Colonias en la Luna y la reconstrucción de la música (sobre “Tranquility Base Hotel & Casino”, de Artic Monkeys)

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Un disco que se inocula como un virus, que se rechaza de entrada, pero que cautiva rápidamente. Un trabajo que no suena a Artic Monkeys, sino que está más cerca a The Last Shadow Puppets —el proyecto alterno del cerebro, cantante y compositor de los Monkeys, Alex Turner—, y que, sobre todo, deja que las guitarras no tengan el lugar principal. Tranquility Base Hotel & Casino altera la fórmula, le permite al grupo de Sheffield —Inglaterra— alejarse de la estructura que ha tenido por años: esa idea de banda de garaje que va a tocar en bares, cargada de letras que hablan de relaciones, con ese gran ingenio inglés plagado de oneliners, riffs de guitarra y canciones rápidas o hechas para cantarse en estadios.

Es muy probable que en pocos años estemos comparando lo que este disco ha significado para los Artic Monkeys, con lo que fue Kid A para Radiohead. Una destrucción para volver a construir. Mientras los ingleses de Cambridge decidieron buscar computadoras para hacer música, los Monkeys miraron a los años 70s. Sin embargo, el efecto es similar: ambos álbumes hablan sobre los riesgos de la vida contemporánea, a través de distintas sensibilidades.

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Hay una transformación evidente si se escuchan los seis discos de la banda, uno detrás de otro.  Y todo pasa por las búsquedas estéticas. Ya no son los chicos de 20 años que en 2006 lanzaron Whatever people say I am, that’s what I’m not y que en su tercer álbum Humbug —del 2009— se volvieron menos rápidos y más pesados. O que en su anterior trabajo, AM —2013— crearon temas para ser coreados por miles y miles de fanáticos en arenas o estadios. Hoy tienen ya 30 años y otras necesidades. Es como si todo el camino recorrido llevara a esto, al cambio.

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Alex Turner dejó de lado la guitarra para componer —en alguna entrevista ha hecho referencia a que ya no le decía nada el instrumento— y se sentó en su piano, en su casa de Los Angeles, para componer nuevas canciones. Y eso no fue el único cambio: esta vez no llevó cosas a la banda para desarrollarlas en conjunto en la sala de ensayos. Prefirió grabar demos en los que evidenciaba lo que quería. Más allá de eso, decidió aglomerar en una idea todo lo que podría decir  —muchos hablan de Tranquility Base Hotel & Casino como un disco conceptual, pero esa idea se mantiene únicamente por ciertas líneas temáticas y por lo sonoro; sin embargo no hay tal unidad en términos reales—.

La idea de este grupo de canciones viene de la ciencia ficción, de lecturas que tuvo —especialmente Neil Postman—, de obsesionarse con la obra de Stanley Kubrick —esto muy presente en el primer video del disco, para la canción Four out of five—, de hacer un análisis sobre cómo se vive la vida contemporánea, de cómo nos movemos en un flujo de información que, en lugar de hacernos entender cómo funciona el mundo y tomar partido, nos detiene y no nos deja pensar ni asumir posición. 

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Tranquility Base Hotel & Casino no es una lección o sermón por parte de Turner. En realidad es su forma de recurrir a una de las posibilidades más efectivas de la ciencia ficción: hablar sobre la humanidad, por debajo de toda una construcción de naves espaciales y conquistas científicas que permiten crear colonias fuera de la Tierra.  Lo que quiere decirnos queda insinuado y de cierta manera consigue cosas maravillosas, como volver melodiosa y agradable una palabra horrorosa como “gentrificación”.

En Four out of five asistimos a la promoción de una taquería en la terraza del Lunar surface —un edificio en la Lunas—; sin embargo, esta estrategia se convierte también en un juego y nos pone de frente a un proceso de gentrificación en la colonia lunar, que ha desplazado a los colonos para ubicar nuevos espacios de esparcimiento o de comida. Es una broma, total. Turner asegura que esto ha pasado desde el Éxodo y deja en claro que va a seguir pasando. En este caso el capital manda, y la diversión está garantizada. Ya no hay historia en las canciones de Artic Monkeys. Ahora es claro que pueden burlarse de ellos, pueden hacer jingles largos sobre locales inexistentes en la Luna, que reciben cuatro de cinco estrellas, en reseñas que no tienen valor, pero que son valiosas en sí mismas.

Es destruir para ser otros. Los mismos en otro contexto.

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Tranquility Base Hotel & Casino es un trabajo de 11 canciones que se sostiene de principio a fin. Es un disco autoreferencial en cierta manera —la primera línea del álbum, en el tema Star Treatment, dice: “I just wanted to be one of The Strokes / now look at the mess you made me make”—. Que suena al Pet Sounds de The Beach Boys, con chispazos del Bowie de los 70s. Que consigue darle el mismo nivel de importancia a Bukowski, las hamburguesas de queso y al snowboarding —como pasa en la canción She looks like fun—. Es un disco en el que el ingenio de Turner se mantiene, pero ya no es el mismo: ahora canta de otra manera, es un crooner, más que un cantante de rock. Este es un trabajo que le permite tener un lugar estelar al piano y a los sonidos sintetizados, con arreglos que nos pueden tener maravillados a medida que los identificamos.

Es un disco que concluye con The Ultracheese, lo más cercano a un musical que nos pueden dar los Artic Monkeys.

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El sexto disco de los Artic Monkeys fue compuesto sin pretensiones y por eso Turner no sabía cómo presentar los nuevos temas al resto de la banda —integrada además por Matt Helders, en la batería; Jamie Cook, en la guitarra, y Nick O’Malley en el bajo—. Le pidió al guitarrista Cook que escuchara lo que había hecho para saber cómo moverse. Este es un disco que Cook salvó para que no se convirtiera en un trabajo solista de Turner. Este es un grupo de canciones en el que ambos trabajaron intensamente, para presentar al resto de Monkeys demos con ideas de guitarras, piano y voz que, en un alto porcentaje, terminaron en el resultado final.

Este es un gran disco que demuestra que los adolescentes van a crecer. Que buscarán otras cosas y nosotros solo debemos estar ahí para ser testigos y disfrutar esos descubrimientos.

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En abril del 2006, en un artículo para Los Angeles Times sobre el primer disco de los Artic Monkeys, Jamie Cook lo dejó en claro: “Me gustaría que fuésemos como The Clash. Cuando empezaron, hicieron un disco de punk muy básico. Entonces comenzaron a quitarse eso de encima y se movieron en diferentes direcciones. Eso es lo que queremos”.

Lo han conseguido.

Un comentario en “Colonias en la Luna y la reconstrucción de la música (sobre “Tranquility Base Hotel & Casino”, de Artic Monkeys)

  1. Opino que la reseña está muy buena, el disco: no tanto – pero creo que la banda podrá llegar a hacer algo más completo (y sin tantas actuaciones teatrales por parte de Turner) con toda esta experimentación y fantástica experimentación en un futuro cercano.

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