Sinapsis

cuento

 imagen tomada de esclavus.blogspot.com

” but when you talk about destruction / don’t you know that you can count me out… in”
John Lennon

Los aviones pasan encima de tu casa cada 10 minutos. El aeropuerto de Quito está en medio de la ciudad y no te queda más remedio que aceptar esa condición de citadino: el ruido interrumpe, te deja sin paz, te arranca el sosiego de un mordisco. La primera de las violencias que debes soportar. A un lado, un taller de orfebrería funciona al aire libre (sospecho que sin permiso). Hay máquinas que de un momento a otro, sin importar la hora o la condición de la salud de los vecinos, gritan desesperadas. Solo suena un grrrrr que proviene de la tenaza que destroza metales, que los separa para las aleaciones (porque de seguro que no todo lo que brilla en ese taller es oro). Caminas por la acera y los automóviles te pitan, te exigen ese espacio para parquearse; es su terreno y no el tuyo. Dos amigos se encuentran y se saludan en la puerta de entrada a cualquier sitio. Y claro, no dejan entrar a nadie más porque están hablando. Es más, no existe nadie más. Compras algo, te dicen que son $9,97. Pagas con $10 y te entregan $0,02 y debes dar las gracias. Te dan trabajo, cumples tu rol según el acuerdo, vas a cobrar con una sonrisa dibujada en el rostro y te dicen que no hay dinero todavía. Esa misma tarde, la misma persona que te lo ha dicho, publica en su cuenta de Facebook que se va de vacaciones a la playa y que eso es lo mejor que le puede pasar en su vida. Y te quedas en tu casa, como el Chavo del Ocho, moviendo el barril de un revólver, al que le has quitado todas las balas, menos una. No la vas a usar contigo, porque tampoco te puedes dar el lujo de ser como el montón y joderte como deporte extremo. Hasta la misma idea te lastima, porque estás convencido de que no importa donde estés, ni qué tipo de poder te coloca ese peso específico sobre los hombros (ponga el nombre que quiera, este espacio se renta), solo interesa la simple descarga eléctrica que hay en todo tu sistema nervioso para que un pensamiento tenga cuerpo, y así comprendes que estamos a merced del remezón y que no se puede esperar nada más de nadie. Piensas en los monos de “2001: Odisea del espacio”, que descubrieron la inteligencia al golpear un fémur contra un cráneo, mataron y ganaron territorio. Es lo mismo de siempre.

Hoy viste el noticiario y asumes que puede ser momento de salir y ser uno más con el primero que colme tu paciencia. Pero eres una persona de paz y le pides disculpas al vacío por tal pensamiento.

¿Lo peor? Uno de estos días te vas a decidir.

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(este cuento se publicó inicialmente en http://www.bbc.co.uk, como reflexión sobre la violencia en el continente)

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