La memoria: la frontera final (acerca de “Nostalgia de la luz”, de Patricio Guzmán)

Crítica cinematográfica

¿Cómo hablar de esas cosas y temas vedados sin que suenen a pura demagogia y a hendidura mayor? ¿Cómo mostrar esa desnaturalizada tendencia de convertir lo que queda en polvo cósmico sin sonar propagandista? ¿Cómo hablar de las atrocidades de una dictadura siniestra sin exhaltar el mismo discurso gastado? La belleza es la respuesta a estas preguntas.

imagen tomada de observatoriofucatel.cl

Belleza como sentencia de la ciencia y logro de la técnica. Belleza como observación del pasado, a través de los destellos que viajan en el tiempo y el espacio. Belleza en un ritmo que va poco a poco, que se abre camino y que nos estrella en la cara el dolor que se esconde debajo de las piedras. Belleza como una estructura que abre flancos, los exprime y dosifica, y luego regresa a la observación casi clínica de lo que ha pasado. Belleza porque la imaginación puede reflejar ese sentido profundo que permanece quieto e inamovible, en la postura de un director que no solo plantea su visión: la desangra, la coloca ante nuestras narices y nos obliga a establecer otras relaciones con eso que pasó y que preferimos ignorar como evidencia de falsa cordura.

La belleza está en comprender el camino de la memoria.

Patricio Guzmán realiza con “Nostalgia de la luz”, su último trabajo (galardonado en los festivales de Cannes, Abu Dhabi y Biarritz, y en los Premios del Cine Europeo, en 2010), un intento por recuperar el pasado de su Chile natal para transformarlo. Tenerlo presente para darle cauce, no obviarlo ni negarlo. Hacer memoria como ejercicio de iluminación y para eso evoca, habla desde un punto de fuga, desde un denominador común en varios frentes. Esas relaciones suenan descabelladas, pero lo suyo es magistral: Desierto de Atacama + observatorio astronómico + cementerio de desaparecidos + campo de concentración. El resultado es el golpe siniestro de la memoria, aquella sepultada y que se pierde. Lo de Guzmán es recuperar lo de antes, con violencia, nostalgia, dolor y posibilidad de redención.

“Nostalgia de la luz” es el documental que nos ‘engaña’ de entrada, que nos lleva por los entrecijos de la astronomía, gracias a la mirada de un director/niño encantado por los telescopios y los cuerpos celestes, con reminiscencias de su Chile idílico, antes de que las cosas cambiaran. De golpe el niño debe crecer; la naturaleza y los grandes telescopios cubren la pantalla, mostrándonos el espacio y los significados detrás de los cuerpos celestes. El tiempo pasa y se refleja, las explicaciones que obtiene de los expertos iniciales son las que establecen los temas: “El presente no existe”, le dice un astrónomo, porque lo que investigan, por las distancias espaciales, ya no está más. De Golpe, el presente deja de existir y en medio del desierto de Atacama, punto de observación estelar muy importante, el pasado reaparece, es “aquí y ahora”, porque en ese mismo desierto hay mucho dolor que se niega a desaparecer.

imagen tomada de cinetvymas.wordpress.com

El niño recordado nos amenaza con hablar de esa nostalgia del pasado y de un momento a otro es el adulto quien nos coloca en un pasado que exige una acción real. El ‘engaño’ es impresionante, doblega al espectador.

Este trabajo de Guzmán, que le demandó cuatro años y medio para finalizarlo (a un costo de 600.000 euros), más que ser conciliador, se convierte en un alegato por la justicia, por el cierre real y contundente. No busca sostenerse en la miseria, ni eternizarla (las últimas imágenes ofrecen una idea importante de lo que curar heridas puede ser; sin contar con las intervenciones de cierre del documental). No quiere dar un golpe efectista y denunciar por denunciar. Este documental trasciende ese camino obvio cuando se trata de hacer memoria: no se queda en la pasión como único derrotero posible. Patricio Guzmán ensaya una mirada hacia afuera, para hablar de lo de adentro. Mira hacia lo que está alrededor del planeta, juega con nuestra atención, nos dice que el presente de lo que está lejos de la atmósfera terrestre ya pasó, que nos llega desfasado, que la tierra vive en el pasado y es inevitable… y mientras tanto, acá dentro, negamos esa condición universal. El espacio como frontera final, como aspiración y reflejo contundente de lo que somos en el tiempo: una mancha de pasado que se quiere seguir limpiando. Por eso la memoria es el último sitio, donde se cierran los capítulos y se consigue justicia. El presente es la postura que ponemos en práctica, para ser más justos y humanos. La dificultad sigue siendo grande. Y todo eso nos consigue mover Patricio Guzmán con su trabajo.

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