Romper la nostalgia (sobre “The Magic Whip”, de Blur)

discos, música

Blur_MagicWhip_2015

La nostalgia sabe a rito. Blur lo sabe. También la banda sabe que se trata de un juego. Y jugaron. Con cinco días sin nada que hacer en Hong Kong porque un festival al que fueron se suspendió, Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree entraron a un estudio y grabaron un total de 15 temas. Era mayo de 2013.

Hoy el disco sale a la venta. Luego de varios videos que circularon por Youtube -“Go out”, “Lonesome street” y la hermosa “There are too many of us”- el album llega para evidenciar muchos lugares comunes. Porque hablar de un trabajo con doce años de distancia con el anterior -“Think tank” (2003)- exige el lugar común: “no han perdido el toque”, “suenan a ellos”, “no ha pasado el tiempo”. Hacer una disección del disco es entrar en ese campo siniestro de las reiteraciones. Porque “The Magic Whip” suena a Blur, no a sus partes separadas, al menos no del todo. Hay algo en lo que James y Rowntree consiguen en la parte rítmica que se convierte en firma. Y todo lo que Coxom y Albarn hacen, juntos y por separado, es sentencia de novedad, Resulta inevitable sentir que ese tiempo de separación nos ha privado de varios discos del grupo que quizás sí deberían estar. Elucubrar es parte del rito.

Main-Blur1

Y sostengo eso porque en “The Magic Whip” hay continuidad sonora con “Blur”, el disco de 1997, con algo de los trabajos solistas de los dos compositores del grupo.Tanto Coxon como Albarn han decidido llevar sus maletas a esta especie de recuperación de un sonido que a ellos les interesa. No es vano Coxon trabajó lo grabado en Hong Kong con el productor Stephen Street -con la venia de Albarn, mientras este se dedicaba a promocionar su disco solista, “Everyday robots” en 2014- y le dio consistencia a las canciones, en noviembre anterior, para que Albarn regresara a Japón, para buscar inspiración, escribir las letras y grabarlas, en enero de este año. Ese lado lúdico de Coxon se mezcla con la solemnidad acústica de Damon Albarn. Hay un poco de seriedad vestida de juego.

La nostalgia no suele jugar limpio. Quizás caer en el lugar común no es un tema de justicia, sino de acomodar las palabras y las comparaciones posibles. Desde “Lonesome street”, el track inicial, hay algo que nos dice que esa es la guitarra de Graham y esa voz de Albarn suena a la voz de Blur, no es la voz impostada de Gorillaz, o la voz parca de “The Good, the Bad and the Queen”, es la voz de “There’s no other way”. Alex James nunca ha sido tomado con justicia, pero lo suyo no es solo crear líneas con las frecuencias graves, sino sostener lo que los demás hacen. Rowntree es la estocada final de esta melancolía festiva presente en el disco. Con “New world towers” y “Thought I was a spaceman”, Albarn pone un pie en su presente y navega por un espacio que quizás no sea tan familiar para los demás, pero es el baterista quien se encarga de reclamar en algo la tradición de la banda en estos momentos. En “I broadcast” hay algo de “Song 2”. “Go out” y “Ice cream man” son himnos de un próximo futuro, con el último regalándonos un verso que le da nombre al álbum. Pero si de trata de los momentos más elevados del disco, con “My terracota heart” y “There are too many of us” se cumple esa cuota. Si algo se le puede decir a Damon Albarn como compositor es que tiene una naturalidad pop de la que trata de escapar siempre. Y cuando lo consigue, cuando está a punto de irse del planeta, los demás lo detienen y le ayudan a recuperar esa melodía agradable que se puede cantar.

“Pyongyang” es una nueva versión del grupo. No hay fiesta, pero sí hay sospecha. Eso es suficiente. “Ghost ship” es la misma celebración de siempre, contenida, en clave de aparente soul y bossanova. En este punto, ese es el Blur que hace música ahora. “Ong Ong” es el grupo que conocemos y que adoramos, el que nos deja cantar con ellos, con esa simpleza adolescente que emociona. “Mirrorball” cierra el trabajo con una calma discreta.

La nostalgia se desbarata cuando no se trata de lo que pasó ayer, sino cuando el camino trazado se parece a esa idea que alguna vez tuviste. No regresas a eso, no corriges, das un paso más porque no puedes puedes evitarlo. Rompes la nostalgia porque la misma idea de la nostalgia como piedra es la que te aterra. Blur no se queda de pie, avanza porque hay motores de movimiento eterno. La mancuerna Albarn-Coxon funciona de nuevo. La nostalgia se acaba.

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