La protesta “ridícula”

Reflexiones sobre política

Vivir en época electoral suele ser complejo, sobre todo cuando (jugando a ser excelentes representantes de la Edad Media) todo se reduce a la existencia de “buenos” y “malos”… porque vivimos en el país de la torpe dicotomía y lo único que vamos a hacer en un poco más de una semana es definir quiénes son los más buenos y quiénes los más malos. En estos tiempos redefinimos conceptos de acuerdo a puntos de vista, como si ese fuera un ejercicio noble, o ético. En el fondo, estamos jugando a ser amos y señores de una verdad que tiene toda la delicadeza de un rinoceronte en cristalería.

En estos días he pensando muchísimo en lo sucedido a raíz del ‘conflicto del dedo’, generado por un hecho puntual:  La detención de Irma Parra, en Riobamba, quien habría ‘ofendido’ a nuestro Presidente con señas obscenas, por lo que se ordenó su detención desde las 11:00 hasta las 18:45 del miércoles13 de abril pasado (fue liberada luego de un acuerdo entre su abogado y un intendente). La explosión que generó esto en twitter fue tal que ese mismo día se inició una movida que ha decantado en una página web donde algunas personas han decidido enviar sus fotografías “doing the finger” al Presidente (Si quiere ir a la web, haga clic acá… hay fotos que son tan creativas y graciosas que visitarla es un gran ejercicio de humor). Sí, es gente que envía un mensaje claro al Presidente, fuerte y quizás ofensivo… ¿y?

Ha sido el mismo Presidente con su reacción quien diluyó cualquier intento de discusión sobre si alguien puede o no hacerle el dedo a una autoridad, porque ordenar detenciones de esta manera no tiene sentido y se vuelve precedente peligroso y nefasto, sobre todo si no somos capaces de analizar sus implicaciones.  Si bien en este punto hay personas que se están moviendo para presentar un proyecto que derogue la legislación de desacato del Código Penal del Ecuador (clic acá),  la dificultad que encuentro hoy se centra en que estamos perdiendo la conciencia de lo que debe ser una protesta.

En este momento, la protesta es mala, tonta, ilógica, ridícula. La protesta está de más, se disfraza de oposición, de pasión, de absurdo porque no propone nada. La protesta es ofensa y de las peores, ¿no?

Desnaturalizamos conceptos y no sé cuán bueno pueda ser eso.

Ya sea desde el ego (que desacredita todo rechazo solo porque no está acorde a ciertas ideas o porque no está acompañado de ‘argumentos’ válidos como soluciones), pasando por un falso requisito de sentido común (“¿Pero cómo va a hacer eso? ¿Se lo buscó solito?”), llegando hasta la postura política y dogmática que ronda el sofisma y el absolutismo (escribe Orlando Pérez sobre el tema del dedo en un artículo de opinión en diario “El Telégrafo”:  “Lo sustancial está en que la ofensa no sea la herramienta de la oposición y que la figura del Jefe de Estado, el de ahora y los que vengan, sea tratada como la del representante de todos los ciudadanos, porque para eso lo eligió una mayoría, nos guste o no”.) entender a la protesta como trayecto de una sola vía es criminal. La necesidad de protestar es intrínseca al ser humano y no puede ser  reducida, en un juego de ideas y soberbias, a un camino vacuo.

¿Es lógica la protesta? No tiene por qué serla, en realidad. ¿Qué hay de lógico en que un tipo se pare frente a un tanque para impedir su paso? Absolutamente nada. ¿Son sensatas las huelgas de hambre? No. ¿Es normal que gente indefensa salga a las calles a enfrentarse a gente armada, en pos de una idea de libertad? La verdad, no. ¿Qué tiene de cuerdo que un matrimonio decida pasar su luna de miel en una cama repleto de personas para decirle al mundo que hay que darle una oportunidad a la paz? Nada, y eso es lo mejor. ¿Es estúpido que haya personas que estén molesta por las actitudes de un mandatario y le hagan ‘dedo’ de maneras creativas? No lo creo. Lo ilógico está en desnaturalizar una protesta, venga de donde venga el criterio (¿Gaddafi no dijo en los primeros días de las protestas en Libia que solo lo rechazaban porque estaban drogados? Eso es estúpido).

Si bien es importante que exista la posibilidad de cambiar la legislación en un país como este (para impedir que los giles utilicen las normas para su provecho), ¿es obligatorio que una protesta incluya propuesta para que sea legítima? Verlo de esa manera es peligroso. No solo porque reduce la capacidad de reconocer expresiones en acciones claras, sino porque utiliza la soberbia de la razón para no comprender dinámicas al no venir acompañadas de manifiestos (como manual de instrucciones). En un post de diciembre de 2008 (que ha hecho su viaje en el tiempo vía twitter), Yoani Sánchez es precisa. Escribe: “Si no propones “soluciones”, ni se te ocurra hacer uso del arma de la crítica, me aclaran algunos que tampoco exponen un solo remedio. Su tono me evoca las aburridas asambleas pioneriles en las que estuve presente durante todos mis años escolares. Cuando me llegaba el turno de hablar y mis señalamientos desbordaban lo personal para criticar lo sistémico, alguien me paraba en seco para recordarme que un verdadero revolucionario plantea soluciones, no quejas. Ejercer el criterio debía hacerse de forma constructiva –me advertían– y con el tiempo comprendí que no era un llamado a la diatriba provechosa sino al conformismo”. Creo eso con ojos cerrados.

imagen titulada “Lea entre líneas”, tomada de undedoparacorrea.com

Desde el poder, la situación no varía. La protesta del dedo es vista como oposición política, a tal punto que Roberto Wohlgemuth, Director de la Unidad de Contacto Ciudadano de la Secretaría Nacional de Comunicación, no escatimó palabras para llamar “idiotas” a los que la mantienen, via twitter. Son tiempos de eferverscencia anímica y es lamentable que estos niveles de tensión se manifiesten en funcionario públicos (la respuesta ‘on line’ ha sido tibia, pero de cierta manera acorde: partidarios del Presidente elevando el pulgar en señal de aprobación, pero en vista de los acontecimientos, es probable que no haya sido suficiente) . La imagen de alguien que desde el poder cataloga de esa manera a la gente que está molesta con el Presidente es una imagen muy triste. La descalificación de la protesta siempre sobra por más que estemos en un momento electoral importante (considerarla ofensiva está de más, insisto, porque el Presidente se encargó, como casi siempre sucede en momentos de conflicto, de impedirnos una reflexión como sociedad sobre lo que pasó en Riobamba gracias a sus reacciones). La relación gobernantes-gobernados ha sido muy conflictiva en el país y un Gobierno que quiera venir a cambiar las cosas para bien debe ser lo suficientemente maduro para saber que esta sociedad ha recibido tantos golpes que prefiere estar atenta (en extremo o no) para que no la golpeen de nuevo. ¿Hay algo malo en eso? Cuando desde el poder se busca transformar un simple reclamo en un acto de desestabilización, cualquier error puede pasar. Cuando desde el poder (y sus adeptos) se confunde institucionalidad democrática con “la majestad de un Presidente” (empleado público, por cierto), toda protesta, por mínima que sea, será ridículamente una amenaza a la democracia. Cuando todo reclamo es visto como oposición, es claro que la realidad para el poder es monotemática.

imagen tomada de unpulgarparacorrea.com, página web en la que reza la siguiente leyenda: “Los honestos somos más”

Y lo peor es sin duda restarle lógica a cualquier protesta. A Luis Corral le pasó hace días que se emocionó (perdió la cabeza o lo que sea) en un encuentro a favor del SÍ, en la provincia de Zamora Chinchipe. Él estaba con una camiseta por el NO y se dio el enfrentamiento con el Presidente y simpatizantes (un Galo Mora efusivo, también, salió a su encuentro), hasta que agentes de la Policía lo sacaron del lugar. Sí, se fue a meter a la boca del lobo. Sí, qué tonto. Sí, qué esperaba. Sí, es verdad. Corral estuvo en un sitio donde tenía todas las de perder y se la jugó. ¿Hay realmente un problema en eso? Juzgar las acciones de protesta con la medida de lo normal es la postura más torpe y cómoda que podemos tomar. La protesta suele partir de la ira, del enojo, de la pasión, del caos y de la desesperación, pero al andar va adquiriendo su forma. Entenderla como un acto desprovisto de sentido y burdo no es acertado, especialmente cuando debemos estar atentos a lo que pasa en nuestra vida política.

Aquí la versión desde el poder:

Lo único que he intentado con este post es pensar sobre la protesta como opción y espacio donde lo creativo pueda tener cabida (como es el caso de las fotos que le muestran el dedo al Presidente). Como concepto central tenemos derecho a protestar, punto.  El diccionario define este verbo de la siguiente manera: “Dicho de una persona: Expresar impetuosamente su queja o disconformidad” y creo que si desnaturalizamos esto, estaremos en problemas mucho más graves. ¿Y si la protesta no viene con un objetivo final, se pierde? ¿Si no tiene lógica para mí, es detestable? ¿Si es crítica con el poder político debe ser considerada oposición? ¿Si se enfrenta con la máxima autoridad con incorrección es una ofensa mayor? Estamos viviendo la época de ideas cerradas y si seguimos por este camino perderemos un horizonte que es importante no perder. En este momento, donde todo es dicotomía pura, ver más allá de las ideas que creemos infalibles es la real revolución.

2 comentarios en “La protesta “ridícula”

  1. Hola Eduardo.
    Creo que la última frase de tu post lo dice todo, y justamente hoy leía la columna, en diario El Tiempo, de mi estimado profesor José Serrano -padre del ministro de justicia- que decía que la democracia es el espacio en donde no prevalecen los extremistas y si prevalecen entonces ya no hay democracia.
    Nunca me ha caído bien el maniqueísmom y aunque mi eclecticismo y búsqueda de algún equilibrio me han valido calificativos de “tibia” y hasta “mediocre”, todavía creo que es un ejercicio sano analizar las cosas desde todos los puntos de vista posibles.
    Protestar con fotos de malas señas no va conmigo, pero no por eso deslegitimo la intención detrás de las acciones. Todos podemos canalizar nuestra necesidad de expresión de la manera que nos parezca más apropiada, tú lo haces en este blog en buen romance, yo lo hago en el mio en no tan bueno, y ninguno de los dos está proponiendo la solución para los males del país.
    Lo único que dejo salvado y eso porque ocho años viviendo con las ciencias jurídicas dejan su huella, es que en nuestro país si hay bastante desconocimiento de los cuerpos legales más básicos que nos rigen y qué bueno que haya circunstancias que nos hagan reflexionar al respecto, pero no toda normativa es inútil y si estudias analíticamente las normas, siempre llegarás a la ratio legis o razón de ser de la ley.
    Yo he visto como en ciertas audiencias en que se producen agresiones contra el juez, son útiles las normas del desacato, por ejemplo. Nuevamente, no todo es blanco o negro.
    Y por más que se deroguen estas normas, quedarán los delitos de injuria que protegen el bien jurídio “honor”, reconocido en la constitución y en todos los tratados de derechos humanos. Bueno es culantro pero no tanto🙂

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