Navijio Cevallos: La insistencia de la música

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Navijio Cevallos, a la derecha (imagen tomada de facebook)

Tenía 23 años cuando decidió que lo suyo podía ser la música y quiso aprender a tocar la guitarra. Luchó y hoy puede jactarse de ser uno de los pocos ecuatorianos que ha tocado en una gala de los Grammys.
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Texto que se publicó en El Telégrafo a inicios de año. Lastimosamente, la nueva web simplemente no permite ver nada de lo que se hizo antes.
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Navijio estuvo en Las Vegas, en Estados Unidos, hace un tiempo, acompañando a Juan Fernando Velasco a su lucha por el Grammy por “Con toda el alma”. No ganaron (y el plural funciona porque Navijio Cevallos fue parte fundamenta del disco, grabando las bases e interpretando uno de los temas con el Trío Pambil, que él encabeza), pero se subió a un escenario extranjero, con la atención de gente de la industria y de todo el mundo a través de la web, a empuñar su requinto para tocar “El alma en los labios”. Nada mal para un chonero que en su infancia en Santo Domingo de los Colorados no quería ir a los concursos de canto (que regularmente ganaba) y a los que iba con cierta carga de obligación.

“Cada concurso que había, nos metían y ganábamos (…) No teníamos donde poner los trofeos así que estaban en el piso y cuando alguien se tropezaba se rompían”, cuenta Navijio, sonriente y con una gripe que ha debido controlar a como dé lugar, pues las presentaciones del Trío Pambil por estas fechas han sido interminables. Era un niño de 6 años cuando lo llevaron, sin que él quisiera ir, a un certamen en algún sitio de Santo Domingo, ciudad a la que había llegado recientemente desde su natal Chone con su familia. No es que en su sangre hubiera una historia o bagaje musical fuerte, lo que pasó fue que la alquimia empezó a funcionar con él y sus hermanos, salvo que el caso de Navijio ya fue providencial. “Un tío tocaba la guitarra y le enseñó a un hermano mayor, quien para practicar nos ponía a los más pequeños a cantar con él”, recuerda.

La historia entra al camino bizarro cuando Navijio confiesa ese escaso o nulo interés en la música durante esa época (incluyendo la colegial). La persona que arma los arreglos de los temas en su cabeza y los graba en cassettes para no olvidarlos y luego usarlos en las canciones que interpreta es el mismo que representaba a su escuela y colegio en festivales, ganaba premios en los concursos de música nacional, y se convertía en el adorado de las instituciones… sin tener ningún interés de hacerlo. No era vida de abandono, desde luego. “Mis hermanos y yo siempre fuimos buenos estudiantes, era a lo que nos obligaban nuestro padres”, cuenta. Llegó tercer curso y se produjo el quiebre: “No había llevado un deber y una profesora se molestó y me dijo que yo creía que por cantar iba a pasar el año sin problema y que ella iba a hacer que estudie… Entonces decidí dejar de cantar, porque además ya me estaba cambiando la voz… En sí, este no era un objetivo de vida”. En sexto curso retomó el camino de la música y los festivales, pero la motivación era otra, porque ya las chicas hacían mella y cantar era la mejor manera de enamorarlas.

A los 23 llegó una relación seria y con el compromiso, la música se convirtió en una fuente de ingreso interesante. Pero había un problema: Navijio no sabía tocar guitarra. Quería aprender, pero ninguno de los que tocaba en Santo Domingo no cumplía sus expectativas. “Ahora sé que lo que yo tenía era una necesidad de búsqueda de algo más armónico, por lo que no podía pedirle ayuda a cualquiera”, cuenta. Luego de averiguaciones y de esperas, dio con el nombre de su primer maestro. Sófocles Coello es quizás la persona más importante en su historia.

Navijio lo buscó por semanas (Sófocles trabajaba fuera de la ciudad y regresaba cada cierto tiempo a Santo Domingo). Iba a su casa y le decían que no estaba. Regresaba. Tres meses estuvo con ese sistema de indagación hasta que dio con él y gracias a la insistencia, Sófocles accedió a enseñarle. Pero el sistema de entrada fue extraño: Su hermano mayor, que sí tocaba guitarra, fue el que aprendió de manos de Sófocles el bolero “La barca” y Navijio iba aprendiendo poco a poco por intermedio del hermano, mientras el maestro se ausentaba de la ciudad por trabajo. En un mes Navijio ya tenía el tema dominado. “Fui donde Sófocles y le dije que ya sabía la canción. Se la mostré y me dijo ‘Usted sí que quiere aprender’. Y así fue que dejó de irse más seguido para enseñarme”, dice el músico.

Así empezó empezó a tocar de manera dedicada al poco tiempo. Lo hacía bien y cuando viajó a Quito a estudiar Economía, sólo resistió un año y medio con una vida de ‘no artista’. La música ya era fuente de ingreso y de placer, que hasta ahora se mantiene y lo ha llevado a sitios donde muy pocos intérpretes nacionales (sin importar el género) han llegado. ¿Cómo es Las Vegas?, es la pregunta inmediata. Navijio responde con la rapidez que lo caracteriza: “Igualito que Chone, solo que más alumbrado”, y empieza a reír.

imagen tomada de el telegrafo

• Nació el 16 de julio de 1973. Tiene tres hijas, dos de un primer compromiso y la tercera con su actual pareja. Es el séptimo de 10 hermanos (uno de ellos falleció) y junto a su familia se instaló en Santo Domingo de los Colorados. Ha grabado en una decena de discos y el requinto es el instrumento que empuña en cada presentación que tiene con el Trío Pambil, integrado por su hermano Francisco y su primo Fabián.

• “El Trío Pambil tiene su propia forma de trabajo. Somos tres voces que suenan al unísono en armonía, respetamos el formato”, sentencia Navijio. Esa es una perspectiva que convierte a su trabajo en algo particular, ya sea tocando música nacional o boleros. “Cuando tocamos música de Julio Jaramillo, pues queremos que la gente escuche e identifique la canción, pero que también sepa que es una nueva versión”, cuenta.

• Navijio siempre fue bueno con las matemáticas, a tal punto que durante su época colegial y luego de terminar el bachillerato, se dedicó a nivelar a compañeros y otros estudiantes en matemáticas. “Los padres me contrataban porque hacía sacar 20 a los hijos”, dice. En ese tiempo conoció a la madre de sus dos hijas mayores, con quien se comprometió y entendió que la música podía ser otra fuente de ingreso: “Era fácil cantar y me pagaban”.

• Durante 3 años recibió clases de Sófocles Coello. “Cuando la gente lo quería buscar y preguntaban por él, le respondían: ‘Está donde el Navijio’ (…) Sófocles pasaba casi todo el día enseñándome y cuando le decía que quería aprender a tocar requinto me respondía que primero había que aprender a caminar y después correr”. Con Sófocles y su hermano mayor armó su primera experiencia musical, El Trío Ternura.

• En Quito empezó tocando en “Los Ceviches de la Rumiñahui” y así, poco a poco fue siendo conocido por los músicos del medio. Ha tocado en varios lugares como Cuba, Colombia, Venezuela, Perú y Estados Unidos y ha colaborado con gente de la talla de Julio Bueno, Patricia González, Beatriz Brito y otros. “De algo estoy seguro: No quiero tocar hasta viejito. Me retiraré cuando no me dé el cuerpo y ahí quedará la obra y las grabaciones para que la gente reconozca lo que hice”, afirma con absoluta convicción.

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