Juan Andrade Heymann: el escritor y el compromiso

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Crítico de la actividad cultural en el país, así como de varias políticas del Gobierno actual, Juan Andrade Heymann ha llevado adelante una carrera y una vida que lo ha hecho transitar por varias disciplinas artísticas y por algunos territorios.

No va por medias tintas, sobre todo cuando el tema tiene que ver con la realidad del país, a nivel político, y cómo los intelectuales (en este caso la gente dedicada al arte, particularmente a la literatura) no se han manifestado de manera abierta. Juan Andrade Heymann es uno de los pocos que desde la escritura ha sabido expresar sus opiniones sobre el Régimen, convencido de que la discusión es siempre necesaria, que oír al que piensa distinto es algo que no se puede perder. Pero, ¿por qué está sucediendo así en Ecuador? Por un hecho que él señala y no teme reflejar: “La política del actual Gobierno ha tendido a conquistarlos por medios tentadores, como la creación del Ministerio de Cultura, incorporándolos a cargos públicos y a todo un programa de premios y estímulos, con los que los ha comprado”.

Es igual de firme al criticar la escasa política cultural en el país, donde, si bien señala que hay libros que aparecen (“aunque se deben publicar más, sin prejuicios, ni discriminación de ningún tipo”) se ha hecho muy poco para fomentar la lectura. “La estimulación temprana, tanto en el ambiente familiar como en la escuela es importante y debería ser una política fuerte. Existen estudios profundos realizados por la UNESCO sobre el tema que podrían ser tomados en cuenta”. Lo dice porque también esa experiencia fue fundamental en su vida. Esa pasión por los libros viene de familia, nació en las paredes de su hogar, con la biblioteca de su padre (“tenía dos o tres veces más libros que los que yo tengo”) o de esa relación cercana con su tío Raúl Andrade (periodista y escritor un tanto olvidado, a quien él considera el mejordel país). “Le preguntaba a mi padre sobre los libros que podía leer y él me recomendaba algunos. Fue una relación muy estrecha”, recuerda. Esa fue la época de las lecturas iniciales, del “Huckleberry Finn”, de Mark Twain, de “Corazón”, de Edmundo de Amicis, de “Tartarín de Tarascón”, de Alfonso Daudet, y de aquellas que llegaron con mayor edad: textos de Robert Louis Stevenson, de Chéjov, de Henry James, hasta la lectura de “Trece relatos”, de César Dávila Andrade, que lo mantuvo dos noches en vela hasta terminarlos.

La escritura llegó pronto. Era un adolescente cuando empezó. Tuvo muchos cuentos, “de los que la mayoría eran malos”, dice. A los 14 años empezó a trabajar en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, como parte de sus vacaciones de verano. Era auxiliar de biblioteca. Trabajo que lo ayudó a conocer a muchas personas interesantes y a dos individuos fundamentales para que a los 15 años publicara su primer libro: “Cuentos extraños”. “Tenía una colección de cuentos y le pasé una copia a Benjamín Carrión y otra a Francisco Tobar García (Presidente y Director de la editorial de la Institución, respectivamente). En equis tiempo me aprobaron la publicación, lo que fue emocionante. Pero me puse muy nervioso. Los amigos y familiares me animaron”, recuerda. Ese, el primer libro, ha sido el único que ha publicado con la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

De la mano de Francisco Tobar García entró al mundo del teatro. “Teatro Independiente” fue su casa por tres años, hasta que ingresó a la Escuela de Teatro de la Casa de la Cultura, dónde llegó a ser profesor de Literatura Ecuatoriana y Estética. En esas clases conocío a Rocío Madriñán, también escritora, quien sería su esposa luego de unos años. “Tenía 15 años y quería ser actriz. Cuando nos casamos, ella tenía 18 años y yo 21”, comenta el escritor, que en 1965 publicara “El lagarto en la mano”, considerada por críticos como la ‘vuelta de tuerca’ en la narrativa ecuatoriana. El Teatro continuó con varios grupos y diversas propuestas.

Es un hombre que disfruta de los viajes. Y en esa tónica, China fue el primer destino estando ya casado. Aquel país, que en pleno 1968 era el centro de toda una revolución cultural y a la vez un sitio del que no se sabía nada, lo sedujo. “¿Cómo íbamos a no ir cuando se presentó la oportunidad, si era una idea atractiva?”, sentencia. Un segundo viaje, de 1975 a 1976 sorprendió al matrimonio Andrade – Madriñán con un terremoto muy fuerte y con la muerte de Mao Tse-tung. “Pudimos ver la conmoción, ver a gente llorando en las calles y por televisión, como si hubiese perdido a su papá. Eso era Mao, un libertador y un padre”, afirma.

Luego vendría el trabajo en el Cuerpo Diplomático (con viajes y permanencias en diferentes países) y una escritura que no se ha detenido hasta ahora, enfocada en la poesía y el cuento, así como en artículos, con decenas de publicaciones; algo que para un escritor que sostiene que el gran error está en escribir mucho se presenta como una especie de paradoja. “Se pierde mucho tiempo leyendo tonterías, por lo que es suficiente tener un solo buen libro, o hasta dos”, cuenta el literato.

Datos:

  • Nació en Quito, el 18 de diciembre de 1945. Está casado desde 1967 con Rocío Madriñán y tiene dos hijos (la hija mayor falleció): Jerónimo, de 33 años, y Bertha, de 27. Tiene una pequeña nieta de dos años. Laboró en el Cuerpo Diplomático por casi 18 años, tiempo en el que vivió en varios ciudades, como Buenos Aires, La Habana, Washington, Nueva York y Montevideo. En el Teatro llegó a formar parte del importante grupo “Noviembre 15”.
  • Ha publicado más de una docena de libros, entre colecciones de cuentos, novelas breves, textos dramáticos y poesía. Entre ellos se destacan: “Cuentos del día siguiente”, “Anécdotas de vuelta y media”, “26 años de vacaciones”, “Alerta Roja”, “Fragmentos de Sibila”, “Lascivo esplendor”, “La respuesta”, y “Miscelánea”.
  • Entre sus publicaciones inéditas se encuentran 5 libros de poesía y uno de cuentos, que están a la espera de publicar. También espera concretar la aparición de una antología narrativa (tal como en el 2006 hizo con su poesía en un solo volumen). Participa, junto a su mujer, en medios de comunicación con cartas que aparecen publicadas, con críticas severas a la situación política del país.
  • Sus viajes empezaron en la adolescencia. Estuvo en España (vivió en Trieste con su tío Raúl). Entró a Cancillería a los 18 años y un año más tarde ganó una beca para estudiar en Alemania el idioma. De ahí pasó una temporada en Bruselas, luego de dejar el trabajo. Su retorno a la Cancillería se dio en 1981, cuando se reestablecieron las relaciones con China y fue una de las dos personas que abrió la Embajada de Ecuador en ese país.
  • En Nueva York trabajó en el Consulado como Jefe del Departamento de Pasaportes. “En ese tiempo habían 500 mil ecuatorianos en Nueva York y las tres personas que estábamos en el Departamento podíamos despachar 100 pasaportes al día. Teníamos que llenar todo a mano y escribir los documentos a máquina de escribir, con papel carbón. El que se equivocaba o perdía uno, debía pagar de su sueldo el nuevo pasaporte. Yo nunca perdí ninguno”, recuerda.

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(texto que se publicó hace un par de años en diario El Telégrafo)

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