Correa vs milicos: nuestro fracaso

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Imagen tomada de Infobae

La jueza Vanessa Wolf  acaba de darle la razón al presidente Rafael Correa en un tema que lo pone en confrontación directa con los militares. Y la decisión legal que ella tomó hoy se convierte en un elemento más para considerar, en una pugna que viene de mucho antes y que ha tenido su punto de tensión más importante en estas semanas gracias a una decisión de un Consejo de Disciplina Militar que, a breves rasgos, ha definido que un presidente no es competente para pedir una sanción a un oficial por no ser él mismo un miembro activo de las fuerzas armadas.

Y hay muy pocas voces que han cuestionado esta parte de la sentencia de este Consejo. Pocas.

En esta esquizofrénica realidad nacional solo importa estar a favor o en contra de Correa. No hay puntos medios. Y en ese ejercicio de extremos, los conceptos se pueden estirar, hasta que se difumine la lógica y se pierda el tiempo en golpes de efecto o en el nuevo hecho de coyuntura por el cual se puede atacar o defender al presidente.

La resolución del Consejo de Disciplina Militar, en el caso de la denuncia presentada por el Ministro de Defensa en contra del capitán de la marina Edwin Ortega —por haberle respondido un mail a Correa en términos que la autoridad política ha considerado “un insulto”… posición presidencial criticable que revela una constante en el ejercicio de poder en estos casi 10 años— deja en claro que hay algo extraño pasando por la cabeza de los milicos, pues es una locura considerar que un presidente —al no ser “militar activo”— no es competente para pedir una sanción a un oficial de las fuerzas armadas.

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Capitán Edwin Ortega. Imagem tomada de El Universo

Y muy poca gente lo está viendo así. Muy poca gente. Como se trata de echar a Correa, hay que recurrir a lo que sea.

Cristina Vera, en un texto en GkillCity, es una de las personas que trata de verlo de otra forma: “Tomar el lado de las Fuerzas Armadas en la pugna de poder que mantienen con el correísmo es recurrir a las peores armas que hay en una democracia (…) ciertos opositores han preferido plantear la disputa entre Correa y sus subalternos castrenses como una pelea entre iguales, cuando no lo es. En primer lugar, las Fuerzas Armadas tienen un rol de excepción en el país porque, de acuerdo a una convención social plasmada en la Constitución, les hemos entregado voluntariamente armas que al resto de ecuatorianos les está proscrito poseer. La contraprestación a ese privilegio tiene dos premisas claras: estás bajo nuestra autoridad y no las uses en contra nuestra, solo contra potenciales enemigos (por eso es tan peligroso que los militares patrullen las calles). En esa primera parte del acuerdo no creen nuestros militares. Ellos se creen una sociedad paralela a la ecuatoriana: más gloriosa, más honorable y disciplinada que la sociedad civil“.

Al parecer no existe capacidad de ver las cosas en su real dimensión. Eso es lamentable; si bien es cierto que esta cuerda tensa entre Correa y los militares existe por un mal manejo de relaciones y por un ejercicio de imposición más allá del diálogo —que tiene como punto de quiebre reciente el deseo de acabar con ciertas ventajas de la seguridad social alrededor de las cesantías y jubilaciones que reciben los militares al retirarse que, justo o no, es completamente extemporáneo—, tomar partido por los militares hace que todo roce la ridiculez.

La Constitución, en su artículo 147 —que habla de las atribuciones y deberes del presidente—numeral 16, es muy clara. Entre las facultades que tiene el mandatario está: “Ejercer la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional y designar a los integrantes del alto mando militar y policial”. Repito: “Ejercer la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas“. En un artículo de opinión de Martín Pallares, titulado “Correa pretende ser Jefe del Comando Conjunto”, se lee al inicio: “Rafael Correa pretende que una jueza de lo civil en Guayaquil interprete la Constitución y establezca que él es la máxima autoridad militar, ya no solo política como establece la Constitución, de las FFAA. Correa quiere colocarse por encima incluso del Jefe del Comando Conjunto en todos los temas militares, incluso en aquellos que reglamentariamente atañen únicamente a los militares activos“. Pallares —ya colocado en nuestro imaginario como opositor de Correa— lee la Constitución como quiere y se coloca a favor de la resolución absurda del Consejo de Disciplina Militar, sobre todo porque el presidente interpuso hace unos días una demanda de protección contra esa decisión, que hoy se ha fallado y que borra todo lo actuado por el órgano militar.

Quizás la diferencia esté, para algunos, en que “ejercer” no es lo mismo que “ser”. De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua, el verbo “ejercer” tiene cuatro acepciones; en este caso, dos de ellas calzan a la perfección: “Hacer uso de un derecho, capacidad o virtud” y “Poner en práctica formas de comportamiento atribuidas a una determinada condición”. Si el juego de interpretación legal en esta caso se vuelve en un ejercicio semántico, estamos condenando a Correa y a los presidentes que están por venir a que acepten que finalmente no son autoridad militar. También nos condenamos nosotros, la ciudadanía, que aceptamos que los milicos están por encima del poder civil constituido.

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Imagen tomada de El Universo

Existen otras diferencias conceptuales saltando en varios sitios. En una carta al director de El Comercio, un ciudadano con el nombre Jorge Cevallos, establece una distancia entre la idea del comandante en jefe y máxima autoridad de las fuerzas armadas —”El señor Correa es la máxima autoridad de la institución armada, no es su comandante en jefe como lo ha afirmado en múltiples ocasiones”, dice en el texto—. Además, Cevallos expresa que no debería considerarse gravísimo que “los consejos de disciplina le recuerden (al presidente) que no es un superior militar sino un civil”. Sí, “superior militar” antepuesto a la imagen de un civil. La historia y el mundo contemporáneo no se cansan de demostrarnos cómo terminan esas “distinciones”.

Hernán Pérez Loose, en su artículo de opinión en El Universo, trata de dimensionar cierto aspecto jurídico del giro actual de este tema. Explica el absurdo de que el presidente se asuma como sujeto de derechos, cuando no es la figura a usar: “Resulta asombroso que un jefe de Estado ignore que los titulares de los órganos del poder público no son sujetos de derechos, sino de potestades y deberes. A ese nivel de degradación jurídica hemos sido arrastrados en los últimos años (…)”. En el marco de batalla legal que atraviesa este caso, vale la pena tomar en cuenta esto. Sin embargo, Pérez Loose habla de que ahora, en medio de toda una cultura de oposición que —hay que decirlo— ha sido propiciada desde el mismo presidente, es el turno de conflicto con las fuerzas armadas. Y ahí, entre líneas, está el juego de poder que parece ser el único posible: ahora es el turno de este actor, como antes ha sido el turno de otro, de sufrir por acciones del gobierno.

Pero este actor no es un actor cualquiera. En este caso, tomar partido por este actor en particular es jugar al error. No se trata de estar a favor de Correa, tampoco. Es claro que no hay proceso judicial diáfano posible en este momento. Y no tiene sentido que un mail de respuesta sea tomado por un eternamente susceptible presidente como un insulto. Se trata de entender que hay un hecho más profundo, un concepto constitucional que es importante y que se está dejando de lado por conveniencia.

“Si la oposición insiste en recurrir a las peores armas —las boinas y los fusiles para hacer política— deberá estar preparada para caer a punta de esos mismos rifles. La democracia (sea quien sea que esté en el poder) no merece semejante sacrificio”, escribe Cristina Vera en su artículo.

Y es esta última frase que se está olvidando todo el mundo. Ese olvido voluntario es una prueba más de nuestro fracaso  como sociedad.

La ficción y el poder (reflexiones luego de releer a Piglia)

Rafael Correa, Reflexiones sobre política, Ricardo Piglia
imagen tomada de perfil.com

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Me gusta leer a Ricardo Piglia. En realidad me gusta más releerlo. En ese ejercicio de relectura se da una sobreexposición, una estimulación que te permite mirar al mundo de otra forma. Una foto encima de otra. Ya no es lo mismo, se convierte en algo realmente interesante.

Un cuadro dentro de un cuadro te da otra experiencia estética.

La sensación explota en tu cara, sobre todo cuando en esas lecturas encuentras aquello que te sirve para generar nuevos contextos, otras perspectivas sobre lo que te rodea. Leer no te vuelve mejor persona, te hace más entretenida la existencia.

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En “Crítica y ficción” (De Bolsillo, 2014), Piglia recopila algunas de las entrevistas que ha dado en varios años y en varias de sus respuestas consigue establecer certezas sobre la ficción y su relación con el poder. Entre otras cosas, Piglia dice:

“La escritura de ficción se instala siempre en el futuro, trabaja con lo que todavía no es. Construye lo nuevo con los restos del presente”.

“Todo trabajo de la crítica, se podría decir, consiste en borrar la incertidumbre que define a la ficción”.

“El discurso del poder ha adquirido a menudo la forma de una ficción criminal”.

“Para (Roberto) Arlt la sociedad está trabajada por la ficción, se asienta en la ficción”.

“Valéry decía: ‘La era del orden es el imperio de las ficciones, pues no hay poder capaz de fundar el orden con la sola represión de los cuerpos con los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias’. ¿Qué estructura tienen esas fuerzas ficticias? Quizás ese sea el centro de la reflexión política de un escritor. La sociedad vista como una trama de relatos, un conjunto de historias y de ficciones que circulan entre la gente”.

“El Estado centraliza esas historias; el Estado narra. Cuando se ejerce el poder político se está imponiendo una manera de contar la realidad. Pero no hay una historia única y excluyente circulando en la sociedad”.

“Por supuesto que se suprimen desde el poder ciertas historias y se imponen otras. Hay un trabajo de construcción de la creencia, al mismo tiempo que otras versiones y otras verdades van perdiendo consenso público”.

“Las ideas y las figuras de la realidad se construyen desde posiciones concretas. Aunque se presentan como neutras y se ofrecen como imágenes de validez universal. Esa trama de relatos expresa relaciones de fuerza”.

“La conciencia artística y la conciencia revolucionaria se identifican por su negatividad, por su rechazo del realismo y del sentido común liberal, por el carácter anticapitalista de su práctica”.

“Escribir es sobre todo corregir, no creo que se pueda separar una cosa de otra”.

“Toda élite se autodesigna”.

“La literatura trabaja la política como conspiración, como guerra; la política como una gran máquina paranoica y ficcional”.

“La política se ha convertido en la práctica que decide lo que una sociedad no puede hacer. Los políticos son los nuevos filósofos: dictaminan qué debe entenderse por real, qué es lo posible, cuáles son los límites de la verdad. Todos se ha politizado en ese sentido”.

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No hay poder que no haga un ejercicio de ficción para sostenerse. No lo puede hacer de otra manera. El discurso político es ficción y la ficción puede equivocarse.

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Hace varios días escuché el que se supone será el último informe a la nación de Rafael Correa como presidente. Las ficciones estaban ahí, en forma de frases que a casi 10 años de historia de la Revolución Ciudadana en el país, nos sabemos de memoria (muchas pronunciadas por la presidenta de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira). Y una frase dicha mil veces se vuelve solo sonido, un bla, bla, bla inerte. Porque un discurso se debe sostener con las acciones que acompañen su enunciación, de lo contrario es mala ficción. El tiempo ayuda a entender este tipo de fracasos y una década es tiempo suficiente como para reconocer cuando una ficción ha fracasado.

La ficción, por regla general, está asentada en la mentira. Es una posición de inconformidad ante la realidad que te rodea y que te obliga a pensar en otra realidad. Por eso, el único lugar de presencia que le podemos dar a esa ficción está en lo que va a venir: ficcionamos en un tiempo futuro porque esperamos que todo lo que venga sea de otra manera. En ese sentido, la ficción de cualquier poder político —o cualquier otro poder— está basada en aquello que está por venir, no en lo que sucede. Hay una promesa, implícita, de que todo va a estar mejor.

Esta ficción como narración política se enfrenta al pasado y a un presente que no convence porque es consecuencia del pasado —el presente siempre va a ser una ruina que vino de antes— y la Revolución Ciudadana, al ser presente y pasado, simultáneamente, no ha entendido que buscar un futuro mejor es dejar en claro su propio fracaso. El pasado y presente de la RC es el uróboros.

En este tema de construcciones de universos narrativos —como lo es asumir y luchar para que la realidad que funciona para mí sea realidad para otros—, me golpea que existiendo tantos creadores, gente de letras, de música y artistas ligados al régimen, estos no sean capaces de intervenir en el manejo de esta ficción, para que sean los mecanismos de la misma ficción los que ayuden a superar vacíos y absurdos discursivos. Lo que hacen, siendo honestos, es entrar en una dinámica fallida y repetir los mismos errores —frases hechas, eslóganes que parecen inofensivos, discursos dignos de la guerra fría, etc. —, a veces hasta sin darse cuenta del daño que se hacen, negando las bases de la ficción que han construido. Suele pasar que las frases que llenan sus bocas no dicen nada.

El manejo de esa ficción/discurso del gobierno lo hace gente que cree que lo sabe hacer, que asume que lo hace bien, que está convencida que por tener el cargo que tiene cualquier cosa que digan o historia que narren va a ser perfecta. Y muchas personas tratando de controlar la ficción, la destruyen. La SECOM quiere manejar una ficción a través de un aparato comunicacional que, al contrario de lo que muchos creen, no busca generar una verdad, sino establecer condiciones para que todo lo que digan sea tomado como verdad. Pero la verdad de un régimen no resiste el paso del tiempo.

Cuando esta ficción nos quiere vender un futuro, con una narración que ya no alcanza, la suerte está echada.

La gente que maneja la comunicación del gobierno y que trata de implantar una sola vía alrededor de esta ficción ecuatoriana, no sabe lo que está haciendo. Probablemente nunca lo supo.

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Casi al finalizar el informe a la nación, Rafael Correa dijo estas palabras:

“Queridos jóvenes de mi patria, mis últimas palabras para ustedes: ‘Donde está tu tesoro, está tu corazón’, dice el evangelio. Tengan la seguridad de que mi tesoro no es el poder, sino el servicio. Tener un país sin miseria, pero también sin lujuriosos derroches. Un país que supere la cultura de la indiferencia, como lo dice el Papa Francisco. Donde se acaben los descartables de la sociedad; en el cual trabajemos para los hijos de todos y así juntos alcanzar el Buen Vivir, el Sumak Kausay de nuestros pueblos ancestrales. El bien común es la razón de ser de la autoridad política. Es ese bien común el que hemos tratado de construir en Ecuador desde hace nueve años. Mi sueño, queridos jóvenes, siempre fue trabajar por mi patria. La vida me dio la oportunidad, no únicamente de trabajar sino de liderar un proceso de cambio histórico. Ecuador no ha vivido una época de cambios, sino un verdadero cambio de época. Recuerden que el desarrollo es básicamente un proceso político. La pregunta clave es quién manda en una sociedad: ¿las élites o las grandes mayorías? ¿El capital o los seres humanos? ¿El mercado o la sociedad? La satanización del poder político, sobre todo en América Latina, es una de las estrategias de inmovilización de los procesos de cambio. A no caer en esa trampa. Hemos avanzado mucho, pero aún nos falta consolidar la relación de poder en función de la gente, el poder popular, el poder de las grandes mayorías y dentro de esas grandes mayorías: los más pobres. Aún están allí con sus cámaras de producción, con sus medios de comunicación, con su poder económico, con su ideología disfrazada de ciencia. Los principios sobre los que hemos basado nuestra acción es (sic) la supremacía del trabajo humano sobre el capital; el construir una sociedad con mercado, pero no de mercado, donde vidas, personas y la propia sociedad se convierten en una mercancía más. No creo en manos invisibles. La historia nos demuestra que para lograrle justicia e incluso la misma eficiencia, se necesitan manos bastantes visibles, se requiere de acción colectiva, de una adecuada, pero importante intervención del Estado, con la sociedad tomando conscientemente sus decisiones por medio de procesos políticos. Queridos jóvenes, en un año más ya no estaré aquí. El país debe descansar de mí y, sinceramente yo también debo descansar un poquito del país (aplausos)… No es fácil gobernar un país como Ecuador, con una terrible prensa tremendamente corrupta, deshonesta, vocera de los grupos de siempre, con tal nivel de incoherencia, inconsistencia, en una supuesta oposición, con la mentira como instrumento, el engaño, sin respetar principios, sin tener escrúpulos. No es sencillo. Algunas veces dicen que yo soy irascible… creo que soy una persona común y corriente. Los raros eran los presidentes que no se inmutaban ante tanta infamia, tanta calumnia. No esperen nunca de mí que me deshumanice por ser presidente de la República”.

imagen tomada de elcomercio.com

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Ficciones desde el poder. Al menos conté cinco.

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De acuerdo a encuestas, la aprobación de Correa ha descendido. Se supone que un 58% de los ecuatorianos desaprueban la gestión del Presidente. Las encuestas, dentro de este universo, también funcionan como mecanismos de ficción.

El sábado pasado, Correa presentó sus propias encuestas en el enlace ciudadano. Y claro, en las suyas, el 63% apoya a su gobierno y el 67% lo ve de manera positiva como gobernante.

En la narración llamada Ecuador, los elementos se entrecruzan, porque a la ficción del poder también se le enfrentan otras ficciones. O voces críticas que buscan revelar esos agujeros, esos vacíos en la narración.

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Podría hacer una lista de todas esas ficciones estatales que durante años nos han querido convencer de algo que en el fondo no existe. Pero este post no tendría fin.

Podría también hacer una lista de ficciones en contra del poder político, las que también han querido convencernos de algo.

Ambas están ahí. Necesitan estar ahí porque no hay remedio. En este juego de tensiones entre las dos facciones, nos revelamos como realmente somos.

Uno es el bueno, otro es el malo. Escoja su lado.

Que el dinero electrónico, que los Panamá papers, que Álex Bravo, que la Refinería del Pacífico, que los insultos de funcionarios vía Twitter, que la CIA presente en Ecuador, que el Plan Cóndor, que los asambleístas aprobando normas que generan descuentos en sueldos de ecuatorianos para apoyar la reconstrucción por el terremoto y negándose a dar el 10% de su sueldo para lo mismo…

Las discusiones públicas —en medios y en plataformas digitales— buscan definir dos únicos caminos y cualquier intento por crear ficciones se topa con una presión determinista: si lo viste así, lo vas a ver de esta manera, como consecuencia.

La peor ficción es la que se sostiene por dicotomías burdas.

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Hace unos días, 400 escritores de Estados Unidos publicaron una carta abierta al pueblo de su país, en contra del candidato presidencia Donald Trump. Al inicio se lee:

“Because, as writers, we are particularly aware of the many ways that language can be abused in the name of power / Porque como escritores, estamos particularmente al tanto de las formas en las que se puede abusar del lenguaje en el nombre del poder”.

Ni siquiera los escritores tienen el poder para manejar los entresijos de la ficción.

imagen tomada de hyperallergic.com

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Es curiosa la existencia de una “Red de maestros y maestras por la revolución educativa” desde el 2015. Curiosa porque la crea el régimen para generar una plataforma que le haga contrapeso a la histórica —y no por eso mejor, Unión Nacional de Educadores (UNE)— y también porque se vuelve en parte de su fuerza de choque, manifestando su apoyo al Gobierno cada vez que pueda.

Siempre que pienso en esto me acuerdo de cuando a Bender lo echan del parque temático y grita: “¡Construiré mi propio parque temático con juegos de azar y mujerzuelas!”. Otra vez la ficción.

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En “Crítica y ficción”, Piglia hace un recuento interesante de cuando regresa a Buenos Aires después de varios años y llega al país de los milicos. Le llamó la atención algo: que la señalética del transporte urbano cambiara de mostrar dónde se tomaba los colectivos a “zona de detención”. Lo cual, tomando cuenta el universo en el que estaba, decía mucho. “En esa expresión se sintetiza una relación entre el lenguaje y la situación política”, dice Piglia.

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“En este país hay que hacer la revolución”, dice Piglia. Pienso lo mismo de Ecuador. Revolución no es un proceso modernista del Estado. Revolución no es cambiar a los dueños del balón. Revolución no es la Revolución Ciudadana. Eso es solo frase, eslogan, nada.  Los caudillismos son pasado, nunca presente, peor futuro.

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Chantal Mouffe escribe un artículo de opinión importante para el dossier sobre el populismo, que se publicara recientemente en la Revista ñ, de Clarín. Y quizás valdría la pena su lectura para enfrentarnos a ese concepto que, ligado a las mismas construcciones que prodiga la ficción, no hemos comprendido de todo. Mouffe dice:

“Al volverse borrosa la frontera izquierda/derecha por la reducción de la democracia a su dimensión liberal, desapareció el espacio donde podía tener lugar esa confrontación agonista entre adversarios. Y la aspiración democrática ya no encuentra canales de expresión en el marco de la política tradicional. El demos , el pueblo soberano, ha sido declarado una categoría zombi y ahora vivimos en sociedades posdemocráticas (…) En ese contexto de crisis social y política, ha surgido una variedad de movimientos populistas que rechazan la pospolítica y la posdemocracia. Proclaman que van a volver a darle al pueblo la voz que le ha sido confiscada por las élites. Independientemente de las formas problemáticas que pueden tomar algunos de esos movimientos, es importante reconocer que se apoyan en legítimas aspiraciones democráticas. El pueblo, sin embargo, puede ser construido de maneras muy diferentes y el problema es que no todas van en una dirección progresista. En varios países europeos esa aspiración a recuperar la soberanía ha sido captada por partidos populistas de derecha que han logrado construir el pueblo a través de un discurso xenófobo que excluye a los inmigrantes, considerados como una amenaza para la prosperidad nacional. Esos partidos están construyendo un pueblo cuya voz reclama una democracia que se limita a defender los intereses de los considerados nacionales”.

Mouffe, parafraseando a Ernesto Laclau —su esposo, junto a quien es considerada una de las influencias principales para el movimiento español Podemos—, define al populismo no como una ideología, ni como una estrategia con programa, ni como un régimen político. En realidad lo cataloga como una manera de hacer política, centrada en la construcción de un nuevo sujeto político: el pueblo.

El populismo como forma es quizás la única manera o camino que tenemos para entender lo que pasa en Ecuador. El populismo es quizás la ficción principal en este momento.

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“El Estado es también una máquina de hacer creer. En la época de la dictadura, circulaba un tipo de relato ‘médico’: el país estaba enfermo, un virus lo había corrompido, era necesario realizar una intervención drástica. El Estado militar se autodefiniría como el único cirujano capaz de operar, sin postergaciones y sin demagogia. Para sobrevivir, la sociedad tenía que soportar esa cirugía mayor. Ése era el núcleo del relato: país desahuciado y un equipo de médicos dispuestos a todo para salvarle la vida. En verdad, ese relato venía a encubrir una realidad criminal, de cuerpos mutilados y operaciones sangrientas. Pero al mismo tiempo la aludía explícitamente. Decía todo y no decía nada: la estructura del relato de terror”.

Ricardo Piglia

Tomado de “Crítica y ficción”, pp 100 y 101.

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El nuevo poder que está llegando ya está construyendo su propia ficción. No hay otro camino.

El rigor en la opinión periodística y el problema del reflejo

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Captura de pantalla de entrada en portal en 4pelagatos

Por estos días, el portal 4pelagatos se mueve en dos niveles de lectura interesantes, que quizás nos revelan la posición en la que estamos intelectualmente en este país. El primero, el abuso: el gobierno ha decidido irse contra ellos, aduciendo que el uso de imágenes de la cuenta de Flickr de la Presidencia de la República, sin permiso del mismo gobierno, significa violentar los derechos reservados de esas imágenes y eso es absurdo. El segundo: la reacción del portal, necesaria, pero exagerada, que deja de lado lo que el periodismo de opinión debería considerar como básico para su existencia, e intenta sentar las bases conceptuales para una posible demanda de peculado, al establecer una relación directamente proporcional entre la arremetida del gobierno y la idea del robo de imágenes que, bajo cualquier criterio, son públicas; son pagadas con el dinero del Estado, que es dinero de todos.

Debo aclarar algo antes de continuar: nada de lo que sea pagado con el dinero público puede considerarse privado. Punto.

En esta época en la que las grandes empresas quieren defender su “derecho” a la propiedad privada como un mecanismo de poder (solo basta pensar en las farmacéuticas), defender este “derecho” con la idea de callar a detractores es simplemente de desgraciados.

No, corrijo. Eso es de gente deshonesta. Si algo nos va a quedar luego del correísmo, como una resaca larga y difícil de abandonar, va a ser la deshonestidad intelectual a la que hemos estado sometidos en estos casi 10 años. Ecuador es hoy el país en el que si yo tengo una especie de poder (sea cual sea) podré hacer con él lo que me dé la gana, no por un buen argumento o porque la ley me lo permite, sino porque puedo, porque tengo el poder. El Gobierno lo hace con 4pelagatos y la respuesta es casi un reflejo.

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Captura de pantalla de texto de Cristina Vera Mendiu en GkillCity

Cristina Vera Mendiu escribe sobre este tema en el portal GkillCity. Su texto “El verbo se hizo gato” da en el clavo en muchos aspectos. Más allá de invitarlos a leerlo (deben hacerlo), me quedo con algunas ideas que reproduzco a continuación:

“La medida del gobierno sobre sus fotos es absurda al punto de que basta un ejemplo sencillo para demostrarlo: un niño de escuela haciendo su tarea no podría utilizarlas, salvo que reciba una autorización expresa y escrita de la Secom. Ese es el punto del despropósito, pero de nuevo ¿es eso un robo?”

“Ya está clarito que al gobierno del Ecuador es más fácil provocarlo que a un adolescente pendenciero, pero la pregunta es ¿a qué costo? Que está mal, está mal: es una privatización discrecional de bienes públicos en un gobierno que ha tenido la osadía y la contradicción de marcar constitucionalmente a la información como un bien público pero, en Flickr, declararlo privadísimo. No es un robo. Es una cosa más grave: una declaración de incoherencias, una clarísima muestra de una falta de conceptos, un retrato de la acomodaticia naturaleza que el poder prolongado provoca hasta en aquellos que alguna vez se creyeron intelectuales. Pero los periodistas, si quieren ser serios, no pueden caer en eso. No puede ser un juego de dar y recibir de inmediato, de dos barrabravas enfrentados. Se trata de convertir la riña callejera en una discusión de argumentos, no de desabotonarse la camisa para entrar a darnos de golpes, todos”.

Concuerdo con Vera cuando se refiere a la necesidad de tener un espacio como 4pelagatos. Lo leo a diario, de cierta forma disfruto de su lectura. Pero lo encuentro en el medio de la vorágine que ha determinado Rafael Correa: ya no solo el presidente impone agenda periodística, ahora impone “luchas”, medios, posturas editoriales y el periodismo se presta para eso.

4pelagatos está en el terreno de generar opinión pública y, sobre todo, de evidenciar una nueva intelectualidad capaz de contraponerse a la intelectualidad correísta. Lo hace a través del periodismo de opinión como género principal y en muchas ocasiones, para los lectores, la opinión se puede confundir con el “hecho”, y esto exige una gran responsabilidad para quien la escribe. Más allá de esto, estamos en un momento político en que los argumentos contrapuestos, capaces de generar una discusión real, se estrellan con la tercera ley de Newton que nos reduce a acción y reacción. Y hoy en día, cuando la física clásica nos ha quedado corta para explicar cosas mucho más pequeñas, subatómicas, parece que seguimos en la dinámica de sobrerreaccionar como si no tuviéramos más remedio. Estamos en el terreno más básico de la relación entre unos y otros.

El rigor periodístico no solo está en la defensa de una postura desde la opinión. Está en el uso preciso de los hechos, en su interpretación más honesta, en opinar de manera argumentada. La perspectiva que está manejando el portal 4pelagatos parte de algo justo, pero se desdibuja rápidamente. En una época en que la autoridad rompe el orden, la normativa y la lógica de las ideas todo el tiempo, tener un poco de estructura puede ser el gran ejercicio de resistencia posible. El periodismo de opinión vence si no entra en ese juego del poder; así se distancia de ese poder y lo revela como realmente es: pequeño. Por eso, el gobierno no se roba las fotos, el gobierno hace lo que le da la gana con lo que maneja por el hecho de estar en el poder. Eso es deshonesto.

4pelagatos es un espacio creado por tres de los mejores profesionales de periodismo que hemos tenido en el país, que disfruto leer y que considero maestros del oficio, en géneros como crónica, entrevista y opinión. Ese portal se fortalecería si deja de lado la exageración, porque la justicia no se gana jugando el mismo juego del verdugo. Se gana haciendo mejor lo que uno sabe hacer, y José Hernández, Martín Pallares y Roberto Aguilar saben hacer periodismo de gran manera. Ese es el terreno en el que van a ganar siempre.

La seguridad del presidente turco que no ama a las mujeres ecuatorianas

Derechos humanos, Opinión, Reflexiones sobre política

¿Existen imágenes más terribles que las que mostrara ayer el noticiario de Ecuavisa? No, sobre todo porque mientras tres mujeres son agredidas en el auditorio del IAEN, en plena intervención del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el resto aplaude. Sí, hay aplausos porque lo que pasaba en los asientos de atrás no importaba.

Esa gente que aplaudió debería sentirse avergonzada. Pero no, nadie.

Y quizás sea de mala educación interrumpir a alguien, por más criminal que sea, pero esa dinámica de callar a los que se manifiestan en mi contra es algo que no se puede dejar pasar, sin importar la situación, ni protagonistas. No se puede.

Al menos el ministro del Interior y la Presidenta de la Asamblea han manifestado su rechazo a este hecho, en redes sociales, pero de ahí no va a pasar. ¿Por qué? Por la pelotuda “inmunidad diplomática”.

Lo bueno es que tenemos a Roger Murtagh por ahí. Él nos enseñó hace ya varios años que la inmunidad diplomática no puede ser vista como patente de corso.

UPDATE: El Canciller, Ricardo Patiño, ya se refirió al tema y lamentó lo que hizo la guardia turca, pero (como iba a pasar, sin dudas), también lamentó “muchísimo que el presidente Erdogan haya sido objeto de gritos e insultos cuando estaba ofreciendo una conferencia en el IAEN anoche (…) nos parece de lo más irresponsable e irrespetuoso que personas que asistieron se hayan levantado a insultarlo y al salir igual”.


Otra vez, Idrovo

Opinión, Reflexiones sobre música, Reflexiones sobre política

Supongo que no se puede decir mucho. A veces la imagen pública del artista o lo que hace en la vía pública no es más que un ejercicio de destrucción de su propia obra. Así pasa y así es. Hugo Idrovo es nuestra prueba más cercana. Ayer, como respuesta a una carta/artículo de Roberto Aguilar (publicado en 4pelagatos), Idrovo se sintió en la obligación de responder algo que, quizás, no necesitaba respuesta.

Pese a lo duro que puede ser Aguilar en su texto (en su mayoría, de una lucidez a prueba de cualquier réplica), hay cosas deben tomarse como lo que son: lecturas, opiniones y reacciones a lo que yo, públicamente, he dicho. La consecuencia que no soporta Idrovo al hacer pública su filiación, al poner su obra como escudo, es esta.

Hay algo lamentable, de lado y lado, pues por cada texto de un Aguilar (con la altura intelectual necesaria para una discusión colectiva), vamos a tener 10 mil comentarios penosos como los que podemos encontrar en ese post y en otro, en el que se incluye la lamentable respuesta de Idrovo. Así como hay decenas y decenas de opiniones en redes sociales y en la web sobre lo que hizo el autor de “Venenoso batracio”, el mismo cantante no es capaz de contenerse. Esa es la medida del ecuatoriano de ahora.

Aquí, bajo su propio riesgo, lean la carta de Aguilar y la respuesta de alguien que para salir de la arena movediza decide moverse y moverse, para hundirse más. Me da pena ser testigo de algo así.

Dios hace rato apagó la tele…

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imagen tomada de El Comercio

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No es para tanto lo que pasa en este vídeo de “Ecuador tiene talento”, ¿o si? Bueno, nos revela lo que somos como país, con la creencia y la moral religiosa convertidas en medida de vida, bien metida en el orto, y que nos muestra como intolerantes al “bullear” a una chica de 16 años por televisión nacional porque se definió como atea. “¿Por qué no crees en Dios?”, le preguntó una de las jueces de Ecuador Tiene Talento a la participante que acababa de concursar… como si eso importara. “Son consejos de vida”, dijo otra jurado que aseguraba hacerlo porque desde su idea de respeto al otro, la concursante es muy chica y no ha vivido. Esto un poco después de que otra jurado le llegó a decir que sin Dios no va a llegar muy lejos: “Sin Dios no llegamos a ningún lado, por eso es que tú crees que siendo autodidáctica vas a llegar a la cima y no lo vas a hacer. ¿Sabes por qué? Porque hay cosas que no se ven, entonces ahí entra la… el amor a Dios. Dios se siente, Dios te puede ayudar, Dios te ayuda a ser mejor”. Amén

Supongo que el amor a Dios es algo tan grande que te mueve a cuestionar de manera pasivo-agresiva y a dar consejos de vida no pedidos a una chica que tiene el coraje de decir que no cree en Dios porque “no me ha dado eso para creer y punto”.

-¿Y qué crees, de dónde venimos?
-Creo que uno se muere y se vuelve lo que era antes de nacer
-¿Y qué éramos antes de nacer?
-Nada.

¿Lo mejor de esta situación? El reclamo por discriminación que ha hecho la Asociación Ateísta del Ecuador. Porque los ateos también ven Ecuador Tiene Talento. Richard Dawkins y Lawrence Krauss se reirían a carcajadas.

En fin, el rostro de la chica se va desencajando a medida de que la “evangelización” continúa. La cara del público porque no puede creer que alguien diga eso es increíble. La pregunta del presentador del programa al padre de la concursante es impresentable (¿Será que su hija tiene el demonio metido?); el padre esperando que su hija recapacite con lo que ha pasado. Eso somos todos.

Dios apaga la tele y Ecuador tiene inquisidores.

No hay mucho que esperar

Reflexiones sobre periodismo, Reflexiones sobre política
Caricatura de Bonil, publicada en El Universo el 10 de septiembre de 2015

Caricatura de Bonil tomada de El Universo

Se trata de bandos, de uno contra otro, de probar un punto aunque este viole el sentido de legalidad y legitimidad que uno ha creído es la base de todo contrato social. Se trata de ganar, de demostrar que se tiene poder y, en ese sentido, cualquier justificación, razón, informe o declaración será —y nunca dejará de ser— un acto absoluto de deshonestidad.

No espero nada de la gente que labora en la Secretaría de Comunicación, así como en la Superintendencia de Comunicación y en el Consejo de Comunicación. Para mí, un pobre pendejo e iluso que todavía quiere creer que hay algo de sentido común en el país, no existe manera de ver en los funcionarios y empleados de estos espacios a un grupo de personas con suficiente decencia intelectual para cumplir su trabajo. No importa su lugar de procedencia, así sea que vengan de la práctica profesional periodística, de la academia o de otras áreas; no hay honestidad ahí. Nada, vacío, silencio, obediencia debida, burocracia eficaz.

Cosas que ya Hanna Arendt demostró que funcionan como caldo de cultivo de crueldades.

Pero en fin. No espero mucho de la SECOM en el caso de Fundamedios. Es su triunfo. Es —a través del análisis que realiza con propiedad Roberto Aguilar en su blog— un acto administrativo sin pies ni cabeza, con la firma de responsabilidad de una funcionaria que conozco, que he leído y que no sabía que trabajaba en ese espacio y que desde ahora ya no podré ver con los mismos ojos. No espero mucho, ni siquiera espero calma en un grupo de empleados que tienen un jefe que hace muchos años dejó en claro que quiere acabar con el periodismo que considera malo como si se tratara de mala yerba y no con la mirada puesta en la necesaria idea de mejorar, sino en el deseo de eliminar visiones, interpretaciones y opiniones que no se acoplen a la verdad que el Estado acepta como única. La SECOM constantemente acusa de mentir a los que informan y critican lo que esta Secretaría no acepta como una realidad de la revolución ciudadana y no lo hace para que la práctica profesional mejore, sino para reducirla a un juego de héroes y villanos, en el que triunfa. Pero es un triunfo ilusorio porque en realidad pierde, pierde todo y no le queda nada.

Imagen tomada de El Comercio

Imagen tomada de El Comercio

No espero mucho porque ya está claro que aquí no importa la Constitución, ni siquiera importa la reflexión sobre lo que debe ser una profesión como la que práctico. No importa ya el argumento, solo el sofisma. De esto sabe mucho el superintendente de Comunicación, Carlos Ochoa, quien ayer, en un arranque de no sé qué, se defendió ante la acusación de directivos de diario La Hora de que la SUPERCOM es “juez y parte” —por el proceso que abrió a ese medio y a diario Expreso por no publicar una “réplica” a un aviso contratado por la AEDEP, en el que la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos criticaba a la SUPERCOM— diciendo: “no somos jueces, emitimos resoluciones, sanciones. No somos juez y parte”. Ajá, como no pueden sentenciar no son jueces, pero sancionan un aviso de prensa en el que los critican. Tará. Standing ovation. Créditos finales. Las luces se encienden.

El periodismo es interpretación de la realidad social, y eso vuelve a la práctica en un acto político, porque esa interpretación siempre va a ser un acto político, una postura, una posición. A la mierda la objetividad como un acto que deshumanice la profesión. En una entrevista dada a El Telégrafo, Leila Guerriero lo dice con otras palabras: “Me parece que el periodismo es como algo muy necesario, muy saludable, muy sano para las sociedades. No me parece que una sociedad sana sea una sociedad sin periodistas o con periodistas que sean adeptos o acólitos del poder de turno. El rol del periodismo siempre ha sido el de ejercer una mirada punzante, en diagonal, crítica”. Para la SECOM, SUPERCOM y CORDICOM eso no puede ser así. Eso sería aceptar al otro, al enemigo. Y no, el proceso importa más, mucho más que el virus que nos inocula como sociedad: el pensamiento banal.

Imagen tomada de El Comercio

Imagen tomada de El Comercio

No espero nada de la gente que trabaja en esos lugares. No porque trabajen ahí, o porque trabajar ahí los haya convertido en personas que pueden torcer la verdad o acomodarse al discurso de su empleador. Creo que la gente que es deshonesta y que decide ignorar el argumento lógico y el sentido de las normas es gente que siempre fue así y que en circunstancias en las que su trabajo se basa en eso, pues son personas intelectualmente deshonestas con total libertad y con la excusa de cumplir un rol, una función. No espero nada de esa gente. Perdón, no espero nada bueno de esas personas.

El presidente no tiene quién le asesore…

Reflexiones sobre política, Uncategorized

President Rafael Correa

Y después de ver ese tuit que publicó hoy, espero que alguien se anime a ofrecerse para el cargo.

No puedo decir más.

2015-09-09

El poco sentido de pertinencia, de geopolítica y de humanidad se sintetiza en un comentario burdo sobre la acción de una camarógrafa húngara que pateó e hizo caer a refugiados sirios que escapaban de la policía; un comentario en el que el presidente quiere hacer comparaciones inaceptables y ridículas entre una acción detestable de una periodista y la práctica profesional del periodismo en Ecuador. ¿Por qué? Porque puede y le da la gana, porque su lucha trasciende el sentido común, porque lo suyo es salvarnos de lo que cree que debe salvarnos.

El chiste se cuenta solo. La pena por ese tipo de comentarios solo me hace pensar que ya estuvo, Rafael Correa vive en un universo paralelo en el que todo, absolutamente todo, se vive como la escena de “Being John Malkovich” es la que el propio Malkovich entra al portal que lo lleva a su mente. Y basta de contar.

El ejercicio fallido de mirar con crítica el presente, ignorando el pasado (sobre un post de Rubén Darío Buitrón)

Reflexiones sobre periodismo, Reflexiones sobre política

Imagen tomada de rubendariobuitron.wordpress.com

Me gusta cuando Rubén Darío Buitrón escribe sobre “ofensas a la historia”. Me gusta mucho. Sobre todo porque lo hace desde una posición en la que ignora su propia historia, su figura de importancia periodística que cayó de golpe por algo que él asumió como un error —esa extraña “entrevista” a Caparrós en marzo de 2013 que nunca fue tal que significó su salida de diario Expreso  y que desencadenó una  serie de hechos que, a la interna y a la mirada pública, terminaron con su salida del diario Expreso—, o como un mal intento por hacer algo creativo en el terreno del periodismo. Usted se puede quedar con la justificación que le parezca más precisa.

Premisa 1: un error en el periodismo no tiene por qué borrar los aciertos. Pero sí que lesiona.

Sin embargo, diera la impresión de que para él nada hubiese pasado y que la capacidad de analizar la realidad o la misma práctica del periodismo es algo que se puede hacer bajo cualquier condición. Y bueno, eso es verdad. Él y cualquier otro tienen derecho a dejar en claro sus opiniones o exponer sus puntos de vista, pero ¿el costo del error del pasado no significa nada? El único pasado que no puede perdonar Rubén Darío Buitrón es el ajeno, aquel que se pone en su camino para definir a aquellos que define, hoy por hoy, como enemigos de la revolución ciudadana. Su pasado, en vista de cómo escribe sus artículos, simplemente no estorba: una polémica sobre una “extraña y falsa” entrevista a Martín Caparrós no salpica nada, no mancha, nada ha pasado, no es presión para detenerse a pensar más de una vez en cada adjetivo que va a escribir.

Yo leía a Rubén Darío Buitrón y le creía todo. Después de ese caso, es muy difícil para mí no leerlo desde la posición de que a lo mejor sus lecturas no son acertadas o de que está siendo creativo y transformando sus puntos de vista en algo que no son, para generar otra cosa, porque hay algo que quiere probar y que no está muy claro para sus lectores.

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Eso es pagar muy caro por algo que hasta ahora no ha quedado claro, todavía. Él ha escrito sobre eso y supongo que desde su confesión ya debe estar todo saldado; sin embargo, su descargo sigue sin tener sentido: “La supuesta entrevista fue, en realidad, un ensayo-perfil acerca de la novedosa e irreverente reflexión del destacado intelectual argentino sobre acontecimientos de gran coyuntura internacional (…) Usé un formato y un diseño confuso, sin advertir al lector ni al protagonista que se trataba de un ensayo-perfil donde también irían otros textos y, además, mis opiniones y análisis en cursiva”, escribió en un post en su blog. Lo cierto es que el carácter de “experimento-ficción” de este ejercicio estaba aclarado en la edición impresa, no en la web. ¿Por qué algo así? Fácil: no existe ningún sentido práctico para un diario en aclararle al lector que lo que va a leer no es precisamente una entrevista. Buitrón quiso hacer algo que, conceptualmente, contradice la razón de ser de la profesión y el acuerdo con el lector. El riesgo de lanzarse es no caer de pie.

Lo trataron mal, yo lo he tratado mal —lo pude hablar en persona con él—, el golpe fue duro.

Y hay un pedazo de mí que se complace en saber que alguien puede recuperarse de algo así, al menos desde la posición de observador impune. Pero otro lado me dice que no, que es muy pronto, que Buitrón, al haber jugado con los hechos —al haber alterado los lugares de procedencia de ciertas frases, para armar un texto que era una entrevista, pero no—, debía tener algo de recaudo y dejar de hacer lo que hacía (y que sigue haciendo) por mucho más tiempo. Esperar, tener paciencia para que todo decante, para que las cosas pesadas se hundan y para que flote la esencia.

No, no hay tiempo. Rubén Darío Buitrón quiere dejar en claro esos manejos de grupos de poder de derecha, confabulados con la izquierda ciega e indígena, que se aprovecha de cualquier cosa para despotricar en contra del gobierno. Cuando lo leo así, como por ejemplo en este post (clic acá), supongo que está jugando a lo mismo, a crear algo nuevo, pero aquí no hay un supuesto texto creativo. Solo hay constancia de que las falacias se han vuelto su principal arma, la que enarbola con orgullo (como cuando critica a Manuela Picq al hacer referencia a sus acciones y salida del país para viajar a Brasil a obtener una visa Mercosur, para luego preguntar: “¿Algo así puede decir una persona que vive en un país donde reina, según ella, un modelo dictatorial?”. Como si la posibilidad de quejarse o protestar o actuar negara la existencia de una estructura política dictatorial).

Quizás no tener nada que perder se topa con un nuevo límite: perder lectores o gente que te pensaba como referente.

Al final del post que hago referencia, Rubén Darío Buitrón escribe: “¿Queda alguna duda sobre los planes oscuros del pacto entre la derecha ególatra-recalcitrante, los dueños de la gran prensa y la izquierda cegada por sus celos ideológicos y su extravío político?“. La respuesta es muy sencilla, ya que las frases hechas y los lugares comunes progobiernistas que él repite nos llevan al mismo sitio en que estuvimos antes de leerlo: quedan todas las dudas, continúan, las falacias no dicen nada. Bando y bando. Razón y razón. Rubén Darío Buitrón como otra papa más caldo; como yo, como este post.

El país del puta madre (sobre lo que le hacen a Manuela Picq)

Reflexiones sobre política
Imagen tomada de El Comercio

Imagen tomada de El Comercio

La nota de ayer de diario El Universo se titulaba “Gustavo Jalkh respalda accionar de jueza que liberó a Manuela Picq“. Y en el interior de la nota se leen frases textuales del presidente del Consejo de la Judicatura como que la jueza Gloria Pinza “actuó con total y absoluta independencia” y que “​la jueza ha actuado con su condición jurídica en derecho sin afectar ninguna norma jurídica, por lo tanto ¿por qué habría que someterle a algún análisis disciplinario?​” La nota cierra con una frase de antología: “​Luego se dice que la justicia está secuestrada (por el gobierno); aquí los jueces actúan con total independencia y de acuerdo a su criterio jurídico lo fundamenta, lo motivan y tienen todas las condiciones para así revisarlo y hacerlo”.

Guardo esta frase y la llevaré en mi corazón, siempre, para reír con ganas.

No pasaron ni 24 horas para saber que Gustavo Jalkh simplemente habla como quien escupe al cielo y espera que la gravedad haga el resto.

Hoy sabemos que la resolución de la jueza no está en firme, que Manuela Picq podría ser deportada, a pesar de que el lunes 17 de agosto la jueza Pinza sentenció a su favor y dejó sin piso la idea de la deportación, que tanto se buscaba por parte de ciertos funcionarios en éxtasis. Diario El Comercio publica hoy una nota sobre el tema:

“Ese día en la Unidad de Contravenciones, de la calle Roca y avenida 6 de Diciembre, la Jueza dictaminó que no había suficiente causal para que fuera deportada, es decir expulsada del país. Picq estaba contenta y pensando en la forma de arreglar su permanencia en Ecuador, ya que el 28 de este mes caduca la visa 12-8 que le fue revocada. Pero todo cambió. Su defensa recibió una notificación anoche y la decisión de la Jueza podría ser modificada, por eso evita dar más declaraciones”.

En la notificación que entrega la jueza Pinza queda clara la sentencia, pero avisa que la enviará a consulta. ¿Dónde? Pues al Ministerio del Interior. Sí, damitas y caballeros, la independencia de la justicia ecuatoriana, de la que tanto habla Jalkh, es un año viejo hecho de aserrín que quieren vendernos como animatronic para la nueva versión de Star Wars.

El Comercio da más datos para analizar esta estupidez:

La tarde de ayer, el Ministerio del Interior envió un escrito que cuestiona la legalidad de lo actuado por la Jueza que archivó el proceso de deportación y exige que se le remita el expediente en consulta. Albán —abogado de Picq— indica que: ‘La jueza Pinza nos ha enviado la notificación de la sentencia a las 23:32 y como nos había dicho verbalmente, archiva el proceso de deportación pero dice que el caso está en consulta’. En la sentencia no se hace mención de lo que la Jueza había dispuesto en la audiencia del lunes. Es decir que se oficie a Fiscalía, para que estudie la alteración documental sobre la cual se pretendió hacer la acción de deportación. No hay referencia alguna a eso”.

Es decir, a más de pedirle a un espacio del Ejecutivo la consulta, la jueza ignora su propia disposición para investigar la atrocidad que hicieron con Picq al tenerla detenida con la excusa de una deportación, cuando su visa seguía vigente. Roberto Aguilar explica muy bien esta secuencia de hechos.

Lo que se hace con Manuela Picq es una aberración y nos revela como somos: un país de hijosdeputas.

Ahora solo queda esperar la resolución de este caso, en el que una mujer académica y extranjera, pareja de uno de los líderes de las marchas en contra del Gobierno, afronta su expulsión del país. “Siento que la opinión es un delito”, dijo ella a El Comercio.

Se equivoca.

ES un delito. Lo que le hacen es la prueba.

manuelapicq

UPDATE: Manuela Picq ha anunciado su viaje a Brasil para hoy, viernes 21 de agosto. Considera que está en un limbo jurídico y que prefiere viajar a su país para obtener una visa Mercosur. Diario El Comercio publica una entrevista con ella en la que dice: ““No es un delito pensar ni opinar y menos amar. Soy castigada por ser la pareja de Carlos. Estoy perdiendo la ciudadanía universal que Ecuador garantiza a ecuatorianos y extranjeros, los derechos constitucionales porque los extranjeros tenemos los mismos derechos que los ecuatorianos”.

¿Ven lo torpes que somos? Y eso que prefiero no pensar en lo que habló Ricardo Patiño hoy en Contacto Directo porque me da pereza. Y tampoco voy a decir nada del atroz vídeo de su detención en el que se puede ver cómo una decena de policías, hombres, someten a una mujer. Atroz, todo mal, y desde el gobierno solo hay ataque a ellos.