¿Los superhéroes se cansan? (sobre “Batman v Superman: dawn of Justice”, de Zack Snyder)

cine, Crítica cinematográfica
imagen tomada de Collider

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Una película, por más que sea producto de una industria, o un elemento más de entretenimiento de masas, es un objeto de consumo que se debe desentrañar, sobre todo para establecer un discurso que nos coloque, en este momento histórico, de cara a aquellas experiencias que culturalmente se vuelven importantes. Ya sea porque realmente lo sean o porque el marketing lo ha determinado así.

Hasta las cosas más insignificantes nos exigen una mirada. Por eso, cuando escucho comentarios sobre cómo la crítica se cree por encima de la obra que observa, dudo. Puede existir algo de eso en algunos críticos, pero esa mirada es necesaria, no es un ejercicio de ego ni de gusto, es una lectura que nos enfrenta a nuestras propias lecturas. Leemos de manera comunitaria y nuestro conocimiento crece por ese intercambio.

Estamos en un mundo en el que el cine de Hollywood usa al universo de los superhéroes como germen de sus grandes producciones y no podemos escapar de eso. Este año no lo haremos: en menos de un mes tendremos al Capitán América dándose de golpes con Iron-Man y semanas más adelante volverán los X-men a la pantalla, porque no hay nada más que hacer, el cine es ahora una plataforma en la que los personajes de los comics se deben desarrollar, pero no como se supone que podría ser.

Y aquí entro de lleno a hablar de una película que viene a presentar oficialmente todo el espectro DC Comics en el cine, de una manera que ha sido criticada por muchos expertos y parte de la audiencia. Batman v Superman: dawn of Justice no es una mala película —Deadpool sí lo es. Punto—; sin embargo es un filme con tantos errores, vacíos y pésimas decisiones narrativas que la experiencia es conflictiva. Para mí, geek fanático de estas manifestaciones pop, la película funciona, pese a que busca, en sí misma, no funcionar.

Aquí estamos ante las consecuencias de lo que pasó en Man of steel, con un Superman que en su afán de detener a la amenaza que quiere someter al mundo es capaz de destruir media ciudad y un pueblo, con todas las víctimas —o daños colaterales— posibles. Zack Snyder escuchó los reclamos de muchos, ya que en este filme del 2013, Superman ignora al resto de personas, algo que no es parte de la naturaleza de su personaje: el Hombre de acero no va a poner en riesgo a nadie mientras intenta salvar a la gente; pero en esta adaptación de Snyder lo hace, por lo que el enfrentamiento con el Batman que interpreta Ben Affleck es inevitable —en cierta medida—: toda esa destrucción y muerte convierte a Superman en un peligro ante los ojos del millonario trastornado que se convierte en justiciero por la noche. En algún punto Bruce Wayne le dice a Alfred Pennyworth —un fabuloso Jeremy Irons—: “Él tiene el poder para borrar a toda la raza humana. Debo destruirlo”. Ese riesgo inminente en la figura de Superman levanta suspicacias en un frente político —que incluye audiencias en el Senado de Estados Unidos—, así como en otro millonario con secretas intenciones, Lex Luthor. Superman está siendo “atacado” por tres frentes y en esta película vamos a ver cómo se soluciona algo de esto y cómo se abren nuevas interrogantes que se van a desarrollar en próximas películas.

imagen tomada de comingsoon.net

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Porque con el cine de superhéroes ya no estamos ante dinámicas autónomas. Las películas no son vehículos en sí mismas sino puentes para otras. Con un corpus medianamente autoral —quizás con ciertas decisiones de estilo visual— este tipo de cine busca la continuidad que destruye el concepto de unidad de cada una de sus partes. Los filmes que más se consumen en el mundo son una experiencia que devora la idea de la película unitaria. Vemos este filme y ya estamos pensando/respirando/viviendo los que se vienen, como continuaciones.

Ya desde el título estamos ante una película trunca. No es “vs”, sino “v”, como un intento marketero y ridículo de enseñarnos a leer de otra manera, de forzar estas construcciones casi religiosas de personajes, a través de reboots y otras invenciones de mercado, que a veces no resultan, o son sospechosamente burdas. Pese a tener unos minutos iniciales que funcionan, que dan un tono y ciertos rasgos a los personajes, enseguida todo se pierde y estamos ante secuencias mal realizadas—lo que extraña en un director que es visualidad pura—, mal editadas —¿qué demonios pasa, finalmente, en África para que Superman sea esa amenaza mundial?—, conflictos que se aligeran y un entramado de acción tras acción que no da espacio a que nada decante. No hay un ritmo notable en la película y eso le juega en contra. Hay tantos personajes y subtramas que siempre debe pasar algo y eso repercute en la fórmula.

En el desenlace la película mejora, pese a que esos vacíos e incongruencias siguen estando —¿la motivación de Lex Luthor es en serio tan torpe como la pintan ahí de manera directa? ¿De un momento a otro Batman se puede amigar con Superman con la pronunciación de una palabra?—. El final deja todo arriba porque Snyder consigue algo que en su primera acercamiento a estos personajes —en Man of Steel— no consiguió: darle un espacio a cada uno. Henry Cavill es finalmente Superman, luego de pasar casi dos películas buscando su espacio en ese mundo. Y el gesto discreto con el que lo consigue hace que todo se sostenga. Ya era hora. Lo mismo sucede con el Batman que hace Ben Affleck, un homenaje al Dark Knight que hiciera Frank Miller —tanto en apariencia como en gestos—, pero con una salvedad:  este personaje está tan movido por la ira y el miedo que deja de ser el estratega y detective que suponemos debe ser, volviéndose el “matón” de otra persona, aún sin conciencia de eso. Ese quizás sea el punto flojo de este Batman, pero una vez que comprende lo que ha hecho, lo que le ha pasado, lo vemos en todo su esplendor, especialmente cuando toma decisiones que van a cambiar el curso de esta historia y de este universo fílmico de DC Comics: la secuencia en la que combate cuerpo a cuerpo con una serie de villanos es lo mejor de la película. La Mujer Maravilla está ahí—Gal Galdot deja en claro que su heroína no va por medias tintas—. Es un personaje que orbita la historia y aparece como esa guerrera que pocas veces se ha visto en el cine. Quizás por eso es lo que muchos han señalado como lo más valioso del filme, aunque su presencia no sea mayor a 10 minutos.

imagen tomada de larepublica.pe

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El Lex Luthor que hace Jesse Eisenberg es una pieza interesante, sobre todo por el juego de apariencias y deseos que esconde, pero da la impresión de que mucho de aquello que le podría dar valor real se quedó afuera, en la edición. Tendremos que esperar hasta julio a que salga la “Ultimate cut” (la versión en Blu ray) que va a tener 30 minutos más de metraje, para descubrir elementos adicionales que den mejor forma a lo que quedó ahí, sin la fuerza necesaria—ayer, Warner incluso publicó un video de 45 segundos de una escena eliminada en la que entendemos algo del mensaje críptico que da Luthor al final del filme—. Este villano no tiene empacho en hacer lo que hace y utilizar a la gente para llegar a sus objetivos, para imponerse. Pese a lo freak que puede ser su apariencia, Eisenberg convierte a Lex Luthor en un CEO del infierno, capaz de todo para conseguir lo que quire, aunque no nos quede claro el por qué.

Hans Zimmer y Junkie XL hacen una banda sonora que funciona en esta ocasión, porque si bien utiliza esos elementos percusivos —atosigantes— que son firma de Zimmer, esta vez hay una melodía presente, que trata de recuperar en algo esa gloria del superhombre que durante años ha conseguido John Williams con sus composiciones, con un cruce muy de cartoon de fin de semana que ayuda a generar atmósfera. La música es quizás lo más grande de esta película. Larry Fong vuelve a trabajar con Snyder en la fotografía y es por eso que, cinematográficamente hablando, la película es un guiño mucho más cercano a lo que este director hizo en 300 que a lo que se vio en Man of Steel. Pese a esto, la fotografía es lo menos interesante de una película de este tipo: tonos oscuros y fríos para Batman y cosas más claras y tibias para Superman. Una división obvia que al final desaparece, porque todos los héroes son todo o se supone que deben representar un todo.

imagen tomada de collider.com

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Una película medianamente buena puede conseguir 420 millones de dólares en su fin de semana de estreno mundial. ¿Eso es una señal de los tiempos por venir? No, es una señal de que hay algo que está pasando. Sin ser el desastre que muchos dicen —la película divierte y el final sí emociona— Batman v Superman… es solo un ejemplo más de cómo una estructura de negocio toma personajes de un soporte distinto y los adapta a una dinámica que los convierte en más bidimensionales de como salen en un papel. Tal como lo señala David Ehrlich, en un artículo publicado en Rolling Stone:

“Una de las grandes emociones de los comics y las novelas gráficas es que todo, absolutamento todo, puede pasar -igualado solo por la telenovela, como la forma narrativa más fluida de Occidente-. Ellos pueden con felicidad hacia donde sea que esta los lleve, sus historias fluyen como el agua de un río. Superman murió de manera muy publicitada a inicio de los 90s y de inmediato fue reemplazado por cuatro versiones diferentes. Así no funciona en las películas. Para nada. Hollywood, literalmente, no se puede dejar llevar por las mismas reglas. Parafraseando a la tía May (sic): “Con grandes presupuestos vienen grandes responsabilidades”. Las películas de superhéroes son tan grandes que no pueden fallar”.

No hay riesgo en esta película, pese a que Snyder es el único director que se arriesgó y llevó a buen puerto la adaptación de esa joya de Alan Moore llamada Watchmen. Pero en el fondo, un director que se arriesga no debe ser sinónimo de una película que arriesga. En este caso, Batman v Superman… intenta contar mucho —los cameos de Flash, Aquaman y Cyborg, así como las referencias a Darkseid como un futuro villano de este grupo de superhéroes rozan la parodia— y al hacerlo se atropella a sí misma. No crea un universo fílmica más oscuro o cínico que lo que hace Marvel con sus películas —que también pueden ser un desastre— sino que se excusa en eso para ofrecer al espectador un filme que confunde y no es sincero en mucho de su metraje. Menos siempre es más.

Películas que cuestan tanto, que generan tanto hype y que consiguen tantos ingresos no deben tomar tan a la ligera su historia. Al final de cuentas lo que importa en una historia de superhéroes es aquello que pasa, las metáforas detrás de esas acciones, las consecuencias de estas hechos en los personajes. Hollywood es una fábrica de salchichas, lo sabemos; pero hasta las salchichas deben tener sabor.

Batman v Superman: dawn of Justice

Dir: Zack Snyder

Guión: Chris Terrio y David S. Goyer

Elenco: Henry Cavill, Ben Affleck, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Amy Adams, Holly Hunter, Diane Lane, Laurence Fishburn

DC Entertainment, RatPac Entertainment, Atlas Entertainment, Cruel and Unusual Film, Warner Bros. Pictures

2016

 

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