Un Chaplin cruzado con estiércol

Crítica cinematográfica

imagen tomada de blogs.revistagq.com

José Luis Torrente es un personaje desagradable, terrible, asqueroso, infame. Misógino, racista, homofóbico, xenófobo, oportunista, corrupto, mala persona… Imagínese lo peor: Es de los que se creen capaces de lanzar una flatulencia, llevar la mano a la parte trasera de su pantalón y luego ponérsela en la cara de la persona que está a un lado, para que esta tuviese sobre sí ese olor nauseabundo que acaba de salir de él. Ese es el personaje que ya va por su cuarta película y que, lejos de todo esto que sirve como advertencia, hace reír.

Sí, el personaje que ya es trademark de Santiago Segura es despreciable, pero extrañamente genera risas. Bueno, el adverbio no debería ser ese, pues todo lo que hace este policía convertido en detective privado está en función de la apariencia de triunfo y ese carácter oportunista lo vuelve artífice de tonterías, la mayoría de ellas muy graciosas. Torrente es víctima de la crisis, trata de sobrevivir, come de basureros, acepta cualquier trabajo, subarrienda su departamento… Vela solo por él, pero de cierta manera termina en una dinámica en la que el “otro” y su apoyo (y la ayuda mutua) son la única forma de hacer las cosas.

Así, en “Torrente: Crisis Letal”, lo que tenemos es una serie de temas, como la política migratoria y el desdén hacia los extranjeros, que se juntan en un policial que de golpe se convierte en un drama carcelario desdibujado. Las cosas que aparecen en la película son fuertes, el contenido político es bárbaro y lo que pasa con Torrente es que termina por reflejar a un ser humano despreciable que es el que se gesta en un país que no está en su mejor momento. Hay mucha inteligencia detrás del excremento y quizás esa puede ser la mejor manera de decir la cosas. El riesgo como camino: mujeres desnudas (no podía ser de otra manera en una película de Torrente), humor escatológico y malas palabras.

imagen tomada de que.es

Todo en una licuadora.

El humor no neceariamente debe ser risa fácil. De cierta manera también debería chocarnos y en ese punto colocarnos en posición de comprender que eso que vemos y nos causa gracia no es necesariamente lo correcto, pero podría ser lo mejor. Torrente no alecciona, no cambia, no se redime… solo exagera y nos obliga a pensar.

Con guión, dirección y actuación de Segura, en esta cuarta entrega hay una cantidad impresionante de “famosos” que le hacen la venia y son parte del entramado: desde David Bisbal (quien canta el tema principal del filme), pasando por los Hombres G, y hasta los futbolistas Kun Agüero, Sergio Ramos, Gonzalo Higuaín y Cesc Fábregas (dato freak: el ayudante de Torrente es Kiko Rivera, hijo de Isabel Pantoja y el torero Francisco Rivera “Paquirri”). Se trata de hacer de lo desagradable germen del humor (algo que los Hermanos Farrelly consiguen muy bien en el cine de Estados Unidos) y de, a pesar de eso, encontrar ciertos sentidos.

Si al final ves a Torrente como ejemplo, de seguro hay algo que no te está funcionando bien en la cabeza.

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