Los hechos que no son hechos

Imagen tomada de eluniverso.com

Corre la noticia de que los detenidos son gente que habría intentado secuestrar niños. Estaban en la Unidad de Policía Comunitaria de Posorja —a dos horas de Guayaquil— porque habían sido denunciados por estafa, por llevarse dos teléfonos celulares y 200 dólares de dos mujeres. Pero para la gente de esa parroquia, la razón era porque habían intentado robarse niños. El pavor de todos, ¿no? Y nadie está libre de esa sensación gracias a mensajes que por el lapso de tres meses han llegado a todos los grupos de WhatsApp en los que estamos. Mensajes que te hacen mirar dos veces, hasta tres, antes de cruzar la calle cuando vas con un niño de la mano. Mensajes que no se sostienen con hechos concretos, o con certezas que sean informadas por las autoridades. Sí, hay casos de ese tipo —no voy a negar que sí hay intentos de secuestros que se están investigando—, pero el rumor nos dice que esos casos son más, muchos más, decenas más, casi 100 casos por hecho denunciado. El domingo anterior fui con mi sobrino de tres años al supermercado y no pude estar tranquilo sino hasta llegar con él a casa. No hay manera de no estar aterrado con esos hechos que no son hechos.

Y esas tres personas que estaban detenidas terminaron fuera de la Unidad de Policía, luego de que esta fuera atacada con bombas molotov. Los vehículos afuera, de los sospechosos y de la policía, convertidos en chatarra por acción del fuego. Los detenidos fueron golpeados con palos, apedreados, atacados con herramientas de construcción. Y murieron en la calle. Tres horas pasaron hasta que pudieron retirar los cuerpos para iniciar las investigaciones. A esta hora del 17 de octubre, la Fiscalía ha identificado a 15 de las personas que participaron en el linchamiento, que se pudo ver casi en tiempo real a través de redes sociales.

Muerte a través de un vídeo. Personas tomando control por encima de policías. Gente golpeando sospechosos, personas sin ninguna sentencia o verdad judicial sobre ellas. Mensajes y sospechas, hechos que no son hechos, que se disfrazan de razones, de sentido, que nos dicen lo que queremos escuchar y justifican lo que hacemos o queremos hacer. Diario Expreso publica hoy una nota de Néstor Mendoza en la que uno de los habitantes de Posorja asegura que ese es un pueblo pacífico y que la reacción fue por el cansancio de que la justicia no cumpla “su rol a cabalidad, ni jueces ni fiscales”. Hacer justicia porque la justifica no vale, y listo. Quizás la única forma de aceptar una frase así sea cuando se trata de Batman, si es que.

Es un tema de ver en rumores, en cosas falsas o en comentarios u opiniones la posibilidad del hecho. Se trata de convertir a los hechos en construcciones volubles, en una realidad que funciona en la medida que es aprobada por el ojo que la mira. Ya no es el hecho, es lo que hago con eso que llamo hecho, las creencias que me ayuda a sostener, las pasiones que me deja mantener. Aplíquese aquí cualquier tema. Lo de Posorja es horroroso, no solo por los muertos, sino por la conciencia, la seguridad y frialdad de los asesinos, capaces de matar por lo que creyeron real. Aún hasta hoy, pese a que las autoridades han aclarado las razones por las que esas personas estaba en la Unidad de Policía Comunitaria, los habitantes de la zona siguen pensando que fue un secuestro, que debieron hacer lo que hicieron.

El hecho es lo de menos. El mundo en el que vivimos, la realidad objetiva no importa. Y al no existir hechos no somos más que nervios expuestos, saltando de un lugar a otro. Reproducimos estudios truchos, compartimos links de páginas sin ningún tipo de verificación en su manejo de información, nos creemos herederos de la razón.

Por eso saltamos, nos alteramos.

Y en uno de esos saltos quizás sea mejor acabar al fondo del precipicio. Uno real, el cual, de seguro no podremos identificar porque no lo veríamos como un hecho. O quizás ya no hay manera de ver un hecho. No importa lo que pasó, sino mi criterio.  Hace unos minutos, una estudiante dijo sin problemas que lo de Posorja estuvo bien, que no eran santos ni inocentes, que así no hubieran sido secuestradores merecían un castigo, porque sino saldrían en poco tiempo de cárcel. Me quedé helado.

Ahora pienso que ante el hecho de que nuestra justicia es un desastre preferimos, en este caso en concreto, no aceptar otra circunstancia o realidad adicional. Nos quedamos con el escaso sentido civilizado que nos queda porque la realidad se nos ha complicado. Esa es una reacción pobre, sin duda; por algo así seguimos saltando, como fusibles que no funcionan bien.

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