Mario Bellatin: cuando sobra el punto final

artículos

imagen tomada de http://salonkritik.net

Lo que iba a pasar con Mario Bellatin en Guayaquil era más que evidente. Aunque mejor es ponerlo desde otra perspectiva: para definir lo que iba a pasar con él, durante la Feria Internacional del Libro Guayaquil 2010, organizada por el Ministerio de Cultura, en octubre pasado, no necesitaba ser clarividente. Todo iba a caer por su propio peso. Porque funciona mejor recurrir a las sombras, quedarse a un lado de todo, ver las cosas pasar y dedicarme a la voluntad paciente del observador impreciso, dispuesto a fabular y a llenar los espacios con ramas de árboles. Quizás hasta como un homenaje al propio sujeto de análisis.

Si no lo sabe, Mario Bellatin es un escritor importante y eso sí se debió tomar en cuenta para invitarlo a la FIL (así, con siglas contundentes). Probablemente muy pocos sepan dónde radica su importancia y bueno, está en su obra, en esa lista interminable de libros que ha publicado en diferentes sitios; en esas novelas que se pueden leer sin dificultad una por tarde, en las que, si quiere, mezcla fotografías, mapas, postales, lo que se le ocurra, al servicio de una historia (que por lo general no se puede entender como algo con principio o final, sino como una puesta en escena). Su relevancia se asienta sobre esa necesidad de crear un cuerpo de títulos que sin bien lo convierten en escritor, también lo vuelven un ser atípico: da la impresión de que Bellatin no escribe, sino más bien busca maneras para sobrepasar la experiencia de la escritura, en honor a lo que quiere contar. En un ensayo, titulado “El problema Bellatin”, el escritor argentino Alan Pauls intenta definir esto: “Bellatin prefiere dejar que la literatura esté en falta y busca afuera (…) las fuerzas capaces de pensar sus vacíos y sus límites, no sólo como práctica sino como institución”.

Bellatin es el escritor que además de obtener una beca Guggenheim, y de llevarse algunos premios por sus novelas publicadas (y cuyos títulos casi no llegan a Ecuador. Si tiene oportunidad busquen “Salón de Belleza” – que es lo más se ve por las librerías nacionales- y léanla), ha sabido comprender que las formas son lo más triste de la creación y ha buscado siempre ir más allá. Juega a romper con los límites y ensayar una mejor aproximación hacia el acto de narrar. Pareciera que Bellatín va por la tangente para contar las cosas con mayor libertad; que la historia es lo sagrado, pero no el texto.

Es como si la pureza debiera estar en él y no en la literatura.

“Yo siento que las escrituras no deben dejar de moverse y eso pasó en Latinoamérica cuando se instauraron normas, reglas, cómo debían ser las cosas”, dijo en Guayaquil, en una nota publicada en diario El Telégrafo, el pasado 24 de octubre.

Entonces a ese Bellatin le tocó pasar por lo obvio en tierras guayacas, de cara al Malecón y a esas zonas estrictamente turísticas: entrevistas, saludos, caminatas, gente que se le acercaba para conocerlo, escucharlo, estrecharle la mano (la única que tiene, nació en 1960, en México, de padres peruanos, con un ‘defecto’ congénito que significó que su brazo derecho no se desarrollara… un hecho importante, no lo pierda de vista). Tuvo a su alrededor escritores locales que le llevaron sus libros publicados con la esperanza de ser leídos por ese ‘monstruo’, con algo de ese acento que escuchamos en novelas mexicanas y con un discreto seseo que hizo de sus intervenciones públicas un deleite. Hubo halagos, fotos, preguntas obvias (¿Qué sabe de la literatura ecuatoriana?, por ejemplo), risas, explicaciones sobre su propuesta artística… Todo en una suerte de montaje que, incluso cuando habló sobre lo que era ser un escritor raro, pareció prestarse a una mayor rareza. Es más, María Alzira Brum Lemos, autora brasileña, también invitada a la Feria, le hizo una pregunta en una de las mesas y eso fue suficiente para que por más de una hora hablara, sin casi detenerse, abriendo inciso tras inciso, para conseguir la comunicación.

imagen tomada de http://ciudadania-express.com

Escritor y paradoja
Se lo ve como un personaje estrictamente mediático (busque sus fotos en Google y verán las cientos y cientos de fotografías posadas que tiene, de todo). El garfio, ese elemento fundamental para su imagen, ya ha dejado de estar presente. Es más, en Guayaquil no lo usó (“¿Vino con el garfio?”, preguntaban el día de la inauguración de la FIL, en los pasillos del Centro de Convenciones Simón Bolívar – más conocido como el MAAC. Tres días después la versión oficial, de boca en boca, recorrería el mismo sitio: “No, ya no lo usa porque es muy pesado”). Quizás lo que vino a hacer en Guayaquil fue mostrarse en ese estado de transición. Años atrás, en una visita a Brasil, decidió ir con todas las municiones y cargaba con una prótesis que terminaba en un pene largo y plateado, en lugar de garfio. Desenfado puro y hasta caricatura en Playboy incluida. “En ese momento que fue el momento cumbre de los garfios empieza la etiqueta: él juega con su imagen y dije no más, porque no es verdad, es hacer un ejercicio, como el de los dobles de escritores. Mi imagen también tiene que cambiar porque la escritura tiene que cambiar”, contó en la misma entrevista de el Telégrafo, que referí anteriormente.

Observar desde una distancia prudencial es un ejercicio más próximo a ese Bellatin paradójico. Es el tipo que una vez le preguntaron sobre sus influencias y se inventó a un escrito japonés, Shiki Nagaoka, de quien dijo que tenía una nariz tan grande que no podía comer. Y claro, nadie captó la broma y de ahí salió un libro: “Shiki Nagaoka: una nariz de ficción”, con todo y fragmentos y hasta bibliografía, de una invención divertida.

Es la persona que armó un Congreso de Escritores mexicanos en París, al que llevó dobles de Margo Glantz, Sergio Pitol, José Agustín, y Salvador Elizondo, con el objetivo de probar si el autor del texto no podía existir. Imaginen la cara de todo el mundo que viajó para verlos.

También es el tipo de las leyendas, el que un día se cansó de llevar una prótesis y en uno de sus viajes a la India, de cara al Gánges, la lanzó al agua, desprendiéndose de ella como en un acto de nobleza con el muerto que descansa en el líquido. Ha dicho que el castellano no es su idioma (que se siente mejor cuando ve sus traducciones en otras lenguas que condensan mejor las ideas), pero lo sigue utilizando.

Es el autor que ha escrito y escrito y publicado tantos libros que leerlos en su totalidad ya es una empresa fallida (no se exija demasiado, porque hacerlo es imposible: en Guayaquil presentó su proyecto –en proceso- “Los 100 mil libros de Bellatin” que consiste en publicar en formato pequeño, muy pequeño, sus libros, colocarlos en dispensadores –unos 100, por lo que cada uno deberá tener siempre 1000 ejemplares- y rearmar su obra). Es la persona que en pleno inicio de la Feria habló en representación de los otros escritores invitados y dijo lo que se tenía que decir en ese momento: “¡Feria o muerte, venderemos!”, un grito de guerra que aplaudido por todos e incomprendido por muchos de los que estaban en a propia mesa directiva (en el transcurso de esa semana, Bellatin sería mucho más directo al decir que la entrada a la Feria en lugar de ser gratuita debería obligar la compra de un libro, por ejemplo).

Bellatin no ve con romanticismo el tema de los libros, pero son importantes para él. No reniega de las grandes editoriales, pero sí busca maneras de que su obra le llegue a la gente (a través de mecanismos más baratos y hasta discretos), que se fomente no sólo la lectura, sino la adquisición de obras: “En las presentaciones de libros todo el mundo entra gratis, ¿por qué no se venden los libros del autor desde que se ingresa a esa presentación? Me lo he preguntado siempre y no tengo respuestas”, dijo en una nota publicada por diario El Universo.

imagen tomada de http://eternacadencia.files.wordpress.com

Eso de la dinámica de los escritores
Hay que buscar un acuerdo, desde luego. ¿Se pronuncia su apellido tal como se lo escribe? De acuerdo al New York Times es “Bay- yah-TEEN”, pero en Guayaquil lo llamaban “Belatín”, probablemente anticipándose a los cambios que la RAE propondría: la “ll” ya no debería existir más. Y a él no pareció importarle.

Llevó un saco que le cubría ambos brazos (uno sí un brazo y el otro el “no” brazo) en un Guayaquil discretamente fresco para la época; leyó lo que había escrito, a veces en unas hojas impresas, y otras directamente de su Ipad. Confesó que su primera publicación fue autofinanciada y que se convirtió en escritor antes de tener libro ‘en la calle’ (algo sencillo como vender boletos de rifas en los que especificaba que el beneficio sería para el ‘escritor’ Mario Bellatin). Habló de la Escuela Dinámica de Escritores, que él creó en México y en la que no importa tanto la escritura, porque la potencialidad de la literatura está en otras ramas (en esa mezcla de miradas artícticas, a lo James Bond, agitado y no revuelto, quizás hasta envuelto).

Y esa Escuela se convierte en el lugar que no se escribe, sino que se comparte entre creadores de diversas ramas y se experimentan las posibilidades de las mismas, aunque esto se preste para la confusión. En Guayaquil lo precisó muy bien: “La Escuela Dinámica de Escritores, estoy convencido, es una obra de arte que necesita de constante movimiento de ideas y de personas para expresas su razón de ser (…) No se puede enseñar a ser escritor, es quizás la premisa más importante de esta experiencia, pero si es posible acompañar a un futuro autor que no tenga los elementos necesarios para sobrellevar su pulsión por escribir”. El chisme post feria es que ahora se va a abrir una en Guayaquil. Y bueno, la gente debe creer en algo.

¿Cómo le das la mano a Bellatin?

Miguel Antonio Chávez, narrador guayaquileño, lo acompañó en sus intervenciones públicas. Estuvo cerca, vio y escuchó mucho. Yo observé y anoté. Necesitaba saber cómo saludaba Bellatin, cómo entraba en el juego social el escritor que no tiene brazo derecho. Vi de todo (las mujeres lo tenían sencillo, beso y ya): desde saludos distantes, sonrisas, golpes en el hombro… pero cómo lo iban a saludar quienes buscaban su mano. ¿Era necesario ver esto? Sí, primordial. Miguel no lo contó, lo representó. Dio la vuelta el brazo derecho, lo extendió como si alguien lo sostuviera listo para quebrarlo, agarró mi mano, la apretó y sacudió. “Así lo hace”, me dijo. Le creo, es otro elemento más del juego.

Bellatin, al haber nacido sin brazo, y al tener la necesidad de traspasar sus límites físicos (es decir usar prótesis), traspasa las forma en su obra, con naturalidad. Bellatin nació para acabar con los puntos finales, para contar sus historias por sí mismas y en una declaración a diario El Universo lo confirmó: “Mi vida quiero convertirla en escritura (…) o sea, es mi cuerpo y es la posibilidad de que mi cuerpo también sea leído por el otro, como un libro”. Y esa posibilidad remite a las prótesis (o a sus ausencias), a ese suerte de happenings que son sus intervenciones (en Guayaquil se armó una fila de ‘compradores’ de sus pequeños libros, quienes subieron al escenario a adquirirlos), a esos proyectos que rozan lo pictórico (Bellatin ha sido hasta curador de bienales)… al engaño y a esa manera particular de enfrentarse a la literatura: fabular para generar algo realmente nuevo.

Entonces entra a esta nota Solange Rodríguez, narradora guayaquileña, y me dice: “Lalo, ¿sabes lo que le pasó a Bellatin?”. La miro y pienso en lo peor. “Un chico se acercó a hacerle unas preguntas y la última fue la mejor: ¿Con qué mano escribe?”. Y sí, algo nuevo ha surgido en medio de todo.

————————————

Este artículo es de algo que pasó hace ya un año y que ahora descubro que no se ha publicado. Cosas que pasan por acá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s