Tres pequeños textos sobre tres películas “ecuatorianas”

artículos, cine

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Sobrevivir la guerra (sobre “Mono con gallinas”, de Alfredo León León)

Un filme puede partirse en dos, o puede ser simplemente que estamos acostumbrados a ciertas dinámicas y no entendemos que eso de “romper la inercia” de un relato puede alargarse para conseguir un efecto. O quizás sea un juego de suerte, combinación de factores, alquimia… lo que sea. “Mono con gallinas”, de Alfredo León, parece ser un filme escindido y quizás si dejamos de lado todo aquello que pasa con el personaje y que lo lleva a huir de su casa y ciudad, para enrolarse en el Ejército, y terminar en medio de las balas del conflicto de Ecuador-Perú, de 1941, tenemos un filme que funciona, y muy bien.

León toma la historia real de su tío abuelo y la convierte en germen de una ficción que cumple todas las convenciones de lo que se espera de un filme sobre prisioneros de guerra: Jorge (interpretado con demasiada parquedad por René Pastor), el joven que escapa y que se vuelve soldado, permanece en una prisión en un campamento del lado peruano del Amazonas, donde es atendido, piensa en escapar, se enfrenta a un peruano malo, a uno no tan malo e interactúa con una peruana que es referencia de esperanza. Hay deseo, oportunidad y riesgo. Hay también muerte y quizás el gran mérito de esta película está en que el desenlace llega y no te da tiempo a nada más. Como una ráfaga, “Mono con gallinas” nos habla de una oportunidad aprovechada y de lo que pasa en el camino.

León sí rompe el molde de este tipo de películas al no aplastar a sus personajes, no ensañarse con ellos y verlos sufrir de la manera más cruel (pienso en Herzog y sus aproximaciones a este tipo de historias). La muerte se da, dentro de un cataclismo que no es controlado por nadie. Esto está muy bien manejado.

En el fondo “Mono con gallinas” es también una película sobre el crecimiento del personaje principal, pero eso importa poco. Uno intuye ese crecimiento, esa madurez de Jorge, pero la labor de Pastor no da para mucho. A pesar de esto, uno se emociona porque las situaciones que le pasan en el campo de batalla (ojo: nunca vemos ningún combate) generan el shock necesario. Es inevitable no sentirse tocado por la crueldad de la guerra y el absurdo del lado ecuatoriano. Lo de León es una crítica que puede pasar desapercibida, pese a lo obvia. El lado ecuatoriano, en la selva, está plagado de colores fríos y de cierta sensación de claustrofobia -que el sonido ayuda a incrementar- mientras que en el lado peruano, pese a que tenemos al personaje detenido, no existe nada de esto. Ese Ecuador de 1941 puede verse como una excusa, una metáfora, o una versión inexistente del país.

Dentro del abanico de filmes que se han estrenado en los últimos años, “Mono con gallinas” todavía no ha sido visto con la profundidad que merece. Quizás estamos a tiempo.

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El viaje de los polos opuestos (sobre “Ruta de la luna”, de Juan Sebastián Jácome)

Este texto solo debería decir esto: “Ruta de la luna” es una hermosa película con un personaje albino. ¿Se necesita más?

Quizás sí. El tema es este, ¿qué otra película nos presenta a un albino como eje medular e imán de una historia de opuestos, de relaciones truncas, de silencios y sueños rotos? No hay nada que se le parezca y el triunfo de Juan Sebastián Jácome está en crear una buddy movie que más que solucionar o transformar a sus personajes, los pone en carne viva. No los destroza, los enfrenta a ellos mismos, a sus esperanzas y errores, para luego dejarnos un final “abierto” que no es tan abierto y en el que queda claro que la redención es un tema del día a día.

Tito viaja a buscar a su padre de Panamá a Costa Rica, luego de un susto de infarto. Tito quiero volver a Panamá rápido porque tiene un torneo de bolos en pocos días (es experto en esto) y su papá (quien ya no tiene nada que hacer en Costa Rica), decide ir con él. Este viaje, en carro, será el terreno de las idas y vueltas. Jácome aparece como un realizador de una cámara que se mueve con lentitud, que apuesta por el silencio y por la imagen simétrica, que hace que todo suceda en una quietud que asemeja a un eterno ojo del huracán. Cuando las cosas explotan, porque explotan, no lloramos, ni vemos un castillo que se derrumba; nos quedamos con puntos elevados de tensión que funcionan como equilibrio a esa supuesta calma entre sus personajes.

Entre Tito (un Jimmy David Suárez que hace del silencio y mirada su herramienta de actuación) y César (Luis Gotti, impresionante) están el parentesco, el pasado la timidez y la galantería… En el medio vemos una mujer que ellos recogen en el camino y que los acompaña. Ella es el espectador, agarra a estos dos en un momento de su historia en común, escucha, mira y se introduce en esa dinámica que se romperá cuando lleguen al destino. Ahí todos seguirán su camino, las intersecciones deberán ser parte de lo que siga.

“Ruta de la luna”, coescrita también por Jácome, es sobre lo que se ha desangrado y lucha por seguir viviendo. Lo mejor de todo es que el tono que maneja, esa tensión-calma, esos colores lavados que no distraen nuestra atención, confluyen en este hijo y en las consecuencias de su relación con el padre. Y si eso está en terapia intensiva, sigue con vida.

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Complicar la vida complicada de un adolescente (sobre “Saudade”, de Juan Carlos Donoso)

Me pasa algo con “Saudade”, película de Juan Carlos Donoso: aquello que no cuenta es lo que quizás debió contar. Miguel está en colegio, en plena crisis del feriado bancario que nos sacudió hace varios años. Es hijo de dos exguerrilleros, su madre lo dejó a a cuidado de su padre cuando era solo un niño, está creciendo, entendiendo el mundo que le han explicado (como hijo de guerrilleros conoce la historia y se lleva con otros hijos de gente en similares condiciones). Todo está centrado en él -los demás protagonistas gravitan a su alrededor-, y los avatares del crecimiento en medio de circunstancias que no se pueden controlar, como la incapacidad de sus padres de ser realmente padres, la crisis o el despertar sexual. Aquí sucede algo que sigo sin entender por qué no fue el verdadero camino de la película. Porque uno suele aceptar que en estos filmes sobre el crecimiento de un adolescente, el adulto no está o si está aparece como figura contraria -algo de eso hay aquí-. Pero “Saudade” introduce la enfermedad de la madre de Miguel y la necesidad de su padre, sin ninguna explicación de por medio, de ir a Argentina a cuidarla. Bueno, quizás no haya necesidad de explicarlo. Pero si un personaje deja de lado a la mujer con la que ha convivido por tanto tiempo (Isabel), a la hija de ella (Manuela) y el hogar que ha creado junto a ellas y Miguel, eso se vuelve tan contundente para una historia que como espectador, al ver que no estamos caminando por ahí, nos perdemos.

“Saudade” es una película que dispara para muchos lugares y estos terminan por imponerse a la historia central: los avatares de Miguel. Desde la crítica al modelo político de hace 15 años, la “demostración” de la crisis bancaria y lo que significó para el país, las violaciones de derechos humanos acá (expresadas en discursos básicos como el que una maestra le dice a Miguel: “En Argentina hubo 30 mil desaparecidos, en Chile tres mil, Ecuador no se queda atrás”), hasta el nacimiento de una conciencia política, que parece surgir por arte de magia, cuando Miguel descubre el poder de la palabra/escritura, “Saudade” no es una mala película, pero sí tiene un grave problema.

La película funciona como ninguna cuando estamos con los jóvenes, con Miguel y sus amigos (la impavidez de Luis interpretado por Joaquín Dávila, es la que mejor funciona). Entramos a ese mundo adolescente, con sus tribulaciones, juegos, su educación, sus paseos en bicicleta, sus dolores (podemos verlo cuando uno de ellos debe irse del “barrio” porque por la crisis su familia ya no puede vivir ahí), en sus auxilios, en sus fiestas (la pelea en una de ellas es un gran momento de cine). Rondamos las inquietudes sobre el sexo y jugamos ese juego de descubrimiento que, en teoría, coquetea con el incesto. Quizás las escenas de sexo de “Saudade” sean las que por primera vez se muestran con naturalidad en el cine ecuatoriano y eso hay que aplaudir. Una naturalidad que se mueve al vaivén de la cámara al hombro, del montaje, de la química entre actores y actrices y de lo errático que puede ser un momento como ese, a esa edad. “Saudade” es un filme sobre el crecimiento y solo ahí es perfecto.

Pero, por alguna razón que aún no logro dilucidar, hablar sobre la adolescencia no ha sido lo suficientemente fuerte para Donoso y lo ha querido volver complejo, metiendo tantas cosas que distraen y dándonos un discurso con el que se pueda entender cómo aquellos que fuimos adolescentes en esos años, y que vimos cómo el país casi se derrumbó, podremos actuar e intervenir en el futuro (es decir, ahora). Bueno, con o sin país que se derrumbe, con conocimiento o sin instrucciones sobre la realidad del mundo y su violencia, ser adolescente es complicado.

En “Saudade”, muchas veces, salimos de eso para entender que siempre hay algo más complicado que crecer. Y quizás sea cierto, pero hay discursos que se pueden manejar de otras maneras en el cine.

2 comentarios en “Tres pequeños textos sobre tres películas “ecuatorianas”

  1. Noticia: Se abre la primera distribuidora de películas ecuatorianas originales en línea http://www.ecuadororiginal.com donde los usuarios pueden comprar todas las producciones realizadas en Ecuador en discos DVD Originales o Verlas en línea bajo el sistema VOD o PPV (Pague Por Ver). Por su parte, los realizadores y productores ya disponen de un espacio para la comercialización de sus creaciones musicales y cinematográficas.

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