El fracaso

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A veces no entiendo cómo medimos lo que nos rodea. Lennon dijo alguna vez que “Dios es el concepto por el que medimos el mundo”. Y vaya, a veces las creencias pueden más que los mismos datos, que los hechos en sí. Tanto creacionista existe para que podamos medir eso que no tiene mucho asidero. La fe no mueve montañas, la fe encierra cabezas.

No sé qué pensar cuando el Presidente declara que el paro de indígenas y algunas organizaciones civiles fue un fracaso. Supongo que sabe algo que yo no sé. Es lo más probable, mi ego no me da para saber todo.

No sé qué es el fracaso. No sé cómo medir el fracaso. No sé cómo el descontento puede ser exitoso o lo contrario.

El descontento nos vuelve a todos en integrantes de una burbuja de fracaso.

No hay mucho más que decir.

Quizás no creo en la vocación de servicio de ningún funcionario, y por eso dudo de expresiones como esa.

Quizás para mí un gobierno que hace carreteras o introduce cambios en ciertas políticas estatales es uno que hace su trabajo. Punto. El buen gobierno es aquel que, desde la honestidad intelectual, el correcto manejo de las normas y la precisa lectura del tiempo que le toca vivir, es capaz de permitirle a sus ciudadanos la posibilidad de crecimiento —si se me permite decirlo— de su intelecto. Un buen gobierno se la juega por una sociedad más sana. Y la discrepancia no es medida de destrucción, sino de lo contrario.

El silencio —eso que hacen alrededor del estado del Cotopaxi es para llorar— no es de un buen gobierno.

El engaño en la publicación de informaciones es triste —¿quedan dudas sobre lo que se publica hoy en día en medios oficialistas o en comunicados oficiales sobre Manuela Picq, alrededor de que la policía la quería defender de manifestantes, cuando hay un vídeo muy claro sobre cómo fue su detención? Peor, ¿detenerla y luego cancelarle la visa?

La ira evidente porque policías acompañaron a marchantes… aterra.

Las frases hechas no comunican. Venden humo.

Las frases hechas solo nos dicen que desde el poder político somos seres sin pensamiento crítico, diseñados para comer lo que se nos dice. Y quizás seamos así.

El fracaso no es una medida para medir el mundo, porque quizás somos el fracaso de alguien que todavía no es capaz de reconocerlo.

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