Fernanda Restrepo Arismendi: Las cosas suceden antes o después, solo hay que quedarse

entrevista

imagen tomada de cinerama.ec

Departamento convertido en oficina por las circunstancias. Kit de prensa a un lado. Una computadora encedida en la que ella trabaja. “La cinta blanca”, de Michael Haneke, en formato dvd, sobre una mesa. A un lado está la foto de su familia; los cinco, en un momento congelado, una imagen que ya es parte de la historia de Ecuador. Fernanda Restrespo Arismendi ingresa con prisa, no se detiene, no se puede dar tiempo para descansar y ver con frialdad lo que está pasando, lo que mueve su documental “Con mi corazón en Yambo”. Porque con pocas semanas en cartelera ya ha obligado a la reapertura del caso de la desaparición de sus hermanos en manos de agentes de la Policía y también una reflexión general alrededor de los gobiernos del país, el encubrimiento de ciertas acciones, y cómo hacer de la memoria un instrumento importante para vivir.

En el fondo, “Con mi corazón en Yambo” es una película sobre la vida.

“Este documental hace rato no es mío porque esta historia no es nuestra, es de todo el país”, comenta en plena tarde lluviosa. El cielo está gris y las gotas caen con furia. Otra vez el agua como recurso básico del filme que dirigió: en la piscina de los recuerdos de la infancia; en el río Machángara, donde se dijo que se habían accidentado los hermanos Santiago y Andrés Restrepo, a inicios de 1988; en la Laguna de Yambo, donde se suponen que están sus restos; en el mar, el último momento de contacto entre Fernanda y su madre, antes del accidente que acabó con su vida. “No solo se perdieron dos niños, sino de toda una generación. Muchos perdieron un hijo, un amigo, un sobrino, un nieto. Cuando se perdieron Santiago y Andrés perdimos como país”, sentencia.

¿Cómo fue que decidiste hacer este documental?
No fue como una iluminación… Creo que fue casi un accidente hacerlo. Estudié dirección de documentales, producción de televisión y periodismo, pero no cine. Por eso todo esto fue un aprendizaje de principio a fin.

¿Por qué  lo defines cómo “accidente”?
La idea de hacer el documental la tuve hace siete años; pero se quedó ahí, empolvándose. Lo tuve dormido por cuatro años, hasta que se despertó. Una amiga me dijo: “Aplica a Argentina, al DocBsas, para que te impulsen a desarrollar el guión”. Y yo decía: “¡Qué pereza, me van a decir que no!”. ¡Paf! Se ganó eso y de ahí, cuando apliqué y gané el CNCine (Consejo Nacional de Cine) para producción, ya no tuve más remedio. ¡Ni siquiera tenía la investigación armada! Por eso me tocó todo en uno: investigación, rodaje, y otras grabaciones laborales que debía hacer por la productora que tengo. Tenía que hacer mil cosas a la vez y casi me vuelvo loca.

imagen tomada de ojospuestos.blogspot.com

Fue un proceso completo. Más de 150 cassettes de material demuestran cómo el proyecto se estaba haciendo gigante. “Tenía un guión definido, pero el documental siempre te lleva por caminos inexplorados”, cuenta. Con la nueva búsqueda en Yambo y lo realizado por la Comisión de la Verdad en Ecuador, el trabajo tuvo otros componentes que se volvieron importantes: “Por un lado estaba la documentalista que decía que debíamos cumplir con lo establecido y que no nos debíamos salir de ahí. Y por otro lado estaba la hermana que necesitaba indagar y llegar más allá”, recuerda. La solución llegó de la mano de una certeza.

¿Cuándo fue que el documental tuvo sentido para ti?
Pues llegó un momento en que me dije que este documental no va a descubrir verdades nuevas y me sentí perdida. Ahí me di cuenta de que realmente va sobre el poder de la lucha y el rescate de la memoria para mantener ahí vivos a Santiago y a Andrés.

¿Se te hizo más sencillo así?
Digamos que me obligó a enfrentarme al miedo. Lo digo de otra manera: Viví una vida prácticamente normal dentro de toda esta locura, porque mi papá se encargó de que no estuviera inmiscuida en todo. Claro, viví ese dolor, pero no sabía la historia absoluta con nombres, apellidos y detalles. Y decidí enterarme, leer todo y una vez procesados los hechos, me puse a pensar qué recordaba de Santiago y Andrés, cómo eran ellos. Y fue como ese cassette en loop todo el tiempo, porque no tienes más imágenes, ni memorias. La mente te deja sin memorias, por protegerte, o qué se yo. Estaba bloqueada en ese sentido y me quedé sin ellos, sin sus voces. De ahí solo te preguntas ¿quién mueve los hilos? ¿Quién es capaz de dejarte sin memoria, sin pasado, sin presente y así sin futuro? (…) Por eso soy de las que aplaste “rec” y nunca “stop”. Las cosas suceden antes o después, solo hay que quedarse.

¿Por qué hay que quedarse?
Porque esa es la única forma que tenemos para mejorar como país, como personas: enfrentándonos a ese pasado, a ese dolor.

Hoy Fernanda se dedica a esta película, a lo que ha desencadenado (“No olvidemos que esto fue un crimen de Estado, hecho por gente de Estado, en carros del Estado, en instalaciones del Estado y es el Estado el que debe seguir respondiendo”, dice). No piensa en nada más, sino en estos cuatro años de trabajo constante, en que el documental ha sido aceptado en el International Documentary Film Festival Amsterdan (IDFA), en que todavía habrá cosas que ella quisiera ‘corregir’ para presentarlo de otra manera en los cines, en que el siguiente trabajo será una verdadera prueba de fuego como realizadora. ¿Piensa en eso ahora? No, solo existe el ‘hoy’. “Luego se viene un reto mayor”, afirma. Y al resto no nos queda más que quedarnos… y esperar.

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Esta es una entrevista que le hice a Fernanda Restrepo hace un par de meses y que se publicó en diciembre en Ecuador.

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