Siempre es la ética

imagen tomada de revista replicante
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En un noticiario se transmite una noticia con información no contrastada y al poco tiempo nos enteramos de eso. En un diario se publica una “entrevista” que nunca se hizo y no sabemos muy bien por qué. ¿Qué hacer con eso? ¿Qué?

El periodismo es un tema de ética, siempre. Si me voy al extremo podría decir que todo error en su práctica es un problema de ética, incluso aquellos que se producen por no corregir una letra en una palabra. La ética no puede ser entendida como algo suprahumano ni debe estar plagada de consideraciones por las que esta solo responde a temas profundos. La ética en la profesión es algo más tangible.

En periodismo todo es ética.

En ese terreno, el periodista debería tener un solo dogma, una sola premisa de la cual pueden salir todas las reflexiones posibles y una buena práctica profesional: No se puede engañar al lector/televidente/radioescucha. Repito: NO SE PUEDE ENGAÑAR AL LECTOR. Pueden existir varias situaciones que consideremos también como faltas éticas, pero atentar contra el lector es la base de todas Si el periodismo no es claro en el contrato tácito con la sociedad, estamos en problemas.

Dos casos con similitudes y diferencias acaban de golpear al periodismo ecuatoriano con solo horas de diferencia. En ambos hay una conciencia alrededor de la ética y una nula reflexión sobre el rol del periodista ante la sociedad. En uno, un reportero de tv hace una nota con información no corroborada y en otro, el editor general de un diario publica una entrevista con el argentino Martín Caparrós, para que horas después el escritor desmintiera la comunicación con él.

Vamos, podemos decir mucho de ambos hechos, pero hemos reflexionado muy poco sobre lo que significan en realidad. Y hablo desde los medios. Los medios, que desde la vena periodística son muy capaces de indagar en los errores, fallas y malos funcionamientos de otros espacios, no pueden ver su propio reflejo. En Ecuador queda claro que los errores del periodismo son conversaciones en salas de redacciones, o entre amigos (con copas de por medio), y no son investigaciones o procesos de análisis que los medios quieran tomar como otro tema más de toda la gama de temas que pueden ser parte de su política editorial.

Sí, los periodistas en Ecuador preferimos no mirarnos el ombligo, no hacer más grande el problema de nuestra profesión. Consideramos un acto compasivo eso de no hablar de más, solo lamentarlo en nuestro círculo de lo sucedido y solidarizarnos con la persona que se ha convertido en carne de cañón por esta lamentable situación, por este error. Si alguien habla de eso, pues debe ser porque odia al periodista que comete la falta, sin duda. No somos capaces de entender que las acciones deben y tienen que ser motivo de un intercambio de criterios, sobre todo para comprender sus dimensiones reales.

imagen tomada de comunicacionsocialunl.wordpress.com
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En el caso de tv se habló en varios sitios (porque de por medio hubo un reclamo presidencial y un anuncio de posible demanda al medio), pero del otro casi ni se habló. Salvo en redes sociales y en programas de radio, nadie ha dicho nada. Quizás porque la persona involucrada es un editor, quizás porque muchos lo conocen y sienten aprecio. Quizás por muchas cosas que no vienen al caso.

La entrevista en cuestión se publicó bajo el título “Entre el papa, los Kirchner y el ego argentino… “. Mucha gente la compartió en redes sociales el domingo 17 de marzo y el lunes todo se vino abajo. Martín Caparrós escribió en su cuenta de Twitter lo siguiente: “Maestro! Un ¿periodista? ecuatoriano q intentó hablar conmigo y no me encontró, igual publica su entrevista”. Y colocó, a continuación el link de la nota publicada en el diario local.

¿Entonces?

Sencillo. La profesión debe estar inundada de ética, sino no sería posible ejercerla.

En el caso del reportaje de tv no se hicieron las verificaciones pertinentes para corroborar que la información transmitida (basada en un documento entregado por una fuente) era real. Digamos que Ecuavisa no se equivocó –pese a todo- y que en sí la información que dieron era real y que la molestia del Presidente solo buscaba que no se dijera nada más sobre el asunto –ligado con ascensos de coroneles a generales e intereses de por medio. Pues en ese caso, Ecuavisa (o su reportero, o ambos) se equivocó: al no haber corroborado la información en su momento, ya le quitó la oportunidad al espectador de acceder a una información real. Así sea falso o certero el dato, se violentó la necesidad de que el lector supiera un dato corroborado. Eso también es engañar a la persona que te lee o te mira por tele.

Por otro lado, para muchos quienes leímos la “entrevista a Caparrós”, algo estuvo mal de entrada. En ningún momento su autor decidió explicar al lector que el convenio tácito de lectura se había alterado, que estábamos ante una nota armada a partir de comentarios que Caparrós había dado a otro medio y de un texto que él había escrito para The New York Times. Nadie que leyó esa nota entendió eso. Nadie.

Me explicaron que en la edición impresa de ese día, en su portada, se pudo saber que lo que se iba a leer una recopilación de información. No sé, no he visto la versión impresa. Pero sé que los demás entramos en un juego de convenciones y nos convencimos de que estábamos ante una entrevista. De seguro que hay gente para la que todo está claro, pero no dejemos de lado que el mismo “entrevistado” salió a reclamar la existencia de ese texto en el que se define una “entrevista” y que él nunca había dado.

Sí. Leímos una entrevista “pregunta y respuesta” en la que su autor construye un diálogo no solo con lo que él coloca, como sus interpelaciones personales, sino por cómo estructura esa conversación: con guiones antes de cada intervención, como una máxima de la redacción literaria latinoamericana y que el periodismo ha tomado como suya. Sí, es una conversación (aunque muy mal hilada):

“- Y como arzobispo también enfrenta al gobierno kirchnerista de Fernández.
– Sus posturas sociales a menudo conducían a choques con Néstor Kirchner y Cristina Fernández, los presidentes que dan la espaldas a Argentina desde 2003. El arzobispo, públicamente denunció la política gubernamental sobre pobreza y desigualdad y acusó a los Kirchner de enriquecimiento fingiendo servir a los pobres”.

imagen tomada de http://noticias.universia.com.br
imagen tomada de http://noticias.universia.com.br

Por más que se empeñen en decir que en la portada quedaba claro eso, lo cierto es que el juego tácito de la credulidad estaba bien marcado en la nota.

Una entrevista que debe ser explicada bajo otros subtextos, en otro sitio, o en otra página del mismo medio, es una mala entrevista. Hay que partir también de eso.

Podemos asumir varios caminos para entender lo que ha pasado en ese caso. Desde el más superficial y torpe que acusa al autor de no entender las dinámicas contemporáneas y de no saber lo que puede pasar al hacer un ejercicio como ese (el tema explotó en redes sociales porque el propio Martín Caparrós se sintió ofendido), hasta el que considera que todo fue un error y ya, que no se ha infringido ninguna norma. Pero el único camino posible es comprender esta falta como lo que es: la ausencia de ética profesional.

Una ausencia que termina golpeando en el rostro al lector.

La ética está definida como un conjunto de normas que rigen la conducta humana. Esa conducta humana es la que entra en dilema cuando se producen estas faltas. No es un tema de moral, sino de hacer el trabajo de manera óptima, respetando códigos. De eso hablamos cuando hablamos de ética profesional.

Más allá de si entendemos o no la profesión, es obvio que nos importa muy poco el otro: el que nos lee, o nos mira y escucha. Cuando debe ser lo contrario. Si nuestra profesión trata de abrir la realidad a la gente, mostrando las prácticas nefastas de muchos espacios e instituciones, para que se puedan dar correctivos, ¿por qué no hacerlo con nuestra misma profesión? Ese acto de sinceridad y de autoreflexión le hace tanto bien al periodismo.

El 11 de mayo de 2003, ya para cuando medio mundo sabía todo lo que se había inventado Jayson Blair en sus textos para el New York Times, el diario decidió publicar una nota de más 7000 palabras (casi como un suplemento aparte), pidiendo disculpas, contando cómo se produjo el engaño y falta ética en el medio. Y eso es ética y respeto por tu lector.

Acá, simplemente, no podemos ir más allá. En un momento histórico en el que la comunicación es un hecho generalizado y en el que el periodismo se ha vuelto grito de guerra para el poder político nacional, la decisión del diario y del ahora ex editor (hubo una salida del cargo por este tema) ha sido el silencio. Hacer mutis por el foro y quizás asumir que mañana todo el mundo se olvidará de eso. Y sí, nos olvidaremos, pero esa actitud “aquí y ahora” no es la que precisamente vaya a dejar en buen terreno a la profesión.

A la larga el daño se hará evidente. Sobre todo porque la actitud de muchos periodistas profesionales es que este caso va a ser la cruxificción del ex editor (en el caso del reportero de tv, el canal lo despidió… una medida extrema, sin duda) y que eso no sirve de mucho. Por eso es mejor callar y que sean las universidades y las salas de redacciones esos espacios para hablar de los problemas y errores de la profesión.

Pero no. El periodismo no se hace puertas adentro. Olvidarse del lector, del televidente, del que escucha noticias por una estación de radio es lo más criminal que se puede hacer en circunstancias como las que redacto aquí.

La ética profesional se mide también en la manera que reaccionamos ante las faltas éticas.

Luego de dos anuncios de posibles declaraciones del ex editor que nunca se dieron, no sabemos nada. Hay rumores. Solo en tres días me he enterado de cinco. Desde los más descabellados, pasando por los burdos y hasta los directamente ridículos. Un periodismo que no enfrenta públicamente sus errores no es un periodismo sano.

La sociedad debe saber, de primera fuente, cuándo el periodismo es vehículo de faltas graves. Es justo y necesario.

imagen tomada de http://cdn.noticiaaldia.com
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A fines de enero, diario El País publicó en portada una foto falsa de Hugo Chávez. Cuando sus editores se dieron cuenta del error, decidieron sacar de circulación los ejemplares y al día siguiente apareció una nota en la que pidieron disculpas y contaron por qué publicaron la foto. Otros medios se hicieron eco de esto e investigaron por su cuenta todo lo que había alrededor de este terrible fallo de filtros y evidente poca ética profesional. ¿Diarios como “El Mundo” o el “ABC” publicaron reportes de este hecho solo por tratarse de la competencia? No. Lo hicieron porque más allá del malestar generalizado y público que generó esta foto falsa en una primera plana (que causó enojo en Venezuela, obviamente), también era necesario que la gente entendiera las razones que hay detrás de los errores periodísticos. El periodismo sano no es el que no comete fallas por asuntos de ética. El periodismo sano es el que se enfrenta con más ética a sus problemas éticos.

La ética del periodismo está en función del lector. No se lo puede maltratar, engañar, dejar de lado. La parte más importante del periodismo son el lector, el espectador… la sociedad.

Le podemos ver el lado bueno a todo esta experiencia, desde luego. La tecnología ya es la verduga de las invenciones en el periodismo. En alguna parte del mundo alguien, con el poder de un clic, podrá revisar lo que haces y entender la falta que has cometido cuando la hayas cometido. No somos tan inocentes, ni tan desconectados.

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3 comentarios en “Siempre es la ética

  1. Hola Eduardo. Tienes razón. Lo peor es que no se pueda discutir abiertamente del caso, en especial del de Buitrón. Si uno se pone a debatir del tema, para ciertos colegas, es como una muestra inequívoca de pretender linchar al involucrado. En mi caso trabajé, aunque más bien un tiempo corto, con Rubén Darío, y en realidad no tengo observaciones particulares de su trabajo, que lo consideré profesional. SIn embargo, me parece que tenemos conversar sobre las prácticas periodísticas en los medios en el Ecuador, porque se trató de un error de antología, sobre todo por la experiencia de quien lo cometió, quien, además, por lo menos en teoría, era un experto en temas de ética en el periodismo nacional. Buena onda que te hayas decidido a escribir en medio de tanto silencio. Esperemos que el debate se encamine. Saludos.

  2. La falta de ética en los comunicadores y periodistas ha abierto las puertas para que muchos sectores se vayan en contra de quienes ejercemos una de las actividades o profesiones más hermosos del mundo.

    Muchos cuidamos la credibilidad en todos los actos de la vida, en lo público y en lo privado, claro sin creernos perfectos, pero si gente honrada. Lamentablemente todo este permite que los ataques sean más duros y creo que, hasta cierto punto, tienen razón y todo por nuestra culpa, por quienes hemos dejado el servicio a nuestros lectores, oyentes o televidentes por amasar excelentes fortunas.

    En el periodismo hay gente muy honrada, gente que no se ha enriquecido con su pluma, con su voz o con su imagen, así como hay de los otros que han prostituido esta noble profesión y son “magnates” del periodismo y hasta se permiten en dar consejos y sugerentes de una buena práctica periodística,

    Bien dijo Alejandro Santos Rubino, director de Semana de Colombia en el prólogo del libro “Cómo hacer periodismo”, que “… Criticamos, interpretamos, analizamos, divertimos y pontificamos sobre lo divino y lo humano. La versatilidad de la pluma da para todo. Pero cuando se trata de mirarse en el espejo, de explorar cómo funcionan las entrañas del oficio, no es mucha la tinta que corre, ahí la pluma se seca…”

    Cuando nos toca escribir sobre nosotros, usando un adagio popular “entre bomberos no se pisan las mangueras” y eso ha hecho mucho daño, no solo en el Ecuador, sino en el mundo entero.

    Que bien que se hablen de los errores del periodismo ecuatoriano, eso nos va a fortalecer contrariamente a lo que muchos creen que nos va a causar daño.

    Creo que es el momento en hablar con mayor frontalidad sobre estos y muchos “errores” que cotidianamente comenten empresarios, dueños de medios y quienes laboran o laboramos en los medios.

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