Una pequeña película de horror

Crítica cinematográfica

imagen tomada de wikipedia.org

Todo lo que se mueve va a dejar de moverse en cualquier momento Ese podría ser la premisa de esta historia. Pero hay más: la locura y el absurdo se convierten en el germen de una película que se distancia, de cierta manera, de lo que Kevin Smith ha hecho en toda su carrera. Y eso significa, directamente, dejar de lado el humor de panas de barrio y darle espacio a otro tipo de recorridos. En términos clásicos estamos ante una película de género, un filme de horror, pero es de Kevin Smith y eso queda claro en la escena final. Firma y estampa. No se preocupen, no habrá spoilers en este post.

En “Red State”, Smith inicia con una onda “Porky’s” para luego caer en el delirio violento de un grupo de religiosos, que desencadena la intervención de autoridades, y así el horror está servido. Sencilla receta que se puede jactar de tomar pequeñas acciones desperdigadas por ahí y unirlas en algo similar a una avalancha, lo que permite algo interesante: uno no puede saber qué está por pasar en la película. Smith abre todos los frentes posibles y comienza a hilvanarlos hasta que la idea de una puesta en escena coral se vuelve en un experiencia de lo torpe y lo bizarro de lo humano. Los últimos quince minutos son prueba irrefutable que más que enfrentarse al horror, Smith lleva elementos del género a su redil y eso le permite uno de los cierres más anticlimáticos y a la vez perfectos del cine. Así, se centra en contarnos cómo la estupidez se convierte en sentido de todo, para destrozar la bola en una pared y librarnos de la tontería. “Red State” es una película sobre esas idioteces que se van sumando y nada más. No hay ninguna consecuencia al final, y las podemos intuir o al menos nos podemos poner en los zapatos de algunos personajes, porque todo lo que pasa nos coloca frente a reflexiones que la película no intenta, pero nos deja ese ejercicio a riesgo personal.

El absurdo es el tema preferido de Smith y en esta película no solo que funciona, sino que permite entender al horror como una situación común, cotidiana y exagerada. No reformula nada, desde luego… solo ofrece un camino.

imagen tomada de pelicula-trailer.com

El momento en que el filme llega a un punto que roza la magia es cuando aparece en todo su esplendor el personaje del pastor Abin Cooper (interpretado por un impresionante Michael Parks), con toda su locura bíblica, su discurso y su encanto. Cooper es quizás el personaje de Kevin Smith más trabajado de toda su carrera. Es la enfermedad mental extrema, refrendada por algo superior, algo que le da un poder que no existe de otra manera. En este punto vale aclarar algo: “Red State” es más cercana al Tarantino y al Robert Rodríguez del proyecto “Grindhouse” que a “Clerks”.

Y no, no es que Smith se haya reiventado. Lo que ha hecho es jugar y disfrutarlo.

“Red state” está presentada como una película de horror independiente que su director convirtió en objeto de tanto aprecio que cuando la mostró a una serie de distribuidores en la pasada edición del Festival de Sundance, decidió que la distribución debía correr por su cuenta y eso le ganó todo tipo de calificativos. No es la obra maestra de terror (la verdad es que no creo ni que se la pueda definir como película de terror), pero es suficiente para comprender que el riesgo es requisito de cosas que pueden valer la pena. Te guste o no, algo contundente/lapidario saldrá de tu boca una vez que la veas.

imagen tomada de joblo.com

(y para los que no saben dónde… busquen en cuevana)

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