El blanco es pesadilla (sobre “Fuerza Mayor”, de Ruben Östlund)

cine, Crítica cinematográfica

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Hay una idea de frialdad alrededor del cine sueco de la que uno no se puede sacudir. Y es una frialdad que parece jugar con esa sensación de tensión eterna por la que cualquier cosa que pueda pasar, sea buena o mala, tiene la misma jerarquía en la imagen y en el montaje. Todo sucede en un mismo nivel y quizás esa característica es la que golpea de entrada en “Fuerza Mayor” (“Force Majeure”, su título en idioma original). Sin embargo, este prejuicio alrededor del cine sueco es quizás su fuerza envidiable. Porque cuando una avalancha cae, el sonido de quietud que arrastra engaña y esto sucede con este largometraje, el cuarto de Ruben Östlund. Estamos ante algo más intenso de lo que parece.

Tomas y Ebba son un matrimonio con dos hijos pequeños, Vera y Harry. Los cuatro empiezan unas vacaciones de cinco días en uno de los resorts de ski que hay en los Alpes. Y en este paréntesis de la vida cotidiana estalla un conflicto que puede ser visto con pinzas. Mientras la familia está almorzando en uno de los restaurantes del resort, ven cómo se produce una avalancha. Todos temen cuando la nieve parece que va a caer sobre ellos y en medio de la desesperación de los comensales, Tomas agarra sus guantes y iPhone y se aleja corriendo, dejando a Ebba y a sus hijos a merced de lo que pueda pasar. Y lo cierto es que no pasa nada. La avalancha no deja de ser un susto y poco a poco ese blanco que nubla todo desaparece, Tomás regresa como si nada y la vida continúa.

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Pero hay algo que está en entredicho.

“Fuerza Mayor” es un filme sobre el compromiso, lo que se entiende como compromiso y cómo esa idea puede verse atacada en cuestión de segundos. Ebba y Tomas, y sus hijos, se convierten en víctimas de una tormenta que parece ser una amenaza externa constante –siempre hay esa idea, con largos planos de la nieve y sonidos que asemejan a explosiones controladas para evitar catástrofes mayores, en el día y en la noche-, pero ese peligro está dentro de ellos. Y la amenaza explota y lo hace con un sentido de ridículo que eleva la película a niveles impresionantes: la figura del conserje del resort es fundamental en este punto. Las vacaciones también pueden ser películas de terror cuando lo que embarga es una sensación de abandono y autoflagelación en medio de eso blanco e inmaculado, que no es tan así.

No es un universo turbio, desde luego. La comicidad que se derrama en varios minutos del metraje está dándonos a entender que esas tragedias personales no son más que amagos de avalanchas.

Quizás en este juego de tensiones y tiempos muertos que lo que hacen es intensificar el efecto, Östlund consigue un sentido de redención que juega a los dados. La cámara estática, sobre el blanco de la nieve cayendo, con fondo blanco, está ahí para describirnos esa quietud que va a llegar con tan poca fuerza que no hay más que eso: blanco. Y así, como un segundo cambió todo, toma otro segundo para colocar la vida en el camino debido, antes de que se acabe el filme.

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El final –con un apéndice que no le hace mucha justicia a la película, pero que sí redondea la premisa- nos ofrece un retorno a esa normalidad, con una frialdad sueca que en este punto ya es parte del ritmo con el que respiramos. Porque la vida familiar no es solo hacer ski en época de vacaciones.

En el fondo, el intento de Östlund de poner esta aparente tragedia en un lugar tan hermoso es la metáfora obvia de aquello que se esconde y que queda expuesto en los peores momentos. Y ahí aparecen las figuras de los niños, Vera y Harry, que sin ser necesariamente puntos de discordia, se pueden volver un fastidio incluso para el espectador: en varios momentos de la película ellos hablan y los adultos no escuchan. Y eso te dice mucho de lo que estos personajes viven. Aman, pero el contacto es casi una condición social que cumplen por el hecho de cumplirla. Una fuerza mayor que no determina la vida.

El filme de Östlund es de esos que se quedan contigo mucho tiempo después de que los créditos finales han dejado de existir.

Fuerza Mayor
Dir: Ruben Östlund
Guión: Ruben Östlund
Elenco: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli y Kristofer Hiyju
Compañía productora: Plattform Produktion
Distribución en Ecuador: Ochoymedio (pronto la podrán ver en salas del país)
Año: 2014

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