Lo obvio del elogio de los pares (sobre “Birdman”, de Alejandro G. Iñárritu)

cine, Crítica cinematográfica

Birdman_poster

Inicio con una confesión que me ayuda a contextualizar este texto: Soy tan enfermo de la música que cada vez que me choco con una biopic sobre músicos o si el tema de un filme se centra en bandas o en cantantes o lo que esté relacionado con ese universo, pienso que estoy ante la película más grande de todas. Sé que no es así, pero no puedo evitar esa sensación de niño en fábrica de chocolates. Y creo que con “Birdman” ha pasado mucho de eso, pero esta vez desde la mirada de quienes se ven reflejados en esa película de Alejandro G. Iñárritu (perdió el González en el camino). El mundo de la actuación visto como si se tratara de algo que quisiera hacer Michel Gondry, en un falso plano secuencia.

“Birdman” cuenta cómo Riggan Thomson (Michael Keaton) debe lidiar con varias cosas, sobre todo con su fama venida a menos luego de protagonizar tres blockbusters haciendo del superhéroe Birdman, en medio del estreno en Broadway de su versión de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, de Carver, que él adapta, dirige y actúa. La película nos pone en el estrés del inicio de temporada, que se complica con la salida de un actor (por un accidente en los ensayos finales) y la llegada de su reemplazo, el difícil Mike Shiner (interpretado por Edward Norton). Con un elenco que incluye a Naomi Watts, Emma Stone, Zach Galifianakis, entre otros, “Birdman” tiene en Riggan su eje: él se enfrenta a sí mismo, a su ego, a esa voz de Birdman que lo atormenta, acompañado de esa aparente sensación de superioridad que surge de la frustración cuando está solo y que le permite mover objetos como si tuviera el poder de la telequinesia. “Realismo mágico”, le dicen los gringos.

Riggan es un actor en medio del fracaso, que busca reivindicarse con un trabajo que, como un acto de exorcismo, le permita sacar esa furia contenida. Porque perderse en el camino debe generar eso. Y en este punto “Birdman” se vuelve en una película de caos que intenta fluir y en eso se puede explicar la decisión de Iñárritu de rodar todo como planos secuencias, pegados uno detrás de otro. Porque el caos se siente mejor con la cadencia que el movimiento otorga y porque la imagen también puede ser el contrapeso necesario.

Pero esta premisa de “Birdman” se vuelve tan obvia en los primeros diez minutos y cae de golpe. La película es un desfile de personajes que sufren desde la misma perspectiva: los dilemas que orbitan la actuación y el ego despiadado que pesa en cada uno de ellos por las decisiones tomadas. Así, mientras todos los personajes tienen un tiempo de presentación, para el tercer acto desaparecen y aquello que se había convertido en un sentido rítmico de la película, de ir de un lado al otro, como en una especie de coreografía, ya deja de ser. Los dilemas del elenco no sirven para nada y nos quedamos ante Riggan/Birdman quien debe, en un arranque de honestidad, acabar con su suplicio. Y mientras vemos lo que va a pasar, nos anticipamos a las acciones y le gritamos a la pantalla que no, que Riggan no haga eso porque la película sería el epítome de lo obvio y burdo. Lo hace y no hay más solución. Ha ganado la parodia, sin que ese haya sido su objetivo.

El mérito, eso sí, de Iñárritu radica en el también obvio subtítulo de la película: “La inesperada virtud de la ignorancia”. El tema del filme es la trascendencia, la importancia, y parece decirnos que desde la insignificacia, esta se puede dar. No importa si las condiciones no son las necesarias o si hay todo en contra. Las lecturas de una obra van a darse en función de los lugares en que espectador y representación están, de la distancia entre ambos. No sabemos qué mueve a uno, ni qué puede moverse en el otro, pero el diálogo inevitable va a generar una reacción que, en este caso, habla de la posibilidad de encontrar un lugar en el mundo que sea más placentero que otro. El Thomson que hace Keaton se mueve en estos niveles, quiere ser alguien, pedir disculpas, comerse al mundo, dejar de ser ese superhéroe que no lo deja en paz… o aceptarse. Y hacerlo en un mundo de redes sociales le agrega algo de complicación a su aventura. El viaje de Riggan Thomson se da por la búsqueda de algo esencial en medio de la crisis y con el ruido del mundo esto se hace difícil.

Sin embargo, Iñárritu, al enfocarse en esto, comete el error de dejar de lado lo demás y la película, más allá de Thomson, se vuele aire. No importan los diálogos y las escenas que pueden darse entre otros personajes, de golpe son accesorias. Y si a esto le sumamos la batería como instrumento base de la banda sonora, que hace del ruido a lo Kruppa su elemento, sabemos que no hay más que eso, ruido, distracciones. “Birdman” no es más que una gran cantidad de señuelos lanzados en toda dirección y que buscan alejarte de lo que sucede. Iñárritu, una vez más, se cree superior a todos y quiere decirnos algo, dar un sermón desde la lección moral, por la que la flacidez y el desborde de información del mundo no necesariamente van a demarcar las cosas. Thomson debe luchar contra ese ambiente que lo quiere solo como Birdman y con esa existencia dentro de él. Y querrá comprenderse mejor en un ambiente en el que nada de esto interesa. La crisis es una forma de vivir porque el ruido no permite nada más. Pero esto ya lo sabemos y he ahí la obviedad de la película, que en todas sus metáforas sale perdiendo.

Ver a Keaton disfrazado sí es un lujo, especialmente en la secuencia que parece salir de “The Avengers”. Es el mismo mentón del Batman de la primera película de Burton (que el mismo Keaton protagonizara), la misma forma de hablar, casi la misma manera de la levantar el labio superior para decir algo. Hay algo de nostalgia en “Birdman” y eso levanta el filme en sus últimos momentos. Pero cuando termina y haces el ejercicio de poner todo en una balanza, te quedas con la sensación de que te han vendido ruido. Entiendo la fascinación de la industria con esta película, pero no todos estamos con el ánimo de asistir a una conferencia de proctólogos y escuchar sus aventuras en consultas y quirófanos. Y “Birdman” es eso: esa virtud ignorante de lo que pasa al interior de los lugares comunes de ese Hollywood que consumimos como piñata en fiesta.

Birdman

Dir: Alejandro G. Iñárritu.

Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Jr. yArmando Bo.

Elenco: Michael Keaton, Zach Galifianakis, Edward Norton, Andrea Riseborough, Amy Ryan, Emma Stone y Naomi Watts.

Regency Enterprises, Worldview Entertainment, Fox Searchlight Pictures.

2014

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