Otra vez, Idrovo

Opinión, Reflexiones sobre música, Reflexiones sobre política

Supongo que no se puede decir mucho. A veces la imagen pública del artista o lo que hace en la vía pública no es más que un ejercicio de destrucción de su propia obra. Así pasa y así es. Hugo Idrovo es nuestra prueba más cercana. Ayer, como respuesta a una carta/artículo de Roberto Aguilar (publicado en 4pelagatos), Idrovo se sintió en la obligación de responder algo que, quizás, no necesitaba respuesta.

Pese a lo duro que puede ser Aguilar en su texto (en su mayoría, de una lucidez a prueba de cualquier réplica), hay cosas deben tomarse como lo que son: lecturas, opiniones y reacciones a lo que yo, públicamente, he dicho. La consecuencia que no soporta Idrovo al hacer pública su filiación, al poner su obra como escudo, es esta.

Hay algo lamentable, de lado y lado, pues por cada texto de un Aguilar (con la altura intelectual necesaria para una discusión colectiva), vamos a tener 10 mil comentarios penosos como los que podemos encontrar en ese post y en otro, en el que se incluye la lamentable respuesta de Idrovo. Así como hay decenas y decenas de opiniones en redes sociales y en la web sobre lo que hizo el autor de “Venenoso batracio”, el mismo cantante no es capaz de contenerse. Esa es la medida del ecuatoriano de ahora.

Aquí, bajo su propio riesgo, lean la carta de Aguilar y la respuesta de alguien que para salir de la arena movediza decide moverse y moverse, para hundirse más. Me da pena ser testigo de algo así.

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