El artista sobrevive sus filiaciones (sobre la bronca con Hugo Idrovo)

artículos, Opinión

Es deporte humano dejar de lado la posibilidad de discutir algo interesante. Mejor es pelear, armar una bronca absurda y mandar a la mierda a Hugo Idrovo por lo que dijo el sábado 16 de enero, en la celebración que hizo el régimen de Rafael Correa por sus nueve años en el poder. Sí, se trata de putearlo por su sueldo, por ser un empleado del Estado, por decir algo que no gusta, por expresarse de la manera que se expresó.

En una entrevista a diario El Comercio, Idrovo desarrolla la idea: “Yo lo dije: Yo soy borrego y no lo niego, no lo canté. Soy un artista con un pensamiento político. Desde el 2006 tomé una decisión: unirme a una transformación republicana, liderada por Rafael Correa (…) Cuando entró en campaña y escuché su pensamiento político, fue la primera y la única vez en mi vida en que mi arte se juntó a un pensamiento político y aquello se ha reafirmado a pesar de la infamia, la mediocridad alrededor, la descontextualización a través de redes sociales”.

Hugo Idrovo tiene todo el derecho a tener las filiaciones políticas que quiera, de expresarlas, de trabajar acorde a ellas, de gritarlas, bailarlas, revolcarse con ellas, decírselas al mundo. Tiene el derecho.

Sin embargo, ¿dónde realmente deberían estar las filiaciones del artista?

Aquí es donde entramos en problemas y quizás donde deberíamos centrarnos. Porque si el artista, por definición (soy un romántico empedernido), busca subvertir, darle la vuelta a la realidad y mirar de otra manera, debe usar como herramienta de observación a la desconfianza, incluso cuando se enfrenta a aquello que parece ser confiable y cercano a sus pasiones. Es en las rupturas en las que encontramos arte, no en el elogio al status. Y la ruptura mayor está en ni siquiera fiarse de las ideas, criterios, visiones de la realidad y esperanzas personales. “Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”, cantó Charly García hace años, con mucha razón: no es que el artista no está en el aquí y ahora, no es que niega la comunidad. Simplemente sabe que en la alteración de esa realidad, en ese cuestionamiento constante, existe la posibilidad de conseguir algo que golpee al espíritu del colectivo.

Idrovo lo ha conseguido en muchas ocasiones en el pasado. Quizás la realidad de entonces le permitía ese choque y rechazo distancia para crear universos propios, desarrollar una estética que significó mucho para muchos.

Pero, ¿qué pasa cuando esa realidad se alinea con nuestros universos propios? ¿El que hace arte deja de hacerlo?

No sé, se me ocurre que para partir de algo debo decir que para mí el determinismo es una tontería. Y lo que pasó ese sábado solo puede entenderse como eso: la unidad lógica que Idrovo asume como real entre lo que profesa, lo que ha visto, y lo que siente como discurso, todo como resultado de la presencia de Correa en la vida de Ecuador. Cuando el artista entra en ese terreno hay algo que se rompe, que debería romperse. No existe posibilidad alguna de congeniar un deseo de intervención artística para transformar la existencia cuando esta ha llegado al punto que has buscado siempre.

¿Eso significa que el arte es sufrimiento? No, el arte es la lidia del mundo exterior con el mundo interior, ese tira y afloja que produce un “objeto” que va a contener una mirada, criterio, una forma de conexión. El arte es un puente y en ese caso un artista siempre podrá encontrar los puntos con los que quiere establecer el contacto. No siempre pasa por lo político.

En la misma entrevista en El Comercio, Idrovo hace una clara alusión a su obra y a su posición política como algo que no es nuevo: “Si la gente aplaudió Gringa Loca es porque dice ‘las leyes de tu país, gringa, humillan a los pobres, mi vida fue desdichada desde que entré a tu embajada’. En Venenoso Batracio, la gente disfrutaba de la parte que decía: ‘Con esa cara igualita a la de Elsa’ y sabes a qué familia me refiero… Soy un trovador”. Hay que tener una piedra en la cabeza para negar la carrera de Idrovo y el carácter de sus composiciones.

Es esa conciencia política la que se puede convertir en un problema, sobre todo, cuando se enfrenta a la realidad. Porque la realidad es más que un discurso, o la atomización política que podamos hacer alrededor de esa realidad que asumimos como evidente. Todo acto público de aceptación de un proyecto político involucra la aceptación de sus aciertos, pero sobre todo de sus desaciertos. Y estos últimos son los que pesan.

El 21 de septiembre de 1976, Jorge Luis Borges está en Santiago de Chile, y recibe, de la mano de Augusto Pinochet, un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile. Ese mismo día, en Washington, asesinan a Orlando Letelier. Durante la velada y como señal de agradecimiento, Borges pronuncia las siguientes palabras: “En esta época de anarquía sé que hay aquí, entre la cordillera y el mar, una patria fuerte. Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita (…). Y aquí tenemos: Chile, esa región, esa patria, que es a la vez una larga patria y una honrosa espada”. Aplausos. Luego se reuniría con Pinochet y lo describiría como una excelente persona. Se dice que por esto perdió el Nobel de Literatura, entre otras razones.

Años después, ante la gran cantidad de víctimas de la violencia gestada por los milicos, Borges se arrepentiría de sus palabras.

La lista de artistas y sus acciones, posturas, declaraciones y construcciones políticas es eterna. Van de un Elia Kazan delatanado a compañeros del Partido Comunista ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas, a un Noel Gallagher dándole un espaldazaro a Tony Blair, cuando los nuevos laboristas empezaban su época dirigiendo Reino Unido; pasando por un Johnny Ramone, quien en su contradictoria naturaleza de punk y republicano, decidió pedirle a Dios que bendiga a George W. Bush cuando The Ramones fueron ingresados al Rock and Roll Hall of Fame; hasta Gloria y Emilio Estefan, que aparecen como fervientes anticastristas. No existe nadie más conservador en el mundo que Gene Simmons y de cuando en cuando encontramos en los medios sus tristes frases para evidenciarlo: “Un dictador benevolente es la manera más eficaz para dirigir un país”. Dave Mustaine ha llegado a decir, en concierto, que Barack Obama ha orquestado varias de las masacres masivas en centros educativos de Estados Unidos para encontrar apoyo en su “nefasto” plan para prohibir armas.

No se puede pensar en Neil Peart sin hablar de la obra y el pensamiento de Ayn Rand. El baterista y letrista de Rush la usó como referencia básica para el disco 2112; aunque en los últimos años se sienta un tanto lejano a esa perspectiva (Peart ha dicho que se considera un libertario de corazón sangrante). Él ha sido capaz de llamar a George W. Bush “un instrumento del mal”, y de asegurar que para alguien con su sensibilidad solo queda votar por el partido demócrata.

The Beach Boys son un ejercicio de contradicción entre arte y política, entre las perspectivas de Brian Wilson y Mike Love. Una banda esquizofrénica que representa la corrección norteamericana (que empezó como diversión pura, surf, chicas en bikinis y pelo largo), que ha apoyado hasta el cansancio a distintos candidatos y presidentes republicados (Romney y Reagan, respectivamente), y que al mismo tiempo, con la presencia del genio Wilson, ha sido capaz de cambiar, romper, dar la vuelta y reformular la música popular. Las dos visiones no pueden congeniar, pero existen.

Pudiera seguir. Idrovo no está solo. La lista de músicos locales que en casi una década han apostado por hacer público algún tipo de relación con el régimen es extensa. Solo hay que hacer una pequeña búsqueda en Google para encontrar que en varios enlaces ciudadanos han pasado diversos cantantes, que han llegado a dar declaraciones como: “Lo que admiro en lo personal del Presidente es el esfuerzo físico, lo que significa llevar la sabatina a cada sector de la patria para que todos los ecuatorianos estén permanentemente informados y que sientan que no se trata de un gobierno centralista sino que se trata de un proyecto país que involucra a todos los sectores, principalmente a los que fueron relegados por décadas”. Fausto Miño dixit.

Otros han aparecido en incontables notas de espacios de comunicación gubernamentales, afirmando las maravillas de algunas leyes de esta etapa, como la Ley de Comunicación, enfocados en el apartado del “1 x 1”.

Pero Idrovo se apropia del proyecto político con lo que pasó ese 16 de enero. Quizás nadie lo ha hecho así por acá. Hay algo valiente, desde luego; también torpe, pero no por lo que muchos creen y siguen afirmando. Incluso este domingo, en el portal “4pelagatos“, aparece un meme de CrudoEcuador en el que se sigue dando vueltas a la ridícula idea de que Idrovo dijo eso por ser un empleado del Estado, y ganar más de cuatro mil dólares al mes. Como si ese fuese un dilema real, como si Idrovo no tuviera derecho a trabajar y a recibir un sueldo en función de su cargo, como si trabajar para el Estado involucrara un problema ético, como si conocieran a Idrovo y asumieran que alguien, que él, es capaz de decir lo que dijo solo porque le pagan. A veces me aterra la facilidad que tenemos en este país para asumir que la corrupción, la poca ética, sea la medida de todo.

Imagen tomada de http://4pelagatos.com

Imagen tomada de http://4pelagatos.com

Un artista, de los de verdad, va a sobrevivir a la evidencia pública de sus pasiones políticas, acciones, desvaríos, destrucciones. Uno mediocre, nulo, ridículo, no.  La obra no se mancha; o si se mancha no lo hace en la dimensión que creemos. Un artista puede ser la peor persona del mundo o el autor de una de las peores acciones que hayamos conocido o auspiciante de crímenes y eso no debería significar que el arte se reduce (¿podemos ver en Albert Speer a un nazi más o a uno de los más grandes arquitectos que sucede que era nazi?). Quizás con una reflexión más precisa, el arte se dimensiona y hasta se podría indagar sobre su carácter cuestionador.

Idrovo dijo algo que le va a pesar y no por lo que la ilusión de opinión pública que hay en redes sociales asume como un acto para denostar, sino porque al decir que ahora, con el gobierno de Rafael Correa, su arte y su pensamiento político se han unido, ha determinado mucho. Ha levantado la mano, ha dicho algo que pone en riesgo su obra, porque al afirmar lo que afirmó volvió a su cancionero (que para mí es gigante) en un escudo que podrá romperse o no cuando ya no estemos en esta etapa, o que se resquebrajará mientras sigamos descubriendo las cosas que este poder, que este gobierno, hace, para bien y para mal. Como lo hacen todos los gobiernos.

Todo poder buscará siempre jodernos, tomarnos por tontos y despellejarnos para sobrevivir. El arte sabe esto. Idrovo lo ha ignorado, y ahí está el problema.

2 comentarios en “El artista sobrevive sus filiaciones (sobre la bronca con Hugo Idrovo)

  1. La cosa con Idrovo, para mí, no es tanto el hecho de que sea correista, es la forma. Recuerdo que una vez en un concierto aniversario de Pueblo Nuevo salió a escena a cantar y al final se empezó a mandar cantos de “viva el presidente Correa” super fuera de lugar, convirtiendo lo que era una gala en honor al grupo en un acto panfletario (ya sé que los propios Pueblo Nuevo son afines pero hasta en ellos se veía la cara de “no seas tan…”). Más allá de estar o no de acuerdo con su ideología, Idrovo se ha mostrado como un lambón y eso lo baja de niveles en mi escala.

  2. aparece un meme de CrudoEcuador en el que se sigue dando vueltas a la ridícula idea de que Idrovo dijo eso por ser un empleado del Estado, y ganar más de cuatro mil dólares al mes. Como si ese fuese un dilema real, como si Idrovo no tuviera derecho a trabajar y a recibir un sueldo en función de su cargo, como si trabajar para el Estado involucrara un problema ético, como si conocieran a Idrovo y asumieran que alguien, que él, es capaz de decir lo que dijo solo porque le pagan. A veces me aterra la facilidad que tenemos en este país para asumir que la corrupción, la poca ética, sea la medida de todo.

    Respecto a: como si trabajar para el Estado involucrara un problema ético.

    Para el estado si es un problema etico si no eres perro del gobierno y de correa NO PUEDES TRABAJAR EN EL ESTADO NI SE PROVEEDOR DEL MISMO.

    Asi lo ha definido, Correa, roberto wewvalgovergahemut, amauri chamorro y otros miserables que lucran del estado. El que Idrovo haya dicho semejante palabreria da mucho que pensar de el como persona no como artista y ver que si es capaz de venderse, el mismo idrovo no ha dicho nada sobre los problemas de galapagos en temas turismo y en cultura ha hecho poco o nada en ese cargo…… AHI ESTA EL LIO DE SUS PALABRAS SU SUELDO Y su ultimo plagio.

    Con ese antecedende pues es facil deducir que con orgullo se dice borrego cuando le pagan 4000 mensual por decir que es borrego y tener un cuadro de correa en el despacho o como decia pancho jaime. Por mamarle el huevo al jefe.

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