La ecuación Assange

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imagen tomada de hacksperger.files.wordpress.com

Personaje de ficción hecho carne. Best seller de la rebeldía. Una historia con muchos vacíos. Cualquiera de sus fotos ya es ícono momentáneo. No importa el lugar, ni el fotógrafo o el medio; interesa ese rostro de muchacho rebelde, con cabello a lo Steve Martin, con ojos algo cerrados, como mirando con cierto recelo, escudriñando. Julian Assange es una estrella de rock, es el espía que todos amamos, es el genio de la tecnología que nos permite saber de todo, es un infame, el anticristo, la nueva figura, el dios, la foto en cientos de cuentas de Facebook. Dios y diablo. El tirano, el paranoico, el que se sabe perseguido. Es el ideólogo y la cabeza de Wikileaks, que desde algunos meses no deja de aparecer casi a diario en las principales páginas y canales de noticias por lo que se supone ha sido el golpe de abrir al público los miles de cables diplomáticos del gobierno de Estados Unidos… algo que parece anecdótico, si tomamos en cuenta que Wikileaks hizo público un video de tropas norteamericanas atacando a civiles en Bagdad en julio de 2007, que cuando uno lo ve no deja de sentirse vulnerado y removido en sus entrañas.

Lo de Assange, a esta altura del partido, es un golpe a los secretos de ciertos sistemas y un deseo por generar un mundo más libre para todos. Al menos eso dice él (y quizás hay que creerle de entrada). Lo de Assange es la historia perfecta de espionaje.

El problema es que todo va a depender desde dónde se lo mire… o de lo que se crea. Él ha sido claro en sus motivaciones: “Nuestra meta es tener una civilización justa y ese es un objetivo personal. Y el mensaje es transparencia (…) Obtener justicia a través de la transparencia. (…) Tenemos una ideología que sobrepasa lo político. No es derecha y no es izquierda, se trata de entendimiento”, declaró en el pasado Foro de la Libertad, en Oslo. Pero se lo puede ver desde otra perspectiva también, porque la idea de una persona con una concepción moral tan elevada, en un mundo que consigna otras necesidades suena a ficción, y de las más elaboradas. Y quizás siempre hay algo que pueda funcionar mal en esos niveles conceptuales. Julian Assange es un best seller de entrada, un personaje que sobrepasa lo común (en este tiempo de presunta inmediatez) que parece escrito por Stieg Larsson, viviendo en una pesadilla orweliana, o representando a un personaje de Kafka.

Julian Assange es como la foto del Che Guevara tomada por Korda, solo que funciona como una instantánea digital y con movimiento… como una fotografía extraída del universo de Harry Potter.

La construcción del personaje
Julian Assange lleva el cabello blanco, o rubio platinado, o castaño (se lo suele pintar), su voz es grave, lo que le da un tono marcial a todo lo que dice, pero no siempre fue así. Nació en 1971, en la costa noroeste de Australia. Fue hijo único y durante ocho años vivió lo que se supone es la normalidad de un niño: papá y mamá. Luego el divorcio, llegó otro matrimonio de la madre con un músico con quien tuvo otro hijo y soportó sospechas de relaciones con la secta de Anne Hamilton-Byrne (la Asociación Santiniketan Park, un culto New Age sumamente controversial, que incluso ha sido acusado de robar niños pequeños para que estén al cuidado de su líder). ¿Salida? Madre y dos hijos viviendo en secreto y a escondidas, durante 3 meses. Distintas casas, escapes constantes en ese tiempo. El adolescente Julian entonces encontró refugio en la computadoras. Ese fue su espacio primordial, en el que descubrió que tenía la aptitud para manejar el código binario y penetrar en sistemas de diversas companías. Assange fue hacker en su momento y hoy si bien reniega de esa práctica, fue en esos años en que decidió que la información era un bien que debía ser compartido por todos.

“Mendax”, su nombre como hacker, escondía detrás una postura ética bizarra, atípica: entrar a los sistemas, no destruirlos, ni dañar ningún programa o computador, únicamente ingresar y obtener la información necesaria para entregarla al resto de las personas.

Pero “Mendax/Assange” fue atrapado y condenado a pagar una multa. El héroe de esta historia, esa suerte de Neo australiano, tuvo su primer encuentro con la ley. “La investigación de la que fui objeto se acabó cuando yo tenía 20 años; aunque el proceso durara seis años más, hasta 1997. Ahora hay muchos intentos de llamarme hacker, basados en mis actividades como hacker de hace veinte años, para devaluar mi trabajo como periodista. Con ello se pretende además despojarme de las protecciones legales de cualquier periodista; van contra mí personalmente, y contra esta organización. No obstante, es cierto que he sido un activista de la información libre durante mucho tiempo. Esos intereses de adolescente, aunque relativamente poco sofisticados, reflejan la consistencia de mi carácter”, declaró en una entrevista a diario El País, de España, mezclando pasado y presente.

El personaje de esta historia crea sus valores y revela sus intereses con esas experiencias del pasado. Assange se fue construyendo en medio de ordenadores y de escapes… algo salió de eso.

imagen tomada de resources3.news.com.au

El mito en presente
Para los más fanáticos, Assange llegó a la Tierra a demostrar que un mundo dominado por los Estados Unidos es terrible y nefasto. Para ellos, las revelaciones de los cables de Wikileaks son lo más cercano a textos religiosos; por lo que él se ha convertido en el profeta que esperaban ciertos proyectos político para saberse por buen camino. Otros menos cautos ven en Assange la posibilidad de que todo poder político y empresarial cumpla realmente la máxima que Alan Moore escribió en su gran obra “V for Vendetta”: “La gente no debe temerle al gobierno. Los gobiernos deben temerle a la gente”, dándole la vuelta a la existencia de ese Big Brother, usando como bandera la verdad y la transparencia, haciendo de cada ciudadano un fiscalizador de lo que sucede a su alrededor. Para los más temerosos, Assange vino a acabar con un aparente equilibrio en el mundo.

Assange representa algo para cualquier persona, sin importar desde dónde mire.

Impresiona escucharlo. En los videos de ciertas entrevistas (que todavía se pueden encontrar por la web), Assange es dueño de frases contundentes y hasta hermosas, pronunciadas con un tono grave, de sentencia. También impresionan y descolocan sus acciones… y las denuncias que caen sobre él. Y así, el personaje adquiere otra dimensión, propia de historias de espionaje (utilice las firmas contemporáneas de John Le Carré, por ejemplo): el pobre ser que quiere hacer algo bueno y es perseguido por las fuerzas nefastas y hasta por sus propias oscuridades.

En esta historia hasta el ingrediente ‘sexo’ ha funcionado como aderezo. En agosto de 2010, Assange (en pleno revuelo por lo que Wikileaks había conseguido al difundir los videos del ataque aéreo en Bagdad y otras revelaciones ligadas a documentos secretos de la ocupación norteamericana en Irak, exponiendo una lista de más 100 mil muertes) viajó a Estocolmo a dar un seminario y se hospedó en casa de Anna Ardin, con quien mantuvo relaciones sexuales en las que el preservativo se rompió y Assange se habría negado a detenerse. En ese mismo viaje, el ‘héroe’ mantuvo relaciones con Sofia Wilen y se habría negado a usar un condón. Ambas lo denunciaron por delitos sexuales en una relato de tinte confuso, en el que se ha acusado a las mujeres de ser espías de la CIA y de escribir en sus cuentas de twitter frases que revelan lo contrario a lo que debería ser la reacción frente a un abuso sexual: “Julian quiere ir a la fiesta de los cangrejos, ¿alguien tiene entradas disponibles?”, publicó Ardin al día siguiente del supuesto incidente. Otro elemento a la historia: la intriga.

Assange permaneció oculto durante semanas, y cuando la Interpol reconoció con certeza que su residencia estaba en Inglaterra, se entregó a las autoridades y se enfrentó a la denuncia. Ese elemento de ficción importante para su historia: el ‘héroe’ decide ingresar al castillo y desafiar al dragón… o quizás para darse más congruencia, enfrentar las consecuencias de sus acciones. Assange ha negado la acusación pero no la acción. Sí mantuvo relaciones sexuales y afirma que fueron consensuadas. El punto termina siendo el uso de preservativos.

Y así la historia entra a una ‘vuelta de tuerca’: el pequeño detalle que el personaje ignoró y que se le va encima.

Julian Assange estuvo en prisión pocos días, hasta que se le permitió pagar una fianza y hoy sigue a la espera el juicio. Él solo frente al monstruo. Ese dato es fundamental y remite a ese carácter mítico contemporáneo. Cuando la persona que asegura hacer lo que hace por buscar sociedades más justas decide enfrentar su acusación, está dejando en claro que ni siquiera él está por encima de la justicia. Assange es atípico e indescifrable.

El lado oscuro
Assange está en la mansión de un amigo en Norfolk, Inglaterra. Espera en arresto domiciliario. Debe presentarse todos los días en la comisaría local, hasta que se dé la audiencia, en los primeros días de febrero(1). Es defendido por muchas personas y hasta ‘celebridades activistas’, como Michael Moore han colaborado con el pago de su fianza. Pero hace falta dinero. Hace unas semanas se anunció que Assange había llegado a un acuerdo con las editoriales Alfred A. Knopf y Canongate para publicar sus memorias por 1,5 millones de dólares, que debería salir en abril. “No quería escribir este libro, pero tengo que hacerlo (…) Ya he invertido unas 200,000 libras en gastos legales y tengo que defenderme, además de mantener WikiLeaks a flote”, comentó al Sunday Times. Ha dicho que tiene miedo, de que si lo extraditan a Estados Unidos, con cargos de espionaje, podría ser asesinado como Lee Harvey Oswald… Assange ha dicho mucho.

El problema radica en el silencio o en lo poco que se dice.

El New York Times lo ha acusado de exigir y luchar por la transparencia del mundo, excepto en lo que sucede al interior de Wikileaks. Desde adentro se conoce poco y lo que se sabe es porque alguien habla desde la clandestinidad. Assange es pintado como un ser autoritario, que no fomenta sino el orden jerárquico. En otras palabras, se hace lo que él decide. Y bueno, podría entenderse esto tomando en cuenta que el presupuesto de Wikileaks es de un millón de dólares al año y alguien tiene que hacer que todo funcione. Sin embargo, los problemas internos de la organización (que muchas veces han llevado al cierre temporal de la página – que no debe ser confundido con los ataques que sufrió desde que reveló los cables diplomáticos de Estados Unidos) se han dado por rebeliones internas, en las que incluso los mismos técnicos del equipo han llegado a boicotear la página para que Assange no tenga todo el poder.

Lo han dicho con claridad: el creador de Wikileaks es un tipo que ha hecho crecer una paranoia tan grande alrededor de la Casa Blanca que asume que su artillería debe estar dirigida a ese punto. Ya hay muchos que difieren de esa postura. “Nuestro objetivo cuando comenzamos, en 2006, era informar a personas inteligentes y darles acceso a una serie de hechos sólidos para que puedan elaborar decisiones inteligentes. El problema surgió cuando empezamos a tomar partido por uno de los lados”, ha dicho Daniel Domscheit-Bergen una entrevista a The Times. Él fue durante mucho tiempo el otro rostro de Wikileaks, pero ahora ya no es parte del equipo y ha ido más allá, anunciando la creación de Openleaks, un portal que buscará filtrar información sin tener necesidad de editarla (la crítica está implícita).

El rompimiento entre Daniel y Julian es contundente. Domscheit-Bergen le dijo a Assange que ante la acusación de abuso sexual que caía sobre él, lo mejor era que diera un paso al costado y que dejara a Wikileaks que siguiera solo, sin problema. Fin de la amistad. “Él vio esto como un ataque y me suspendió. Si Julian puede tronar sus dedos y suspenderme, acusándome de insubordinación y de deslealtad, ¿qué dice esto de Wikileaks? Si él pudo hacer algo como esto, significa que Wikileaks es su bebé y de nadie más”, ha afirmado su ex colaborador.

Varios hackers se han distanciado de Assange, acusándolo de desvirtuar el sentido de lo que era ese proyecto. Algunos han amenazado con devolver el favor revelando las cosas oscuras de Wikileaks, como en un juego de transparencia absoluta.

Mientras Assange está en una mansión, hablando con quien sea y en casi total libertad (sólo lleva en el tobillo uno de esos controladores electrónicos), Bradley Manning, el soldado que ha sido acusado de filtrar los cables diplomáticos a Wikileaks, permanece en una celda de 3,6 metros de largo por 1,8 de ancho en una base militar de Quantico, Virginia. Él ha recibido escasas muestras de apoyo de Wikileaks (se ha dicho que llegaron a negociaciones para ceder entre 100 mil y 200 mil dólares para la defensa de Manning, pero al parecer nada de esto se concreta) (2) que incluyen a Assange declarando que Manning es un prisionero político y que tiene temor de que por su intermedio lo acusen de espionaje y lo extraditen. El peón siempre debe pagar de entrada.

Todo puede ser posible. En momentos de desesperación hay que mantenerse a flote. Al final la incógnita de esta historia tiene que ver tanto con el desenlace como con lo que hay dentro de la cabeza de Assange. Alguna vez, en una entrevista dio una frase contundente: “Los hombres capaces y generosos no crean víctimas, cuidan de ellas”. Y a esta altura lo que queda es esperar que no lo olvide.

imagen tomada de verimundo.blogspot.com

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Artículo publicado en Revista Mundo Diners #346, de marzo de 2011

(1) El 24 de febrero la justicia inglesa decidió la extradición de Assange a Suecia para enfrentar los cargos. Sus abogados apelaron a inicios de marzo y esto será revisado por la Alta Corte de Londres los próximos 12 y 13 de julio.

(2) Muchos diarios y movimientos de derechos humanos se han manifestado en este tiempo en pro de la liberación de Manning, como por ejemplo Amnistía Internacional

2 comentarios en “La ecuación Assange

  1. Hola,

    felicitaciones sola un comentario, cuando dices: ““Mendax”, su nombre como hacker, escondía detrás una postura ética bizarra, atípica: entrar a los sistemas, no destruirlos, ni dañar ningún programa o computador,” – En realidad la postura general de un hacker es la de no destruír nada, los otros mal llamados hackers en realidad se definen como Crackers.

    Saludos y de nuevo felicitaciones.

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