El ejercicio fallido de mirar con crítica el presente, ignorando el pasado (sobre un post de Rubén Darío Buitrón)

Imagen tomada de rubendariobuitron.wordpress.com

Me gusta cuando Rubén Darío Buitrón escribe sobre “ofensas a la historia”. Me gusta mucho. Sobre todo porque lo hace desde una posición en la que ignora su propia historia, su figura de importancia periodística que cayó de golpe por algo que él asumió como un error —esa extraña “entrevista” a Caparrós en marzo de 2013 que nunca fue tal que significó su salida de diario Expreso  y que desencadenó una  serie de hechos que, a la interna y a la mirada pública, terminaron con su salida del diario Expreso—, o como un mal intento por hacer algo creativo en el terreno del periodismo. Usted se puede quedar con la justificación que le parezca más precisa.

Premisa 1: un error en el periodismo no tiene por qué borrar los aciertos. Pero sí que lesiona.

Sin embargo, diera la impresión de que para él nada hubiese pasado y que la capacidad de analizar la realidad o la misma práctica del periodismo es algo que se puede hacer bajo cualquier condición. Y bueno, eso es verdad. Él y cualquier otro tienen derecho a dejar en claro sus opiniones o exponer sus puntos de vista, pero ¿el costo del error del pasado no significa nada? El único pasado que no puede perdonar Rubén Darío Buitrón es el ajeno, aquel que se pone en su camino para definir a aquellos que define, hoy por hoy, como enemigos de la revolución ciudadana. Su pasado, en vista de cómo escribe sus artículos, simplemente no estorba: una polémica sobre una “extraña y falsa” entrevista a Martín Caparrós no salpica nada, no mancha, nada ha pasado, no es presión para detenerse a pensar más de una vez en cada adjetivo que va a escribir.

Yo leía a Rubén Darío Buitrón y le creía todo. Después de ese caso, es muy difícil para mí no leerlo desde la posición de que a lo mejor sus lecturas no son acertadas o de que está siendo creativo y transformando sus puntos de vista en algo que no son, para generar otra cosa, porque hay algo que quiere probar y que no está muy claro para sus lectores.

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Eso es pagar muy caro por algo que hasta ahora no ha quedado claro, todavía. Él ha escrito sobre eso y supongo que desde su confesión ya debe estar todo saldado; sin embargo, su descargo sigue sin tener sentido: “La supuesta entrevista fue, en realidad, un ensayo-perfil acerca de la novedosa e irreverente reflexión del destacado intelectual argentino sobre acontecimientos de gran coyuntura internacional (…) Usé un formato y un diseño confuso, sin advertir al lector ni al protagonista que se trataba de un ensayo-perfil donde también irían otros textos y, además, mis opiniones y análisis en cursiva”, escribió en un post en su blog. Lo cierto es que el carácter de “experimento-ficción” de este ejercicio estaba aclarado en la edición impresa, no en la web. ¿Por qué algo así? Fácil: no existe ningún sentido práctico para un diario en aclararle al lector que lo que va a leer no es precisamente una entrevista. Buitrón quiso hacer algo que, conceptualmente, contradice la razón de ser de la profesión y el acuerdo con el lector. El riesgo de lanzarse es no caer de pie.

Lo trataron mal, yo lo he tratado mal —lo pude hablar en persona con él—, el golpe fue duro.

Y hay un pedazo de mí que se complace en saber que alguien puede recuperarse de algo así, al menos desde la posición de observador impune. Pero otro lado me dice que no, que es muy pronto, que Buitrón, al haber jugado con los hechos —al haber alterado los lugares de procedencia de ciertas frases, para armar un texto que era una entrevista, pero no—, debía tener algo de recaudo y dejar de hacer lo que hacía (y que sigue haciendo) por mucho más tiempo. Esperar, tener paciencia para que todo decante, para que las cosas pesadas se hundan y para que flote la esencia.

No, no hay tiempo. Rubén Darío Buitrón quiere dejar en claro esos manejos de grupos de poder de derecha, confabulados con la izquierda ciega e indígena, que se aprovecha de cualquier cosa para despotricar en contra del gobierno. Cuando lo leo así, como por ejemplo en este post (clic acá), supongo que está jugando a lo mismo, a crear algo nuevo, pero aquí no hay un supuesto texto creativo. Solo hay constancia de que las falacias se han vuelto su principal arma, la que enarbola con orgullo (como cuando critica a Manuela Picq al hacer referencia a sus acciones y salida del país para viajar a Brasil a obtener una visa Mercosur, para luego preguntar: “¿Algo así puede decir una persona que vive en un país donde reina, según ella, un modelo dictatorial?”. Como si la posibilidad de quejarse o protestar o actuar negara la existencia de una estructura política dictatorial).

Quizás no tener nada que perder se topa con un nuevo límite: perder lectores o gente que te pensaba como referente.

Al final del post que hago referencia, Rubén Darío Buitrón escribe: “¿Queda alguna duda sobre los planes oscuros del pacto entre la derecha ególatra-recalcitrante, los dueños de la gran prensa y la izquierda cegada por sus celos ideológicos y su extravío político?“. La respuesta es muy sencilla, ya que las frases hechas y los lugares comunes progobiernistas que él repite nos llevan al mismo sitio en que estuvimos antes de leerlo: quedan todas las dudas, continúan, las falacias no dicen nada. Bando y bando. Razón y razón. Rubén Darío Buitrón como otra papa más caldo; como yo, como este post.

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4 comentarios en “El ejercicio fallido de mirar con crítica el presente, ignorando el pasado (sobre un post de Rubén Darío Buitrón)

  1. ¿Qué me botaron de Expreso por ese texto? ¿Estás equivocado, Eduardo. Y me arrepiento haber conversado contigo si no entendiste todo lo que te expliqué. Yo me fui de Expreso nueve meses después porque nunca me dejaron explicar lo que en realidad ocurrió. Y puedo demostrar cuándo me fui y por qué. Pero si quieres seguir en tu verdad, respeto tu posición. Lo que no puedes negarme es mi derecho a seguir hablando, aunque me equivoque y aunque, según tú, debía callarme unos años. Una vida. Tú, en cambio, que nunca te equivocas, puedes seguir hablando.

  2. Rubén, me equivoco y siempre. Me gusta darme cuenta, reconocerlo y corregirlo. Pero, sobre todo, hacerme responsable de eso y lidiar con el error para descubrir las razones y no repetir equivocaciones.

    Con lo referente a “seguir con mi verdad”, te respondo con claridad: “significó su salida de diario Expreso” no es igual a lo despidieron o renunció. Es marcar un hecho, porque fue a raíz de esa entrevista que se desencadenaron acciones que llevaron a tu salida. No es un tema de “tu verdad” en contra de “mi verdad”. Pero podría ser más preciso y ensayar una redacción que ayude a decir que a partir de ese texto se dieron una serie de hechos que, a la interna y a la mirada pública, terminaron con tu salida del diario.

    Igual no hay mucha diferencia entre ambas ideas, pero entiendo cómo esa imprecisión puede ser confundida con falsedad.

  3. Yo lo conocí a Buitrón después… es decir al actual Buitrón, al que recibía dádivas del régimen y contradecía la opinión del otro Rubén Darío, el del pasado. Este que veo acá está lleno de lugares comunes y sofismas; jamás me lo hubiera imaginado como editor de un diario que no sea, por ejemplo, el ciudadano, Andes o cualquier otro pasquín de esos que circulan con plata ajena —del pueblo—. Todos hemos estado perdidos, pero creo que la mayoría siempre buscamos reencontrarnos, volver. Supongo que Buitrón no será la excepción pero si lo niega ¿qué se le va a hacer?

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