La ausencia es Bond, James Bond (sobre “SPECTRE”, de Sam Mendes)

Crítica cinematográfica
imagen tomada de scifigallery.wordpress.com

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James Bond puede ser muchas cosas: bebedor empedernido, ególatra, francotirador experto, misógino y salvador que hace todo lo que está a su alcance para no perder la apuesta en cada una de sus historias; pero lo que no puede ser es protagonista de una mala película. “Skyfall” (2012) dejó la medida arriba, en todo sentido, sobre todo porque presentó un conflicto en el personaje que se tradujo en un final que revienta en parafernalia y nostalgia, un villano increíble que sedujo de entrada y una serie de guiños a los elementos clásicos de la saga cinematográfica, que para todo fan fueron un regalo (no solo en pequeñeces, sino recuperaciones y renovaciones de personajes como Q y Moneypenny). Pero en “SPECTRE” nada de esto sirve, sucede, o atrapa. No parece una película producida por la misma gente, escrita por los mismos guionistas, protagonizada por cuatro de los actores de la anterior, dirigida por el mismo director.

“SPECTRE” es una decepción narrativa. La peor película de Bond en mucho tiempo.

Todo en “SPECTRE” es un despropósito, incluso se siente falso y ridículo el exceso de pericia de Mendes por evidenciar que puede hacer planos secuencias que buscan dejar sin aliento al espectador, como un intento por superar las maravillas anteriores, por el deseo del espectáculo. Bueno, las películas de Bond deben ser eso: show, pero con Daniel Craig a la cabeza habían dejado de ser un ejercicio vacío de explosiones (algo que con Pierce Brosnan se había convertido en la medida) y apostaban por una construcción de personaje distante, que luchaba todo el tiempo por evidenciar en menor medida lo que realmente sentía y que tomaba decisiones impulsivas que al final resultaban porque él sabía que debía dar el 200% para arreglarlas. Hay una consecuencia en cada una de las acciones que este Bond de Craig tomaba. En “SPECTRE” no hay nada de esto, las reacciones a sus acciones son solo anecdóticas, no tocan al personaje. Siguiendo una pista dada por su antigua jefa, la fallecida M (Judi Dench se da la manera de volver a la saga, pese a que su personaje ya no está), Bond entra en una serie de encuentros sin sentidos, gratuitos, que lo van a llevar a su enfrentamiento con Ernst Stavro Blofeld, como si se hubiera encontrado una mancha en su traje.

Ninguna motivación funciona y cuando el villano abre sus alas y se revela como lo que es… nada, no pasa nada.

SPECTRE no es esa gran organización del mal de antaño. El guión fracasa cuando nos quiere decir que todo lo que pasó con Bond, en las tres películas anteriores protagonizadas por Craig, es producto de este colectivo criminal del que no habíamos escuchado nada antes. Una ligazón que no resiste mucho análisis y que no se explica. SPECTRE es un grupo muy malo y debemos creerlo porque en un punto, en una escena robada de “The Dark Knight”, Mr. Hinx (personaje interpretado por Dave Bautista) hace su cruel y contundente aparición. Y pare de contar. Como grupo de villanos, SPECTRE es mucho más cercano a una reunión de amigos de fines de semana, con la intención de dañar a alguien: es decir, una reunión de directorio de empresa cualquiera. Es una organización terrible porque todos lo dicen, no porque lo veamos. Lo que vemos es mínimo y no porque nos quieran ahorrar metraje o justificaciones, sino porque en realidad lo que SPECTRE hace es meterse en teléfonos de varias personas, intentar asesinar a una mujer, escuchar conversaciones privadas, mostrar videos de lo que sucede dentro de MI6 y destruir lo que ya está destruido. Nada más. SPECTRE está en todos lados porque vemos que sabe lo que pasa en cuatro sitios y ya. Al frente de todo esto tenemos a un Blofeld reducido a antagonista que quiere hacerle mal a Bond porque sí, porque hay una venganza ridícula y porque no puede perdonar lo que pasó en la niñez.

imagen tomada de soycomodoro.com.ar/

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Sam Mendes consigue que Christoph Waltz haga del villano más plano del mundo y que Daniel Craig haga de un Bond agotado. Andrew Scott, que no en vano es el Moriarty del Holmes de la televisión, debe ser el funcionario público más anodino de la historia que solo está ahí para representar una posible amenaza que nunca termina de cuajar. Dave Bautista hace de un Oddjob mucho menos interesante, pero amenazador y es el protagonista de una de los mejores momentos de la película: la secuencia de pelea en el tren, que sin música incidental, impacta.

En Skyfall, la Moneypenny de Naomi Harris era de armas tomar, acá se desvanece. Q (Ben Whishaw) tiene un momento de labor de campo que lo acerca al Benji que hace Simon Pegg en la saga de Misión Imposible. Léa Seydoux, la chica Bond de esta historia, recupera, extrañamente para la época de Craig, la idea de la damisela en peligro hasta el punto del cansancio. M  (Ralph Fiennes) es también una sombra frente a lo que pasó en el filme anterior, pese a tener más tiempo en pantalla y representar a un dinosaurio que se niega a desaparecer.

Aquí no hay nada. Explosiones que no maravillan, giros que no sorprenden, diálogos que llenan los espacios vacíos. Así llegamos a un desenlace apresurado que sale de ningún lado y que te pide a gritos que todo termine y que no siga pasando. Lo interesante de este Bond que hace Daniel Craig se desdibuja, no existe más, al final solo arranca un carro y se va. Nos deja ahí, pensando en lo que pudo haber pasado, en que a mucha gente le va a gustar esto, pero sentirá que la historia quedará debiendo. Cuando pasen los años, SPECTRE tendrá el mérito de ser la película que destronó a “Quantum of Solace” como la peor en la etapa de Craig. Y eso es mucho.

SPECTRE
Dir: Sam Mendes
Guión:John Logan, Neal Purvis, Robert Wade y Jez Butterworth
Elenco: Daniel Craig, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Léa Seydoux, Naomi Harris, Ben Whishaw, Dave Bautista, Monica Belluci
Eon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Columbia Pictures
2015

 

2 comentarios en “La ausencia es Bond, James Bond (sobre “SPECTRE”, de Sam Mendes)

  1. Spectre fue una experiencia dolorosa, no solo por insípida y sin sentido, sino porque fue mi papá el que me pidió que lleve a ver la película. Él salió del cine con la misma cara que un niño abre un regalo de navidad que terminan siendo un par de medias. No hubo ese regocijo de ver a Bond.

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