Todo lo que ves es lo que está de más (sobre “Rise of the Planet of the apes”)

imagen tomada de wikipedia.org

Tratar al espectador de imbécil es una constante en la cabeza de aquellos que se dicen dirigir con maestría el destino de los audiovisuales que consumimos. Pasa en todos lados, como ejercicio de poder y de establecer un paralelismo entre taquillas, números y calidad. La gente que toma decisiones ligadas al entretenimiento, por lo general, no es la gente más lúcida y brillante y confunde esa capacidad tan fabulosa de solazar con el circo barato. Nada nuevo bajo el sol.

Rupert Wyatt hace lo más difícil: cagar una película con tantas expectativas. ¿Cómo? Dejando que un guión flojo sea la base de una puesta en escena pobre, terrible y plagada de efectos especiales que hacen de aquella joya de 1968, de Franklin J. Schaffer, la versión más poderosa que se haya hecho hasta el momento, en este universo donde los primates están por encima de los humanos. Lo que tenemos frente a nosotros son 105 minutos de elipsis agresivas que no permiten ningún desarrollo de conflictos o dilemas, que uno pensaría son necesarios para comprender por qué una raza disminuida quiere rebelarse de sus opresores. Porque lo obvio está ahí, pero la importancia de la obviedad es lo que puede generar: una consistencia absoluta alrededor de los conflictos de los personajes en una historia íntima. Desarrollo dramático, eso es todo, y no simple ley de accción-reacción. En “Rise of the planet of the apes” nada importa, solo hay que enojar a los simios, a su líder, al simio que debe hablar, porque ese es uno de los paradigmas narrativos que hay que respetar, para que todo lo malo pase. César (quien tiene vida gracias al fabuloso Andy Serkis y a ese sistema de captura de movimiento que inaugurara “Avatar”) se decepciona de esa crianza prodigada por James Franco, porque de lo contrario no habría filme. Y este proceso tan complejo de distanciamiento, que debe darnos a entender la soledad, desazón y nueva identificación del personaje, se vuelve burdo. Lo que hace César es lidiar con su superinteligencia (porque es hijo de nuestro tiempo de tecnología aplicada a la medicina) y llevarla al espacio del instinto, al reino al que pertenece. César es el líder de una revolución que no tiene bases firmes, solo conceptos que no sabemos cómo se desarrollaron. No hay motivación alguna.

Y claro, las risas fáciles son parte de esto, sobre todo cuando nos encontramos en un refugio para primates y César es capaz de comunicarse con otro de los simios, por lenguaje de señas. A lo que Wyatt responde de manera chaplinesca: subtítulos.

César es un líder intelectual, político y militar. Es capaz de comprender que los simios necesitan unirse para ser fuertes. Es el que planea un ataque, un escape, un triunfo. El que busca aliados para su objetivo. César es el que se sabe distinto en el mundo de los humanos, y así siente sobre él la carga de la inferioridad, y es también el que se reconoce superior entre los suyos y (quizás en un momento de lucidez argumental) y trata de reducir esa brecha y conseguir cierta ‘inteligencia’ entre los demás simios. Pero esto que suena bien en teoría está muy mal resuelto a nivel argumental. César va y viene. Busca algo, salta, huye y regresa. La humanidad debe pagar sus culpas, con cierta conciencia y ética guerrera. Los prisioneros funcionan mejor que los cadáveres.

imagen tomada de cineplaneta.net

En sí, lo que tenemos son chispazos de muchas cosas que intentan contar y condensar ese conflicto impresionante que solo se intuye. Porque si vemos que un impresionante John Lithgow estaba leyendo una biografía de Julio César, podríamos comprender que hay cierta enseñanza al chimpancé que vivió con él muchos años, pero solo lo intuimos. Y esto se le puede aplicar a muchos momentos del filme. ¿Por qué una asistente que nunca vemos llama a uno de los personajes a contar que otro ha muerto? ¿Qué hizo el vecino de James Franco (quien por cierto realiza un trabajo realmente terrible y hasta patético, excepto en la escena final, donde hay un chispazo de paternidad que revaloriza esa escena de cierre) para ser el receptor de todas las plagas de la película? ¿Desde cuándo el CEO de un laboratorio debe viajar en helicóptero para “solucionar” desde el aire los problemas que ha ocasionado? Sí, el reino de la gratuidad jugando al equilibrio del cosmos.

Si hasta hay una narración en off en un momento de la película que no tiene razón de ser y que nunca se lo retoma. Una sola vez y ya. Úselo y bótelo.

En la historia del cine existen numerosos ejemplos de cómo desarrollar rebeliones desde la conciencia individual (¿alguien nombró “Espartaco”, de Kubrick?). Porque ahí están las verdaderas nociones de por qué la humanidad ha debido vivir estos procesos y soportarlos, algo que por lo menos en la película de 1972, “Conquest of the Planet of the Apes” (de J. Lee Thompson), se intentó dar cuerpo para llegar a una batalla entre humanos y simios. Un líder se gesta desde lo que le pasa adentro. Ese es “el camino del héroe, que se debe comprender como base de cualquier transformación que nos va a dar a un personaje fuerte. Pero aquí no interesa.

Solo nos quedan los detalles de una pandemia que de seguro diezmará a los humanos y un Tom Felton (Draco Malfoy, en la saga de Harry Potter) que tiene el peso de cargar sobre sí una frase clásica del cine (y que no repetiré por cansancio). Hay además un Charlton Heston que sale en una pantalla de tv y un grupo de astronautas que viaja a Marte, como un guiño clarísimo a la idea de hacer un “reboot” de esta serie, luego de que Tim Burton hiciera ese desastre de 2001. Tranquilo, señor Burton: su película sigue siendo terrible.

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Un comentario en “Todo lo que ves es lo que está de más (sobre “Rise of the Planet of the apes”)

  1. La vi hace poco, comparto muchas cosas de tu comentario… La principal ¿cómo se puede arruinar tanto una película? en este caso creo que es la magnificencia de eso al contar con tantos elementos interesantes que plantear, sin embargo, desarrollados pobremente.

    Saludos

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