Salinger como Indiana Jones, como pésimo padre, como Humbert Humbert, como escritor maldito, como sombra… (sobre “Salinger”, de Shane Salerno)

cine, Crítica cinematográfica, literatura

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Empiezo por el cierre categórico. Sientes pena por él y quizás es lo que menos quieras sentir por el padre de Holden Caulfield. Porque quizás no es justo conocer esos puntos bajos en los cuales se mareó aquel ser que creó algo que te ha maravillado por mucho tiempo. Sentir pena es quizás lo menos que quieras hacer, pero pasa. Y pasa porque en definitiva este trabajo de Shane Salerno (que habló con muchos, buscó mucho, descubrió mucho y presenta mucho) no deja de ser una intromisión violenta a la vida privada de alguien que, según la premisa de este trabajo, prefirió quedar al margen porque algo no se cocinó bien en su cabeza.

“Salinger” es el documental biográfico de un autor excepcional que vivió una juventud excepcional y que luego prefirió controlar su anonimato.

Y si bien vamos de salto en salto, de pasado a pasado menos pasado, entendemos con claridad cuáles son los planteamientos que este audiovisual busca generar: Salinger quería ser el mejor escritor conocido y sentía que su vida acomodada era un peso que se lo iba a impedir y por eso decidió enlistarse y pelear por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, para desembarazarse del sino familiar y tener algo que justificara su escritura. La experiencia de casi 300 días en Europa fue dura, lo dejó con secuelas y así nació el Salinger escritor y el Salinger ser humano que congeniaron en lo patológico, ya que fue el tipo que solo buscaba relaciones románticas con mujeres mucho menores a él (nunca en el documental se habla de acercamientos sexuales con menores de edad), que se encerraba en su búnker a escribir, que se perdió en divagaciones, que dejó de lado a su esposa e hijos (según su hija) y todo por el deseo de escribir y ser el más grande.

Y pasamos por el Salinger que durante mucho tiempo escribió su “The Catcher in the Rye”, el que en pleno día D, del desembarco en Normandía, llevaba el manuscrito de seis capítulos de esa novela consigo, para sentirse protegido. Estamos ante el autor que no soportaba las críticas de editores sobre Holden y lloraba cuando le decían: “¿No está loco ese muchacho?”. Estamos junto al autor que comenzaba a esconderse de editores y gente de la industria porque se estaba convirtiendo en algo más grande. Nos quedamos junto al tipo sonriente que le gustaba pasar junto a sus amigos, el que valoraba la amistad y exigía confianza y respeto. Quedamos cerca del autor que echaba a periodistas y aspirantes a escritores con mucho despecho. Nos ponemos de lado del que recibía y aceptaba hablar de vez en cuando, quizás al ver que existía algo genuino en esas búsquedas desesperadas. Descubrimos al escritor que rompía su silencio al querer algo (como detener la publicación de libro pirata con textos tempranos suyos y que él no quería que se leyeran). El hombre que llegó a decirle a una periodista, seis meses antes de que Mark David Chapman matara a John Lennon (con la excusa de “The Catcher in the Rye”) que lamentaba haber escrito a Holden Caufield.

¿Un acto de sinceridad o un anticipo?

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“Salinger”  no es buen documental (hay algo tan pasional y emotivo -y extenuante, porque es un trabajo muy largo- que uno siente que está rompiendo a este autor al ver su “vida” en una película). Este es un ensayo que define a Salinger como el autor de la inocencia destrozada, como el tipo que sabe que el mundo destruye todo y que por eso no queda más remedio que alejarse de él, mirar hacia otro sitio (incluso hasta la religión es parte de este proceso, de un budista confeso como lo fue) y escribir como una acción de resistencia… Pero no publicar. No es un abandono del rol, es un abandono del mundo, a su manera.

Con entrevistas a amigos, a hijos de amigos (la única foto de él escribiendo “The catcher in the Rye” te pone la piel de gallina), a fanáticos, escritores, actores, editores, gente con varias historias sobre él; con dramatizaciones, uso de animaciones, tomas de archivo, etc… Salerno empieza por la vida, por la capacidad creadora del escritor y poco a poco abre ese espacio de dudosa revelación. El lado oscuro es lo que duele y no por saber que él lo tuvo (leer su obra es un acto de descubrimiento en ese rubro), sino por cómo ese paseo por ese espacio termina siendo aprovechado por el director para tratar de encontrar ahí alguna justificación. Así, el documental parece un acto de venganza, más que de encuentro y por eso sientes pena por el escritor.

Jerome David Salinger no fue el tipo sano porque nadie es sano. No lo justificas, tampoco. Sientes compasión por él, porque buscó mucho y quizás no encontró lo que quiso. Salerno nos pinta a un Indiana Jones que fue parte del ejército aliado que entró triunfante a París, al tipo que nunca pudo sobrepasar el olor a carne humana quemada cuando entró a un campo de concentración y descubrió el horror nazi. Salerno nos habla del hombre que luchó, el que ganó pese a perder. Salerno nos habla del autor que quedó sometido por su trabajo, por aquello que quiso ser o aparentar. Salerno nos coloca en esa llaga que debió haber sido saber que algo que escribiste se convirtiera en bandera de asesinatos e intentos de asesinatos.

Y es en el cierre del trabajo (más allá de revelarnos que quedaron libros completos que Salinger escribió y que se publicarán entre 2015 y 2020 – que incluyen toda la saga de la familia Glass, más historias de Holden Caufield, una historia romántica ambientada en la Segunda Guerra Mundial y hasta un manual de religión) que encontramos la verdadera justificación de este documental, pero a la inversa. Un entrevistado cuenta de cuando habló con alguien que lo conocía y le preguntó si podría interceder para verlo.

-¿Para qué? ¿Qué quieres saber?
-Pues si sigue escribiendo…
-Sí, lo hace todos los días. Ahora que ya lo sabes, ¿para qué quieres verlo?

Y así de simple entiendes que esa forma de ver la vida ha sido abusada por Salerno y su trabajo. Y por mí al ver el documental y por ustedes al leer este post.

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