Peter Buck: hay vida (y mejor) luego de R.E.M

reseña discos

peter buck

Toca la guitarra y canta. Parece que cantara con esas gafas que casi nunca se saca (y que ahora ya se saca). Parece que lo que suena es realmente lo que sus ojeras dejan que pase por su garganta. Peter Buck, el eterno gigante guitarrista de R.E.M. publicó el año pasado su disco solista que, de una sola sentada, te hace pensar seriamente en que su antigua banda ya no tenía nada que ofrecer , se había hecho humo y quizás debió acabarse cuando Bill Berry se fue, hace casi 20 años.  Después del final solo quedaban él, sus canciones, sus letras, sus intereses, lo menos prolijo posible, lo más cercano al blues de bares infectos y al rock and roll más vil. Peter Buck ha sido un hijo de Tom Waits y Chuck Berry, criado en un garaje, conectado a un amplificador.

Y un hijo que los ha escuchado mucho, tanto como para salirse de cualquiera de los patrones que haya descubierto y poder abrirse su propio camino.

“Peter Buck” se llama el disco producido por él mismo y en el que compuso los 14 temas y tocó la six-string. Buck sabe lo que hace y por eso no se enfrentó solo al proceso. Canta, no en todas las canciones. Su eterno copiloto, Scott McCaughey, lo ayuda en las voces y en guitarras. La tarea es acompañada por Mike Mills (bajista de R.E.M), y Corin Tucker (de Sleater-Kinney), y Jenny Conlee, quien hace la voz principal en “Some kind of velvet Sunday morning”, y el guiño cae por su propio peso. Peter Buck canta, hace ahora lo que no hizo en los casi 30 años que tuvo una banda famosa con la que conoció lo bueno y lo malo. Y aprendió. “Peter Buck” es un disco tan perfecto (pese a que a nivel de producción lo único que sucede es colocar un micrófono ante el instrumento o el amplificador y grabar) que puede, sin problemas, ponerse por encima de cualquiera de las cosas que R.E.M hizo en los últimos 10 años.

Eso es lo que sorprende. ¿Por qué Buck se tomó tanto tiempo en lanzar un disco tan poderoso y se dejó llevar por los otros proyectos que tenía? La idea del abandono es interesante, así como la idea de abandonar esa necesidad de permanecer al margen. Ya sea con los The Minus 5, The Venus 3 o Tired Pony, Buck ha preferido ese espacio en el que él era un nombre más, alguien que podía estar oculto, porque prefería hacerlo. Ahora salta al ruedo por su cuenta y quizás con cierto llamado de confidencia de sus amigos, comenzó a darle su voz a “10 million BC”, a “I’m Alright” y a “I’m Alive” y así pudo seguir un camino. Escucharlo en vivo, con menos control del sonido, no es la mejor de las experiencias, desde luego. Pero hay algo mágico en cómo se puede conjugar ese cabello blanco de todos los años de música con el nerviosismo del micrófono que antes no se tocó.

Peter Buck es el tío al que le gusta el rock, el tío al que le perdonas todo.

Peter-Buck

Y este es un disco mínimo, con canciones estructuradas bajo el formato obvio que solo busca darte un riff o unos acordes y dos o tres cambios claros en el medio. No es un tema de sorpresa en ese rubro. Buck sabe que hacer algo como lo de David Lynch (ese sí que no canta nada) no era su camino cuando se trataba de demostrar que hay mejor vida después de R.E.M. Y por eso, sin pensarlo mucho, percibimos que las piezas calzan y esa suerte de precisión se puede agradecer como oyentes. No hay nada predecible en los caminos de Buck, es cierto, y por eso es que ese paréntesis en este trabajo es lo que permite apreciar mejor el riesgo latente. Porque está. Peter Buck es una máquina de referencias musicales (se dice que él tiene  una de las colecciones de vinilos y cd’s más grandes del mundo de la música y ya alguna vez dijo que sus amigos lo llaman a toda hora a preguntarle sobre grupos oscuros o canciones que nadie sabe y que solo él conoce) y aprovecha todo lo que sabe. ¡Hasta canta en español!

peter scott

En “Travel without arriving”, Buck lanza todas las caricias a George Harrison y se acerca lo que más puede a su antigua banda. En “10 million BC” repite hasta el cansancio las mismas líneas sobre el rock and roll y el tipo que le dice a la chica “ven conmigo”, con la particularidad de que la invitación involucra un viaje en el tiempo. Termina “It’s Alright” con gritos de fuck hasta que ya no da más y con una confesión que te deja un trazo de carcajadas: “Te digo una cosa, si esto no es música, entonces nada lo es”. Sí, lo de Buck es música. “Nothing means nothing” se convierte en una suerte de manifiesto acerca de la decepción del crecimiento y de como el nihilismo puro funciona como respuesta posible. “Some kind of velvet Sunday morning” es la canción de amor folk por excelencia en la que los tonos de voz de varios cantantes se juntan y crean una especie de idea de totalidad en la que el tributo se queda en la cabeza.

 Como todo el disco.

 Como la nostalgia.

Como un disco hecho por alguien que en lugar de quedarse en la nostalgia, se nutre de ella

.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s