Dentro de “In Utero”, en versión de Steve Albini

imagen tomada de coveralia.com

“In Utero” es una joya. Quizás uno de los mejores discos jamás creados… y aún así pudo ser mejor. De haber continuado con lo planeado, el último disco de Nirvana habría salido como una cachetada a los estándares de la época e incluso de ahora. Porque el “In Utero” original estaba contemplado como un disco extraño, distante, lejos de toda la gloria del trabajo anterior que le abrió las puertas del éxito a la banda. Es más, es muy probable que a esa altura del partido, Nirvana haya estado cansado de ser Nirvana. Las composiciones de Cobain en este disco brillan, pero no por ese pop añejado y oscuro de antes, sino porque hay algo que no está bien y que se traduce en lo que se grabó: una angustia galopante que debía reflejarse en lo sonoro. De todas las canciones que forman parte del tracklist, solo “Dumb” tiene una escasa relación con lo que el mundo esperaba de ellos. Algo iba a pasar con Nirvana y este disco lo debía demostrar.

Y para empezar, los tres músicos de la banda (ya convertidos en estrellas y con el poder suficiente para decir y hacer lo que quisieran) seleccionaron a Steve Albini como el atípico productor de un disco que debía ser extraño. No se equivocaron, aún en la versión que salió a la venta queda la sensación sonora de que estamos ante un trabajo tocado en el mismo sitio, con una agresividad impresionante, en una pecera violenta. Pero se nos perdió para siempre lo que iba a ser la versión inicial de este disco: una desesperanza.

Albini es el personaje fundamental de esta historia. Porque es de esos productores raros, que no le importa lucrar de la música o tener un protagonismo que no necesita (he leído varias entrevistas en las que asume una postura de ingeniero de sonido, más que de titiritero). Se dice que les cobró 100 mil dólares y que pidió por escrito que no le dieran un porcentaje por la venta del trabajo. Lo cierto es que Albini cerró a la banda a grabar y exigió que ningún ejecutivo de Geffen fuera al estudio a “supervisar” lo que estaba pasando ahí. Desde ese punto empezó el drama.

¿Qué clase de sonido buscaban para ese disco? Pues uno en el que todo estuviera captado de un solo golpe, con la mínima intervención posible. La banda grabó en conjunto las canciones, luego se agregaron algunas guitarras en ciertos temas y al final se hicieron las voces. Nada más. La rapidez fue tal que el disco estuvo grabado y mezclado en un lapso de 13 días. La anécdota impresionante es que Kurt Cobain dejó listas todas las voces en una sesión de 7 horas. Pero eso no fue suficiente. La dinámica fue impresionante, pero algo faltaba, o al menos esa fue la impresión de los ‘adultos’ que escucharon el trabajo. Albini repletó la batería de Dave Grohl de micrófonos en un espacio con tal reverberancia que eso se percibe a la perfeccción en el resultado final. La voz de Cobain es solo una (la técnica del “double track” es común en la grabación de discos, pero esta vez queda absolutamente negada y hasta en la mezcla final lo que tenemos es una línea vocal que queda de fondo), e incluso en ocasiones hay tal cercanía con el micrófono que el desgarramiento de lo que se canta es tan próximo para quien lo escucha. El sonido quizás no era lo que la banda más importante del momento debía presentar a sus fans, pero era lo más honesto que ellos podían hacer.

imagen tomada de covershut.com

La disquera y managment de Nirvana odiaron “In Utero”. No querían sacarlo. Las presiones fueron fuertes. Cobain sintió que le estaban arrebantando la posibilidad de recuperar en algo el aspecto artístico que la banda había perdido con el sonido “Radio Friendly” de “Nevermind”. Necesitaban algo a la par. Cobain no quería saber nada. Es más, en todas las historias alrededor de este momento (en el que incluso se habló de la posibilidad de no sacar el disco), es el cantante y guitarrista quien está ajeno a las negociaciones. Kurt Cobain no estaba en su mejor momento. De un día a otro, el disco que tanto quiso hacer se convirtió en algo lleno de errores y que prefería no escuchar. ¿Por qué?Porque ya no tenía el control, decía “sí” a todo, la emoción se estaba perdiendo. Krist Novoselic, el bajista de la banda, tomó las riendas. Consiguió alterar los acuerdos (incluso con el mismo Albini) y llevó las cintas master para que se las trabajara con otro productor, Scott Litt (quien luego fuera pieza fundamental en el resto de la poca carrera que le quedaba a Nirvana – Litt fue el productor del Unplugged del grupo). Las líneas de bajo y las voces se elevaron en la mezcla final, además se incluyeron voces adicionales en algunas canciones. El disco estaba a punto de salir con estos cambios, que hicieron de una grabación caótica algo más limpio.

Cobain desechó “I hate myself and I want to die” del tracklist original y el disco vio la luz. El primer single “Heart-Shaped Box” suena tan distinto de lo que fue la grabación original: no solo hay voces agudas, sino que una sensación de limpieza que en la versión con Albini parecía estar de más. Litt sería fundamental para el siguiente sencillo, “Pennyroyal Tea”. El suicidio de Cobain frenaría la salida del single y la versión trabajada por Litt recién podría ser escuchada en el recopilatorio “Nirvana”, con cambios evidentes en lo sonoro.

Ahora, gracias a la Internet, podemos escuchar la versión de Albini, filtrada, imponente. No tiene la misma potencia de la versión publicada pues no ha sido masterizada, pero nos ofrece una perspectiva importante de cómo pudo haber sonado el disco, tal como se lo intentó en su concepción. Albini nos muestra un Nirvana grupo, interesado en crear ambientes y en generar arte fuera de los caminos de la industria (Nirvana pagó 24 mil dólares por la grabación de su bolsillo, por ejemplo, alejándose lo más posible de las presiones de la Geffen). Nirvana quiso hacer un disco independiente y fracasó en el camino. Nirvana hizo sus canciones más experimentales (como la gran “Milk it”) y las debió presentar en un acabado menos valiente. Nirvana era un producto que generaba mucho dinero y las grabaciones de Albini están ahí para demostrarnos que a veces en el arte se pierde, pero con el tiempo esa joya se puede redescubrir. Disfruten de estas mezclas haciendo clic acá.

imagen tomada de pcdesktopwallpaper.com

Para cierre me quedo con una frase de Cobain en una nota del New York Times, que dice todo y evidencia lo que estaba a punto de pasar y por qué: “I don’t want to have a long career if I have to put up with the same stuff that I’m putting up with. I’m trying it one last time, and if it’s more of a pleasant year for us, then fine, we’ll have a career. But I’m not going to subject myself to being stuck in an apartment building for the next 10 years and being afraid to go outside of my house. It’s not worth it. I would gladly give up music for my life. It’s more important”.  Trató y no pudo.

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3 comentarios en “Dentro de “In Utero”, en versión de Steve Albini

  1. Muchas gracias por el Link al disco.

    Pero por otra parte, que verguenza que ahora Varas -en un claro desvario- escriba junto a Jorge Ortíz (al que solía critica alguna vez, refiriendose a Carlos Ochoa.

    Pues con la misma Vara serás medido, Eduardito.

  2. Estos dardos me dan risa, estimado GOdard.

    Debo entender entonces que en su mundo de blancos y negros los desvaríos abundan en el resto de personas y, en todo caso, la inmovilidad personal que profesa se convierte en bandera de algo que creo es lamentable.

    De todas maneras, entiendo su reclamo pseudo valiente y lo veo con una gracia infinita, pues debería entender que con esa perspectiva haber trabajado en el Estado (con este Gob que encuentro plagado de cosas reprochables) y en un medio como El Telégrafo (manejado no como medio público), cae en lo mismo, ¿no? Y eso que no cuento la cantidad interminable de editoriales nefastos que entonces leía en ese diario y que continúan apareciendo ¿O qué le puedo decir sobre mis colaboraciones en medios de Dinediciones? Escribe alguna gente ahí que no merece mi respeto sin simpatía. Igual me pasó cuando trabajé en El Comercio y me sucede en todas las revistas que colaboro. Ese mundo de desvarío que promulga debe ser uno monótono y de convivencia nula… porque unirse a los que piensan como uno es la cosa más aburrida del universo.

    La convivencia real no está en aceptar todo, sino en tratar de comprender lo demás y dejar el salvajismo de la razón de lado, por algo mucho más producente, como el diálogo y la paz mental. Incluso hay objetivos mucho más ‘nobles’ para ingresar a sitios que uno no aprecia (y mucho de eso hubo en mi paso por el Estado, pero no me voy desgastar explicándoselo).

    En fin, no creo que lo entienda. Solo quería decirle que mida lo que le dé la gana. Su mensaje no ha sido el único recibido y no será el único, lo sé. Lea los textos que subo a “La República” y establezca el diálogo y el reclamo justo, y si desea utilizar lo que he escrito en mi blog como material para ‘medirme’, revíselo con más atención y con toda la libertad del mundo.

    Saludos

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