Los amos del estudio de grabación

artículos, The Beatles

imagen tomada de beatlesysolistas.blogspot.com

Lo habían hablado mucho durante 1966. Para cuando llegaron al Candlestick Park, el 29 de agosto, en San Francisco, algo ya se había decidido: sería la última vez. George Harrison y John Lennon eran los más afanosos. Ringo los seguía. Paul McCartney, el entusiasta de los conciertos, quería que la banda siguiera tocando en vivo. Pero era imposible. La tecnología de la época no les permitía la potencia necesaria y los gritos de los fanáticos eran como una turbina de avión en sus narices.

Sonaban mal.

Se volvían cada vez peores músicos.

El concierto que en 1966 dieron en Japón era la prueba. El público gritaba contenidamente, así que se podía escuchar cada nota que intentaban. Los Beatles estaban complicando cada vez más sus canciones con cada disco que sacaban, por lo que resultaba un crimen tocarlas en vivo con dos guitarras, bajo y batería. ¿Podían intentar “Eleanor Rigby”, con un cuarteto de cuerdas, sobre un escenario? No.

imagen tomada de beatlesmemo.com

Lo decidieron entre ellos y no dijeron nada a nadie. Se fueron de vacaciones. A finales de año e inicios de 1967 se juntaron en el estudio de EMI, en Abbey Road, y empezaron a trabajar en lo que sería “Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band”. La banda sería música solo a través de sus discos.

Cuatro años antes
Era el 6 de junio de 1962 cuando los Beatles entraron por primera vez a los estudios de Abbey Road, a grabar para quien sería su eterno productor, George Martin. Él tenía poca experiencia en el rock y ellos no sabían nada de lo que significaba estar en un lugar así. Martin detestó a su entonces baterista, Pete Best, y dijo que si seguía grabando con ellos, contrataría a un baterista de sesión. Cuando volvieron, en septiembre, Ringo ya estaba en el grupo, pero Martin no se arriesgó. Grabaron “Love me do”, con Andy White en la batería y Ringo con la pandereta. En el documental “Anthology” se puede ver a Martin declarar con cierta picardía: “Hasta el día de hoy, Ringo me dice: no me dejaste tocar”.

Luego lo escuchó y decidió que él sea quien tocara. A finales de año, y luego del éxito del sencillo “Please, please me”, los Beatles pudieron grabar su primer disco en una sesión de 12 horas, que terminó con un Lennon con la garganta destrozada y eso se puede notar en el cierre genial de ese álbum: “Twist and shout”. La conquista empezaba y todo en clave de rock and roll.

imagen tomada de k37.kn3.net

De ser una banda de guitarras, con un piano de vez en cuando y armonías vocales interesantes, los Beatles fueron ganando terreno musical. Eran los que más dinero le daban a EMI, así que se convirtieron en los consentidos. Usaban el estudio por las noches, solo para ellos. Eran famosos, tenían más amistades, surgieron otras inquietudes, poco a poco dejaron de ser esos hijos de clase trabajadora de Liverpool para convertirse en referentes y eso se reflejaba en sus canciones. En 1965 publicaron su quinto disco, “Help!” (que vino hasta con película). Vivían todos en Londres, que ya empezaba a ser “swinging”. Lennon escribía y lanzaba libros. McCartney empezaba un affaire con la música clásica y lo avant garde que serviría mucho en la banda. En “Help!” todavía hay rock and roll, pero ya empiezan los experimentos. En “You’ve got to hide your love away” llevaron al estudio a John Scott a grabar los solos de flauta y así, este tema con aires de Bob Dylan, se fue a la estratósfera.

En este disco también entran las cuerdas, en el cuarteto que acompaña a Paul, en guitarra y voz, durante “Yesterday”.

Ya no eran los chicos que se emborrachaban con cerveza o licor barato. Había marihuana y otras sustancias. La música ya no era Elvis, el rock podía ser vehículo de arte. Con “Rubber Soul”, también de 1965, la historia cambia. Ringo toca el órgano. George Harrison agarra el sitar y le da otro sentido a “Norwegian wood”. Lennon se vuelve más nostálgico y compone la maravillosa “In my life”, a la que George Martin le agrega ese impresionante solo de piano. Paul se ensombrece con “Michelle”. Son cantantes de lujo, han encontrado el camino en el estudio y en su siguiente disco, “Revolver” (1966) quedará claro.

Canciones en una sola nota (“Tomorrow never knows”); cintas en loop, sostenidas por lápices; el bajo grabado con tanta potencia que debían sacar el parlante al pasillo del estudio para registrarlo en cinta. Psicodelia en un sonido de trompetas tan comprimido que sonaban a cualquier otra cosa (“Got to get you into my life”). En “Eleanor Rigby” es la primera vez que nadie colabora en nada con un tema, solo su autor. El nivel de las canciones se eleva y su grabación complica la reproducción en vivo. Recién en los años 80’s y 90’s (con un Lennon ya asesinado), Paul y George pueden tocar en conciertos algunas de las canciones con la ayuda de sintetizadores y la tecnología desarrollada.

La vida en el estudio
Sonidos al revés, feedback, efectos sonoros para compañar a las canciones. Música hindú de la mano de Harrison… Los Beatles ampliaron el espectro. Vivían en el estudio (se ha llegado a hacer un conteo de sus horas en Abbey Road y dan un total de un año completo grabando canciones). Hacían fiestas, llevaban amigos, una cama se instaló en 1969 para que una Yoko Ono convalesciente (por un accidente de tránsito) acompañara a Lennon en las sesiones. Cada cual hacía lo que quería: George llevó a su mejor amigo, Eric Clapton, a tocar el solo de “While my guitar gently weeps” (del “White Album” de 1968). Los ingenieron sufrían con ellos y sus pedidos: Lennon torturó durante semanas a Geoff Emerick, ingeniero de la época de “Revolver”, porque quería que el bajo sonara más fuerte que en los discos de Wilson Pickett. Otro ingeniero, Ken Townsend, inventó un sistema automático para doblar las voces (en una época donde todo era analógico) porque ellos no querían cantar de nuevo. Más músicos extra llegaron, pusieron de su parte para hacer crecer la canciones. George Martin se tomó hasta dos veces vacaciones durante la grabación del “White Album”, porque se demoraron tanto en terminarlo.

imagen tomada de flickr.com

Los Beatles dejaron de tocar en vivo y crecieron. La mayoría de su discografía se hizo en consolas de 4 canales. Eran los tipos que mejoraron como instrumentistas al no preocuparse de cómo sonar en vivo. Paul creció como pianista y George terminó siendo un gran guitarrista. Ya en sus útlimos trabajos la tecnología les dio cierta ventaja (llegaron a grabar en 8 y hasta en 16 canales) y la usaron en provecho de sus canciones. El epílogo de la vida en el estudio está en un tema que dice “Y al final, el amor que tomas es igual al amor que haces” y suena de la mano de un solo de batería de Ringo y los solos de guitarra de Paul, George y John. Grandes los cuatro. No pudo ser más preciso.

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