El legado desintegrado

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imagen tomada de wikipedia

Jigsaw es realmente uno de los personajes de terror más interesante que ha dado el cine de género. Es más, debería pasar a la historia como el villano más terrorífico de todos los tiempos, pero las mismas películas de la saga “Saw” se han encargado de negarle esa posibilidad.

Y es que John Kramer es un personaje que impresiona, no solo por esa capacidad enferma de devolverle a la gente el deseo de vivir luego de un acto desproporcionado, gracias a una creación mecánica (yendo siempre más allá de lo que hizo, por ejemplo, John Doe en “Seven”) que termina por generar en los que sobreviven a ese ‘juego’ en una nueva conciencia de lo que es la vida. Lo de Jigsaw es expiación, es el purgatorio, es la verdadera oportunidad de ver algo nuevo bajo la luz del sol. Jigsaw/John Kramer es Dios en el Antiguo Testamento: hay mucho de compasión en sus acciones, pero reconoce que del dolor se puede obtener algo valioso. Ha sido muy claro: “Los que no aprecian la vida, no deberían vivir”.

El que ‘juega’ debe romper algo en él para seguir viviendo. Así de simple.

Kramer es un ingeniero civil que sufre de un tumor en el lóbulo frontal del cerebro, que le dio como consecuencia de un cáncer de colon. Y eso le basta para desatar un programa de vida que le dé un nuevo sentido a su propia y corta existencia. Claro, el propio Jigsaw pasó por algo parecido con un intento de suicido en el medio, y con eso comprendió el valor del sacrificio como único camino a un nuevo orden. Lo de Jigsaw no es el simple asesinato. Lo que hace es invadir la vida de cada persona, romper la entropía y sacudir lo que hay dentro de cada jugador. Su frase es clara: “I want to play a game”, y ese juego tiene una cadencia muy especial: trampas mortales que tienen ‘su truco’, que pueden ser resueltas, pero que exigen una resolución de manera rápida. Quienes salen vivos de estas trampas llegan a otro nivel, incluso para el mismo Jigsaw… quien ante su cercanía con la muerte decide tomarlos como pupilos para continuar con su obra.

Lo de Jigsaw no es asesinato. Es un acto cruel de ventajas y desventajas. Es la supervivencia del más apto. Y desde aquí donde la historia comienza a caer.

El punto es que luego del cuarto filme, la saga pierde fuerza (y aquí hablamos del trabajo tanto de David Hackl como de Kevin Greutert en la dirección de las tres películas finales). Contemplamos una serie de trampas realizadas por sus pupilos (en particular por el teniente de Policía Mark Hoffman) que terminan con su tradición. Como buen generador de corrientes y estructuras, Jigsaw es engañado por sus aprendices y lo ve venir. Las trampas que aparecen luego de su muerte son realmente actos criminales desde su perspectiva de redención siniestra. En algunos casos, las trampas no tienen solución, se tecnifican de tal manera que no permiten un resultado ‘feliz’, o incluso el pupilo se niega a se testigo de ese acto revelador y ‘divino’. Las víctimas no tienen oportunidad, están muertas antes de empezar el juego. Con eso todo el legado ha desaparecido.

Y Jigsaw lo sabe. Él lo sabe todo.

El vuelco fúnebre surge (y ahí están los problemas) pues Jigsaw sabe que debe cuidarse de su pupilo, por lo que deja una serie de indicaciones para que todo pueda seguir el sendero que él intentó de entrada. La historia cambia, se vuelve accesoria, se alejan de su intrigante personaje principal y se centra en capitalizar la existencia de una marca y de ofrecer muertes cada vez más descabelladas, porque de eso se trata para algunos. Extrañamente Darren Lyyn  Bousman sale de la saga luego de realizar dos de los mejores filmes (la tercera y cuarta entrega) y le da la posta a un David Hackl que entierra todo en una quinta parte para el olvido.

Es desde esa quinta entrega que tenemos la búsqueda de un asesino menor, monótono y burdo, lo que termina por agotar la serie… ¡que ha tenido en 7 años 7 películas! Quizás esa rapidez es la que ha jugado en contra. Lo cierto es que ese John Kramer fabuloso busca transformarse en una idea muy fuerte y lo que hace es convertirse en un rompecabezas incompleto, por lo que prefiere detener su plan como alternativa, utilizando sus mismos recursos.

La última película de la serie, “Saw 3D”, de Greutert, es un intento por regresar a algo de sentido. Intento y fallido. El fracaso de toda investigación policial para atrapar a los imitadores de Jigsaw es real y burdo, por eso lo que queda es que un muerto, desde videos y pedidos detenga a su pupilo estrella, que interesado únicamente en matar, y vengarse, deja todo concepto de lado y borra la labor de una especie de mente siniestra y superior que solo busca una mejor humanidad… de la peor manera posible.

Las genialidades pueden desintegrarse.

Vean, para cerrar, este cortometraje que los creadores de la primera película, James Wan y Leigh Whannell… que dio en el clavo para que Lions Gate financiara el filme.

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