El drama de los libros hechos en Ecuador

imagen tomada de elcomercio.com

Hace pocas semanas estuvo el escritor ecuatoriano Leonardo Valencia en Ecuador. Presentó la cuarta edición de ese libro progresivo de cuentos que se llama “La luna nómada” (Punto de Lectura, 2012) y habló con varios medios. Una de estas conversaciones apareció publicada en el último número de la revista CartónPiedra, de diario El Telégrafo, y en ella hace referencia a un punto que me parece fabuloso que lo haya tocado:

Como en todo, hay editores muy buenos que apoyarán tu carrera y hay editores muy malos que son como mercenarios. Pero sí me parece terrible –y por favor, eso publícalo-, que en Ecuador las editoriales quieran cobrar a los autores, pues así no hay ninguna calidad literaria. Eso tergiversa la cultura editorial, pero más allá de eso, el escritor debe preocuparse por escribir un buen texto”.

A raíz de mis recientes experiencias (viaje a Guadalajara, a la FIL – que al menos aquí en Ecuador me ha hecho acreedor de frases como “Tesorito mejor guardado, tú que lo sabes todo”, por parte de otra gente que escribe – y mi matrimonio) mi relación con el libro hecho en Ecuador ha cambiado. Más preciso sería decir que me he fijado con más atención en ciertas características de estos libros. Algunas muy particulares:

1) La mayoría de los libros que forman parte de la biblioteca en común con mi mujer son de literatura ecuatoriana.
2) De ellos, el 23% corresponden a libros editados por sellos propiamente constituidos.
3) De ese 23%, el 70% son parte de colecciones auspiciadas por municipios y ministerios.
4) El 90% de esos libros no puede permanecer quietos por sus propios medios. ¿Qué quiero decir con esto? Algo sencillo que tú lo puedes poner en práctica en tu casa. Toma diez libros de literatura ecuatoriana y colócalos sobre una mesa, como si los fueras a exhibir en una estantería de una librería. Uno junto al otro, bailando el trencito. ¿Listo? Ahora, como padre enseñando a andar en bicicleta a hijo, suéltelos, y vea lo que pasa a continuación.

Sí, se caen.

Ahora intente lo mismo con libros editados en otros países. Sorpréndase del resultado.

Nuestra industria editorial no es industria en su extensión real. En este país, casi nada de lo que se considere gestión cultural lo es. Y no, no es reclamo, es un acto de reconocimiento. Tenemos libros de distintos tamaños, diseños y, por lo general, sin un proceso adecuado de edición, lo que permite que errores ortográficos y gramaticales tengan presencia como regla. Vivimos en medio de libros que con las justas llegan a librerías; libros que descansan en cajas en las casas de sus autores, quienes no saben qué hacer con esos ejemplares, una vez que pagaron a la imprenta o a la editorial de cuarta que decide publicarlos luego de cancelar una moderada cantidad.

Libros que son objeto de un chantaje comercial desagradable, por parte de gente de letras que asume la existencia de editoriales como un negocio para lucrar y no para invertir y arriesgarse de manera creativa, para así generar lectores y recuperar la inversión.

Libros que están en secciones de “literatura ecuatoriana” que con suerte vas a encontrar cada vez que caminas por una librería.

Libros heridos. Libros que no se leen.

Y si me preguntan una vez más ¿por qué no creo en los procesos políticos que se llevan a cabo en Ecuador? Mi respuesta será sencilla:

Una verdadera revolución trata de que la cultura se convierta en objeto de consumo y no en objeto político.

Quizás sea hora de exigir que las condiciones se den para que un “mercado editorial” funcione de una vez por todas en Ecuador, no para generar industria, sino para leernos, realmente leernos y entender qué estamos haciendo, creando o intentando contar.

Que no pase eso, en un país que se intenta definir a diario desde un poder político fuerte, que busca hasta revisionismos históricos que rozan lo aberrante, es criminal.

Lo calidad está, o llegará, tal como lo dice Valencia en la misma entrevista: “… la verdad es que el texto de cualquier escritor que escriba bien se abrirá camino de una u otra manera. Es probable que demore más, pero llegará a darse a conocer”.

Solo se trata de leer.

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2 comentarios en “El drama de los libros hechos en Ecuador

  1. El mercantilismo contra la cultura. No soy de los que gustan de leer en digital, pero el auge de las nuevas tecnologías está transformando el modelo de negocio de las editoriales, especialmente de aquellas que chupan la sangre a los autores.

  2. soy escritor novato lo hago por que es mi escencia escribo poesia ficcion drama aventuras no quiero hacer de la escritura un negocio solo quiero que sea mi sueño mi pasion con mi modestia puedo decir que tengo mucho talento incluso puedo hacer de mi escritura una pelicula o una novela pero como es este pais no se que hacer fuese bueno que el gobierno ayudara a los escritores a dar un paso grande como lo hacen en otros paises apoyarlos en su edicion comercializacion incluso traducirlos a varios idiomas

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