La seguridad del presidente turco que no ama a las mujeres ecuatorianas

Derechos humanos, Opinión, Reflexiones sobre política

¿Existen imágenes más terribles que las que mostrara ayer el noticiario de Ecuavisa? No, sobre todo porque mientras tres mujeres son agredidas en el auditorio del IAEN, en plena intervención del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el resto aplaude. Sí, hay aplausos porque lo que pasaba en los asientos de atrás no importaba.

Esa gente que aplaudió debería sentirse avergonzada. Pero no, nadie.

Y quizás sea de mala educación interrumpir a alguien, por más criminal que sea, pero esa dinámica de callar a los que se manifiestan en mi contra es algo que no se puede dejar pasar, sin importar la situación, ni protagonistas. No se puede.

Al menos el ministro del Interior y la Presidenta de la Asamblea han manifestado su rechazo a este hecho, en redes sociales, pero de ahí no va a pasar. ¿Por qué? Por la pelotuda “inmunidad diplomática”.

Lo bueno es que tenemos a Roger Murtagh por ahí. Él nos enseñó hace ya varios años que la inmunidad diplomática no puede ser vista como patente de corso.

UPDATE: El Canciller, Ricardo Patiño, ya se refirió al tema y lamentó lo que hizo la guardia turca, pero (como iba a pasar, sin dudas), también lamentó “muchísimo que el presidente Erdogan haya sido objeto de gritos e insultos cuando estaba ofreciendo una conferencia en el IAEN anoche (…) nos parece de lo más irresponsable e irrespetuoso que personas que asistieron se hayan levantado a insultarlo y al salir igual”.


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