Construcción del horror (homemade)

Opinión

Rescato este fragmento del proyecto que envié al CnCine para escritura de guión de una película de terror. No lo gané, pero este fragmento me encanta y es lo más cercano que puedo encontrar a una declaración de principios alrededor de uno de los géneros que me parecen muy maltrados por una conciencia estética que no hace un ejercicio de ver más allá de sus narices. Hoy entiendo que no envié un proyecto, sino un manifiesto. Aquí el fragmento (con algunas correcciones):

“Como cualquier otro cine de género, el terror está considerado en la escala más baja en lo que refiere a obra de calidad o ‘artística’. Esto sugiere que es imposible no solo establecer historias y filmes que cumplan con lo que se espera, con historias verosímiles que impacten y que sean atractivas, sino encontrar detrás de su realización un resultado satisfactorio, con valor cinematográfico. Este proyecto parte del deseo por crear un guión que permita el nacimiento de una película que no solo asuste y mantenga firme el terror, sino que permita al espectador establecer una reflexión posterior, alrededor del tema de la culpa. Una de las temáticas más impactantes alrededor de la ficción (léase aquí “Crimen y Castigo”, por favor).

Las películas de terror, sobre todo las de mala calidad, se han empeñado en generar efectismo detrás de las matanzas y masacres que muestran. Eso ha generado no solo un cine tibio y hasta mal hecho, sino espectadores, críticos y hasta realizadores que reconocen las recetas, las ignoran y prefieren no arriesgarse a darle nueva vida a este género. El terror se ha vuelto en una serie de versiones burdas y sencillas, han perdido el trasfondo que gente como James Whale (“Frankenstein”, 1931), Clive Barker, Sam Raimi, George A. Romero, Dario Argento y hasta los recientes James Wan y Leigh Whannell (los jóvenes creadores de “Saw”, de la primera entrega y el concepto central) le han podido otorgar. El horror actual es una parodia de sí mismo. La idea de este guión nace por la necesidad de otorgarle una vida más elegante y no precisamente por renovar lo establecido. Se centra en tratar con justicia al terror, que tanto nos puede y nos dice acerca de esa experiencia humana tan poco tomada en cuenta: la muerte.

Rob Zombie con sus personajes de aquell visión personal en el remake de “Halloween” (imagen tomada de cineenpalabras.blogspot.com)

La muerte hoy es un accidente, la maldad es un acto inhumano y el terror es un gran desvalido.

El cine de terror no es aquel que muestra más miembros descuartizados o monstruos infernales a diestra y siniestra, porque así se pueden tener mejores sustos. El cine de terror es aquel que consigue inyectar a esa sensación tan primaria, como es el susto, de una serie de factores que te permiten reflexionar sobre las relaciones que establecemos con el cuerpo, con la vida / muerte, y con nuestro entorno. El verdadero cine de terror consigue que el espectador se haga preguntas sobre sus límites morales e incluso establezca nuevas relaciones con el exterior.

El terror, a más de tener ese problema sobre su calidad lo que hace que no sea bien visto, no tiene espacio en los proyectos de una cinematografía nacional.  El cine del terror es de por sí el cine excluído. El cine del terror es uno de los grandes ausentes. Y por eso no solo se trata de generar una película que asuste, sino que le permita al espectador tener una experiencia estética interesante, distinta y adecuada (…)

Un horror más cercano a lo que se aspira en esta zona del mundo no puede dejar de lado el tema de lo religioso. Un horror ecuatoriano no puede jugar simplemente con el peligro innminente, una desesperanza tecnificada, o provocada por una vida que ha resistido las embestidas de la misa maldad del ser humano. El horro cercano no es el horror de un lugar que ha tenido que sufrir en carne propia los rigores de guerra y el aniquilamiento de seres por la mano y decisión de otro como una constante. Nuestro horror es distinto e interno. Es el sufrimiento físico, es el miedo de ese dolor.  El sentido de la culpa se abre espacio a través concepciones religiosas. Es común encontrar la frase “Dios hará justicia” en la boca de muchas personas y esta frase revela tanto. En el verdadero terror, ese “Dios hará justicia” es aquí y ahora. ¿Por qué debe ser así? Porque esta confrontación con estas creencias (todo será recompensado y ajusticiado en otro momento) nos ayuda a convertir la historia en algo mucho más convincente dentro de sus posibilidades dramáticas. El terror es el género de la confrontación con las creencias (…)

Clive Barker junto a Pinhead, interpretado por Doug Bradley (imagen tomada de 411mania.com)

Lo moral y el horror no se repelen, se condensan por necesidad. Clive Barker es la prueba. Tanto como artista plástico, escritor y cineasta, Barker ha dotado de una dimensión moral a su terror. ¿Por qué? Porque el principal horror de esta época es la falta de comprensión de las consecuencias éticas (entendida la ética como la praxis de la moral) de cada una de las acciones que realizamos. Barker se fija de manera concreta en las relaciones entre dolor y placer (como en su obra “Hellbound heart”, que fue adaptada al cine como “Hellraiser”) y permite un diálogo importante entre las acciones humanas y sus consecuencias. Ese es el único terror que importa, y por eso, cuando la gente dice que no les gustan ese tipo de películas, o denostan su existencia, asumo de entrada que hay algo incompleto en ellos y toda vida incompleta es un desperdicio”.

Jason Voorhees (imagen vía images.wikia.com)

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