Alberto Fuguet: “Me parece que una película latinoamericana debe triunfar en lugares más allá que Róterdam”

Lo que van a leer a continuación es una entrevista en onda “pregunta / respuesta” que le hice al escritor y cineasta Alberto Fuguet hace exactamente 4 años. Estuvo de visita en Ecuador, como presidente de jurado del festival “Cero Latitud” y muchas de las cosas que ahí dice son pertinentes, todavía, al quehacer narrativo (en papel o en películas) por acá. La entrevista fue publicada en diario El Telégrafo.

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imagen tomada de elhablador.com

Vienes como presidente de jurado de largometrajes en esta edición del Cero Latitud, ¿qué perspectivas o aspiraciones tienes del trabajo que vas a realizar?

Me gustaría que gane la película que me guste. Una vez estuve en un jurado en Polonia y perdí todo. Ser Presidente de un Jurado requiere de mucha experiencia y no sé cómo hacerlo, pero a nivel personal no quisiera que me diera vergüenza entregar el premio. En Polonia ni siquiera fui a la ceremonia, porque me pareció que ganaban los peores. Pero mi impresión acá es que viendo a los otros jurados, no va a pasar eso.

Aún así, se trata de establecer relaciones entre los filmes con uno al momento de ejercer la función…

Claro, me parece que es como los concursos de cuentos o como en los colegios, a veces: se vota por alguien que podría beneficiarse más con esto, dar más frutos; aunque también se trate de que escoger una película que tenga que ver con mi sensibilidad.

¿Una sensibilidad latinoamericana? Mucho se ha dicho de que tu trabajo no refleja lo que se supone es ser latinoamericano…

¡Me siento latinoamericano! ¡Todo mi mundo y mis amigos son latinoamericanos!… las 24 horas del día uno es latinoamericano. Hay mucho en Latinoamérica más allá de lo que se ve; al final uno es el que va construyendo el país y su vida. Sin embargo, otra cosa es ser hipócrita y no puedes vivir una vida y contar otra a los extranjeros. Siento que mucho del cine y de la literatura peca de mostrar lo que pueda verse en festivales, como el de Róterdam. Eso es lo que llamo la “pornopobreza”.

¿Qué implica esta “pornopobreza?

Que puede haber de todo, incluso grandes películas; pero hay que ser muy bueno para ello, sobre todo si el género ha sido super explotado. Es como si te metieras a hacer Bergman… es preferible que lo hagas mejor que él.

imagen tomada de ivanthays.com.pe

Esta dinámica es algo que viviste…

Claro, lo he vivido en la literatura, sobre todo con esta cosa de McOndo. Pero siento que en cine todavía hay de esto. Sé que existe en circulación un manual de cómo hacer una película latinoamericana y que te vaya bien en Europa. Cualquier tipo relativamente inteligente, que ha viajado a un festival, sabrá cómo utilizarlo y sabrá cómo conseguir fondos. Yo no estoy leyendo ese manual.

Es como si se tratara de “mostrar lo que es un país”, en lugar de “mostrar lo que supongo que es uno”. ¿Es pretencioso eso?

Yo no le diría pretencioso, más bien es arriesgado. Lo que veo ahora es que ya hay películas distintas y se lo está demostrando. Prefiero ese cine de autor. Cada vez tengo más dudas, incluso en literatura, de ponerle un apellido a la obra: ecuatoriana, por ejemplo. Creo que a la larga me interesan los autores y ellos llegan a tener un carné de identidad que muestra del país que son, pero a la larga un buen autor es capaz de captar un mundo propio que tendrá que ver con el país, la ciudad y el barrio de origen. Un buen cineasta es capaz de salir de ese mundo y seguir siendo él.

Me parece que una película latinoamericana debe triunfar en lugares más allá que Roterdam.

Aún así, en Ecuador, por ejemplo, mucho del cine que se realiza cumple una función de mostrarnos y el público va al cine para verse, también…

No conozco mucho de Ecuador, pero veo que el cine está partiendo. Claramente existe una etapa como en todo ser humano de besarse en el espejo o tocarse en los genitales… hay una cierta edad en que la gente tiene que verse y eso ya ocurrió en otros países, probablemente se tiene que pasar por eso, no está mal. Los cineastas deben estar más atentos que el público, porque una vez que se ve, quiere ver algo más como el interior del personaje, y no sólo quedarse con el acento.

“Se arrienda”, tu primera película, se centra en Santiago, pero probablemente ignora la imagen de postal…

Es que yo no me siento dueño de Santiago, menos de Chile. Como cada persona, termino ligado a un barrio y a un mundo. Nadie es capaz de dominar toda la ciudad, ni conocer todos los sectores. Uno pertenece a un grupo y punto.

Tu relación con el cine es importante: viviste tu infancia en California cerca de los estudios de filmación, a tu regreso a Chile esto se transformó en la válvula de escape para el soportar el cambio de idioma de inglés a español y hasta fue el germen de tu obra narrativa, cuando entendiste que podías contar otras cosas gracias a las películas…

Y por eso me enojo, grito y chillo. Para mí el cine no es una cosa que tenga que ver con política, ni relaciones públicas ni cultura. El cine es cultura al final, antes es pasión, sexo, odio, enredo. No es “hagamos un guión para hacer cultura”…

¿La identidad pasa por ser responsable con uno mismo?

Sí, y en confiar que tengas una identidad. Lucrecia Martel me encanta, ella es un super ejemplo de que puedes hacer películas no sólo del centro, sino desde la provincia y hacerlas universales. Terminan siendo muy argentinas, pero lo importante no es Argentina, ni Salta, sino el mundo de ella, aunque al final termine hablando de Salta y de la verdadera Argentina, que no es sólo Buenos Aires.

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