Canciones imprescindibles – “Linger”, de The Cranberries

Ella tenía 17 años. Había sido hija de su casa —la niña sobre protegida, víctima de abuso sexual desde los 8 hasta los 12, como alguna vez lo confesara—. La que se sentía fea, rara, que no era capaz de levantar pasiones. La joven que sufría de anorexia, delgada, de ojos caídos y tristes. ¿Quién podía fijarse en ella? Entonces, en una discoteca, un joven lo hizo. Se le acercó y le pidió bailar. Bailaron. Se besaron, boca abierta y lengua. The whole package. Ella se quedó en cero. No supo qué hacer. A esa edad no le quedó más remedio que enamorarse. Lo hizo, no dejó de pensar en él.

La próxima vez que lo vio, en otra discoteca, él se acercó. No le prestó atención y repitió el mismo ritual con una amiga de ella. Su corazón se rompió, ese dolor inicial, lo terrible de la adolescencia.

Años más tarde —cuatro, para ser exactos—, cuando Noel Hogan le pasó un cassette con los cuatro acordes de una canción que no tenía melodía ni nada, ella, Dolores, decidió volcar toda esa experiencia y hacer un tema en la que la voz enamorada, desde esa rareza, le reclama por qué estuvo ahí, por qué alimentó sus esperanzas, por qué quiso permanecer. Ese grito joven que reclama la correspondencia que no fue real, porque estar en algún lugar, pertenecer con alguien en lo único que nos salva cuando somos jóvenes.

“Como adolescente, me sentía poco atractiva. Mi mamá no me dejaba usar maquillaje. Mientras mis amigas se emperifollaban, yo era sobreprotegida, la chica rara en el vestido de flores rosas, con moños en la cabeza y que tocaba el órgano en la iglesia”, dijo alguna vez Dolores O’Riordan al recordar el proceso de creación de “Linger” y cuánto tuvo que ver su crecimiento en esto. Esta es la sensación que le permite a la canción ser universal, una piedra lanzada con cariño al río, manifestando lo que ha querido Morrisey hacernos sentir siempre, pero que Dolores consiguió decirnos con la sensibilidad femenina: la autocondescendencia es parte de crecer.

 

If you, if you could return
Don’t let it burn, don’t let it fade
I’m sure I’m not being rude
But it’s just your attitude
It’s tearing me apart,
it’s ruining everything
I swore, I swore I would be true, and honey, so did you
So why were you holding her hand?
Is that the way we stand?
Were you lying all the time?
Was it just a game to you?

But I’m in so deep
You know I’m such a fool for you
You got me wrapped around your finger
Do you have to let it linger?
Do you have to, do you have to
Do you have to let it linger?

Oh, I thought the world of you
I thought nothing could go wrong
But I was wrong, I was wrong
If you, if you could get by, trying not to lie
Things wouldn’t be so confused
And I wouldn’t feel so used
But you always really knew
I just want to be with you

But I’m in so deep
You know I’m such a fool for you
You got me wrapped around your finger
Do you have to let it linger?
Do you have to, do you have to
Do you have to let it linger?
And I’m in so deep
You know I’m such a fool for you
You got me wrapped around your finger
Do you have to let it linger?
Do you have to, do you have to
Do you have to let it linger?
You know I’m such a fool for you
You got me wrapped around your finger
Do you have to let it linger?
Do you have to, do you have to
Do you have to let it linger?

***

Si tú, si pudieras regresar,
no dejes que se agote, que se desvanezca.
Estoy segura de que no estoy siendo grosera,
pero es solo tu actitud
que me está destrozando,
lo está arruinando todo.
Juré, juré que sería sincera, y amor, tú también lo hiciste,
así que, ¿por qué ibas de la mano con ella?
¿Estamos en ese punto?
¿Estabas mintiendo todo el tiempo?
¿Fue solo un juego para ti?

Estoy tan enamorada.
Sabes que estoy loca por ti,
me tienes comiendo de la palma de tu mano.
¿Tienes que dejarlo persistir? (linger)
¿Tienes que, tienes que,
tienes que dejarlo persistir?

Oh, te tenía en un pedestal,
pensaba que nada podría salir mal,
pero estaba equivocada, estaba equivocada.
Si tú, si tú pudieras hacerte cargo, intentando no mentir,
las cosas no serían tan confusas
y yo no me sentiría tan utilizada.
Pero tú siempre supiste
que yo solo quiero estar contigo.

Estoy tan enamorada.
Sabes que estoy loca por ti,
me tienes comiendo de la palma de tu mano.
¿Tienes que dejarlo persistir?
¿Tienes que, tienes que,
tienes que dejarlo persistir?
Y estoy tan enamorada.
Sabes que estoy loca por ti,
me tienes comiendo de la palma de tu mano.
¿Tienes que dejarlo persistir?
¿Tienes que, tienes que,
tienes que dejarlo persistir?
Sabes que estoy loca por ti,
me tienes comiendo de la palma de tu mano.
¿Tienes que dejarlo persistir?
¿Tienes que, tienes que,
tienes que dejarlo persistir?

 

La grabación, aún ahora, suena con esa ingenuidad inglesa del primer lustro de los 90s. El tono grave y suave de Dolores O’Riordan trata de esconderse en medio de guitarras acústicas, una batería dispuesta a la marcha y cuerdas que parecen salidas de alguna canción de Abba. Ella hace todas las voces, armoniza y es, al mismo tiempo, esa voz de fondo aguda que acompaña con una melodía que hace un contrapunto. Nada estalla en la canción, no va por ahí. Todo está contenido, porque no hay reclamo, sino capacidad de reinvención y de acomodarse a lo que pasa, pese a la tristeza y a dolor de una circunstancia así. Es un grito tenue, delicado. En el coro, ella canta en el centro del universo. Pronuncia las palabras como si estuviera diciendo otra cosa, enredando sílabas, fraseando sin dejar espacio entre las cosas que dice, abre la boca y todo se vuelve sonido.

“Linger” es la séptima canción del primer disco de la banda, “Everybody else in doing it, so why can’t we”, producido por Stephen Street —productor de The Smiths y de Blur, entre otros—. Empieza con un engaño, como si fuese otra canción, con otro ritmo, a otra velocidad, como si debiéramos prepararnos para algo más. Ese engaño que en la vida real permitió que esta letra existiera. Los elementos del tema están ahí, pero en otra dimensión. Las guitarras eléctricas arpegian, las cuerdas crean el ambiente y ella crea una melodía que suena al fondo. Cuando de golpe entra Fergal Lawler con su batería, como en marcha militar. El tema va creciendo en su onda acústica, hasta que —probablemente por influencia de Street— la guitarra de Noel Hogan pendula por los efectos, con un trémolo que no desentona con lo demás, y un sencillo solo de guitarra, con algo de eco, que es casi la continuidad de la dulce voz de Dolores en este tema.

Lo realmente impresionante de la canción —y de quizás muchas de las canciones de The Cranberries— es la sobrenatural capacidad de O’Riordan para armonizar todo lo que canta, con la misma intención y cadencia, repitiendo esa sensibilidad, una y otra vez.  El fraseo es el mismo, cambia el tono y eso permite que el cuadro se eleve, que los colores sean otros, que tengan una vivacidad distinta. Es una pena que en vivo esta parte importante de la canción no pudiera existir. Solo hubo una Dolores en escena. Solo una.

Y ahora la pena es que ella no exista más.

La pena se cura con las canciones. La pena es también una canción.

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