La distopía fracasada (sobre “Quito 2023”)

cine, Crítica cinematográfica

Quito2023

Hay tantas cosas que fracasan en “Quito 2023”, tantas, que prefiero empezar por lo que sí funciona. Por aquello que vale la pena resaltar como un elemento positivo, antes de entrar de lleno en lo que es una película: un producto audiovisual que, en este caso, nos cuenta una historia con recursos dramáticos y tecnológicos particulares.

La idea original: Debo haber leído tres veces (como mínimo), en la pantalla, que la idea original fue de Lorena Caicedo, César Izurieta y Juan Fernando Moscoso. Sospecho que si le dieron tanta importancia a eso los productores y realizadores (ellos tres cumplen, en roles compartidos y divididos, esos cargos) es porque confiaban en esa “idea original”. Y la verdad es que no hicieron mal: a nivel de concepto, “Quito 2023” es un intento de relato distópico en el que un grupo de rebeldes quiere acabar con un gobernante autoritario, en medio de esas luchas internas y de los demonios personales que se pueden crear en situaciones así.

Además, que eso suceda en Quito le da un sabor interesante a esta idea.

El problema de esta idea es que se diluye con mucha facilidad. Pero ya iré a eso.

El guión: Defenderé al guión. Tanto que sostengo que si “Quito 2023” estuviera solo lista para leerse, muchos celebraríamos su estructura y la ubicación precisa de ciertas escenas. Hasta podríamos encontrar verdaderas motivaciones en ciertos diálogos y celebraríamos el desenlace del villano principal de la historia, el dictador Ponce (un casi siempre distante Enrique Carvajal Vintimilla).

Pero en una película no vemos el guión. Vemos el trabajo que se ha hecho con un guión.

Y aquí empiezo con una reflexión real sobre “Quito 2023”.

Un filme con sus características (de ciencia – ficción, sobre una distopía ecuatoriana en la que la “gran batalla” no se ve, y en el que solo nos movemos por interiores) debe sostenerse por la implacable capacidad del elenco de transmitir todo aquello que no estamos viendo. La metonimia en el cine es una herramienta poderosa, pero aquí, ninguna escena consigue darnos una idea real del todo. Lo intuimos, lo podemos armar por nuestra cabeza, pero hay un vacío total porque nada (o casi nada) de esta película emociona.

Al fracasar en esto, “Quito 2023” es una película fallida.

Para muchos su fracaso parte de que no muestra la batalla entre revolucionarios y militares en el poder (en la sala que vi la película, hubo una pareja de adultos mayores – para jugar a la corrección política – que prefirieron salir faltando 10 minutos para el final, diciendo: “Pero no se ve nada”). Sin embargo, aquí hay una apuesta interesante que se puede explorar en el cine, de manera mucho más poderosa que en cualquier otro formato narrativo: ver lo que sucede a través de ciertas implicaciones internas, lo que para mí es un camino que se debería seguir ensayando. Quizás la queja de esta pareja a la que hice referencia se basa en que estamos acostumbrados a ser parte de una dinámica de espectadores en la que si hablamos de revolución, lo que nos interesa es ver esa revolución.

Pero como dice Santiago, uno de sus personajes principales, esta es una revolución mental.

Y la mente une conceptos, acciones, hechos, sensaciones y les da una forma final. Aunque debo dejar por sentado que si salimos de la sala diciendo “No vimos lo mejor” en lugar de decir “No hubo necesidad de ver una pelea”, queda claro dónde está el error.

¿Quieren un ejemplo de eso? Vean “Pontypool“, de Bruce McDonald, un thriller independiente canadiense, en el que una invasión zombie es evidenciada desde el interior de una estación de radio (el exterior es solo referencia, todo pasa en interiores). Con solo cuatro personajes, entendemos la dimensión de algo de este tipo, experimentamos lo irremediable del fracaso y lo terrible de un final de estas características. Todo pasa por la actuación y por las sensaciones monumentales que provocan las interacciones entre los personajes.

Nada de esto sucede en “Quito 2023”.

Acá estamos ante un régimen dictatorial militar que desde 2014 ha estado en el poder, luego de una revuelta que se dio el 2013. Es un régimen liderado por el general Ponce que tiene amurallada a Quito, para defenderse de otros intentos de “golpes de Estado”. Bueno, en realidad quiero creer que de eso se trata, porque no me quedó muy claro si es un asunto que sucede en Quito como parte de Ecuador o si Quito ya es un reducto por sí solo de una tiranía que es más mala que la maldad. Los revolucionarios llevan años luchando contra Ponce y a esta altura del partido solo tenemos a dos de las cabezas vivas, Marcos y Santiago (José Luis Vergara y Silvio Villagómez, respectivamente). Los encontramos en los momentos previos al gran ataque que han diseñado y que dará fin al gobierno de Ponce. Los veremos flaquear, ponerse violentos, llorar, gritar, desesperarse, darse ánimo para atacar, hacer sacrificios… harán muchas cosas que hablan de ese espíritu ya roto que no va a conseguir nada.

Pero no nos dicen nada. No hay nada de lo que pasa en la pantalla que nos pueda afectar o tocar de alguna manera.

Lo paradójico de “Quito 2023” es que es una película fallida sobre una lucha que ya está perdida, incluso si derrocan a Ponce.

Y así hay muy poco que hacer como espectador.

Los momentos menos acartonados (como la conversación entre Marcos y Santiago, cuando recuerdan una fiesta a la que fueron, antes de que Ponce llegara al poder; o los primeros minutos de la tortura que el mismo Ponce somete a un revolucionario capturado) son un respiro. Por lo demás, una cámara al hombro que le quita prolijidad a la imagen (da la impresión de que no fuera un producto profesional; es más, la mayor parte del tiempo esa cámara no ofrece nada a la historia), una iluminación que más que ser futurista parece barata (o colegial), un elenco con poco que dar para un texto que exigía gente destruida y una música que distrae todo el tiempo…, “Quito 2023” se hunde a cada minuto del metraje.

Tanto que cuando llegamos al final, cuando debemos comprender el concepto y el absurdo de lo “inútil” , ya no estamos conectados con la historia, porque le hemos visto todas las costuras. Solo atestiguamos el fade de retirada y sabemos que hemos visto una oportunidad desperdiciada.

Y claro, apenas se va a negro la imagen, leemos una vez más de quién fue la idea original, por si no nos quedó claro antes.

“Quito 2023”
Dir: César Izurieta y Juan Fernando Moscoso
Guión: Juan Fernando Moscoso (basado en una idea original de Lorena Caicedo, César Izurieta y Juan Fernando Moscoso)
Elenco: Silvio Villagómez, José Luis Vergara, Enrique Carvajal, Elvira Durango, Jorge Ulloa.
El imaginario colectivo – Ecuador
2014

2 comentarios en “La distopía fracasada (sobre “Quito 2023”)

  1. apoyo completamente, cuando acabe de ver la pelicula, mi reaccon fue: “¿y la pelea?!. si hubiera existido una pelea, si se la hubiera visto hubiera sido genial

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