario, de cierta forma disfruto de su lectura. Pero lo encuentro en el medio de la vorágine que ha determinado Rafael Correa: ya no solo el presidente impone agenda periodística, ahora impone “luchas”, medios, posturas editoriales y el periodismo se presta para eso.

4pelagatos está en el terreno de generar opinión pública y, sobre todo, de evidenciar una nueva intelectualidad capaz de contraponerse a la intelectualidad correísta. Lo hace a través del periodismo de opinión como género principal y en muchas ocasiones, para los lectores, la opinión se puede confundir con el “hecho”, y esto exige una gran responsabilidad para quien la escribe. Más allá de esto, estamos en un momento político en que los argumentos contrapuestos, capaces de generar una discusión real, se estrellan con la tercera ley de Newton que nos reduce a acción y reacción. Y hoy en día, cuando la física clásica nos ha quedado corta para explicar cosas mucho más pequeñas, subatómicas, parece que seguimos en la dinámica de sobrerreaccionar como si no tuviéramos más remedio. Estamos en el terreno más básico de la relación entre unos y otros.

El rigor periodístico no solo está en la defensa de una postura desde la opinión. Está en el uso preciso de los hechos, en su interpretación más honesta, en opinar de manera argumentada. La perspectiva que está manejando el portal 4pelagatos parte de algo justo, pero se desdibuja rápidamente. En una época en que la autoridad rompe el orden, la normativa y la lógica de las ideas todo el tiempo, tener un poco de estructura puede ser el gran ejercicio de resistencia posible. El periodismo de opinión vence si no entra en ese juego del poder; así se distancia de ese poder y lo revela como realmente es: pequeño. Por eso, el gobierno no se roba las fotos, el gobierno hace lo que le da la gana con lo que maneja por el hecho de estar en el poder. Eso es deshonesto.

4pelagatos es un espacio creado por tres de los mejores profesionales de periodismo que hemos tenido en el país, que disfruto leer y que considero maestros del oficio, en géneros como crónica, entrevista y opinión. Ese portal se fortalecería si deja de lado la exageración, porque la justicia no se gana jugando el mismo juego del verdugo. Se gana haciendo mejor lo que uno sabe hacer, y José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar saben hacer periodismo de gran manera. Ese es el terreno en el que van a ganar siempre.

Habla José Andrade (entrevista en Gkillcity)

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En medio del drama alrededor de Yachay y todo lo que ha significado la salida de Fernando Albericio como rector de la Universidad, queda solo la comunicación. Y esta entrevista que publica hoy José María León en GkillCity al rector encargado, José Andrade, es precisa y vale la pena leerla para cerrar o abrir más expectativas sobre esta institución. Andrade dice, entre otras cosas: “En efecto, podemos comunicarnos mejor. Y esta crisis comunicacional nos ha enseñado eso, que tenemos que comunicar más lo que hacemos y lo que somos. No es lo que uno hace tradicionalmente en un proyecto académico, uno espera que sus resultados hablen por sí solos pero —en el lugar en que estamos— debemos hacer más por transmitir. Al mismo tiempo, hay que entender que este proyecto tiene apenas quince meses. En la escala académica es un bebé, y parece que le piden resultados de un adulto de cuarenta años. Eso no es posible”. Y quizás todo se resume en eso.

Hagan clic aquí para leer toda la entrevista.