¿Un roble es un roble?

imagen tomada de wikipedia.org

El camino que divide discretamente el desastre de la transformación suele ser tormentoso. Es una línea recta que difícilmente puede unir dos puntos. Es un flechazo eterno a la nada, un tiro de gracia o el lanzamiento de un cohete a la luna. Si de algo no se puede culpar a Radiohead es de ser mediocre, la inquietud artística es siempre un camino de riesgos y que puede generar triunfos y fracasos rotundos. Si se trata de ser sinceros con uno mismo y el arte que se quiere hacer, creo que la derrota es lo de menos. El resultado, sin embargo, puede interesarle a muchos, pero a otros simplemente nos lanza a un paréntesis que no nos devuelve la paz, sino nos enfrenta al mismo acto de los gustos y el aprecio.

La banda de Thom Yorke y compañía (el parco y preciso Phil Selway, el hermano menor y genio compositor Jonny Greenwood, el hermano mayor y PR Colin Greenwood, y el clásico rockero amante de Led Zeppelin Ed O’brien) hace con “The King of Limbs” un disco que le debe mucho a las caricias de Yorke con la electrónica, tanto que en las primeras 4 canciones atestiguamos tal deuda con los sonidos de máquinas, y con cierta sensación de encierro y desesperación, que el resultado es una mezcla entre flojera y candidez. De entrada da la impresión que la hasta la mitad de “The King of Limbs” nos enfrentamos a excedentes del proyecto solista del cantante o algo de Atoms for peace (a tal punto que en videos de youtube podemos encontrar los shows de esa súper banda en los que interpretan canciones como “Lotus flower”, que está en este último disco), con una voz característica que puede establecer esa unidad ‘artística’ en todos los temas. ¿Eso es suficiente? En el fondo no lo sé.

Canciones como “Bloom”, te permiten comprender cuál sería la versión actual de la música espacial, no solo insinuada por la letra (“I’m moving out of orbit”) sino por la atmósfera que se crea con eternos delays y un bajo que parece haber salido de una plantilla que se repite hasta cortar de golpe el viaje. “Morning Mr. Magpie” es un intento de recuperar en algo el panorama de las guitarras en el grupo, con una batería que Selway toca con firmeza, pero que queda mezclada en el fondo y con una línea de bajo en la mitad que es lo más funky que Colin Greenwood pudo haber tocado. En este punto el contacto con “Kid A” es abrumador, no sólo por lo que intenta evidenciar el sonido, sino por los efectos que recuerdan a la voz que arrancaba ese gran disco del 2000. Los beats y las bases electrónicas continúan dando forma a la canción, que cierra en un fade que oculta todo. “Little by Little” es quizás lo mejor de esta parte. No solo estamos ante una canción con su propio sentido estético y claustrofóbico (con su cuota percusiva fabulosa), sino ante una melodía que pone la piel de gallina, en esta suerte de tema western en versión Radiohead. Con “Feral” se cierra esta primera parte no tan certera, con un coqueteo más que obvio con “The Eraser”, aquel disco de Yorke. Selway está interesado, tanto en sonido como en golpe, en convertirse en una máquina; por eso el trabajo de edición de batería debió ser un acto de crueldad desmedida para Nigel Godrich, el productor del disco.

“Feral” es casi una nueva versión, conceptualmente hablando, de “In limbo”, del Kid A.

imagen tomada de radioheadmexico.wordpress.com

Desde “Lotus flower” empieza lo mejor de este trabajo. No solo que hay un equilibrio entre las necesidades de toda la banda y ese requisito de vanguardistas desesperados por su creación sonora. En “Lotus flower” lo que hay es una buena canción en la que todos sus elementos suman. “Codex” nos trae de vuelta al Radiohead que conocemos de sobra, con un guiño al “In Rainbows” (su disco anterior de 2007) y con mayor precisión a ese ‘lado b’ hermoso que fue “Down is the new up”. “Codex” eleva el disco porque nos demuestra por qué la banda está en ese punto, por qué ellos tienen clara la posibilidad de la autoreferencia como mecanismo de interpretación de lo que hacen. En la parte final tenemos un arreglo de cuerdas de Greenwood menor que es majestuoso y condena el tema a la belleza suprema. “Give up the ghost” llega y mantiene un carácter folk siniestro que en todo el panorama puede dibujar una sonrisa. De este juego acústico y fantasmal llegamos a “Separator” que cierra con altura el disco (casi siempre Radiohead acierta con las canciones que terminan sus trabajos. Es quizás el único grupo que sabe cómo marcar el golpe final de sus discos) con un bajo haciéndole la venia a la batería, mientras las guitarras empiezan a aparecer poco a poco.

“The King of Limbs” es un disco escindido, partido por la mitad en el sitio preciso y por esa razón no es un trabajo redondo. Este es un disco de una banda en la que las guitarras están de sobra y se siente. Este es un disco que intenta sumar lo mejor de dos mundos y fracasa estrepitosamente en ese intento (te gusta o no te gusta lo que hacen, punto. Y en “The King…” esa es la medida certera). Este no es un mal disco, cualquier banda con sus inquietudes quisiera hacer algo parecido. El problema de este disco es que Radiohead ha hecho joyas musicales ya invalorables como “Ok Computer” y “Kid A” (disco al que este le debe mucho, como ya escribí antes). El problema de este álbum es que “In Raimbows” le llegó antes y se cansaron de ese modelo.

No son problemas graves, pero lo cierto es que a esta altura del partido lo único que debemos agradecer es encontrar en un disco de Radiohead una gran canción que nos evidencie que estos feos músicos de Oxfordshire saben algo que los demás ignoramos. Y “The King of limbs” no trascenderá como lo mejor… pero tiene más de una buena canción que vale la pena tararear y repetir en el ipod.

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2 comentarios en “¿Un roble es un roble?

  1. Yo lo veo del siguiente modo: no tenemos porqué pedirle a Radiohead que cambie el panorama de la música alternativa actual con cada disco, ellos hace rato se bajaron de ese carro, ya no hay militancia, ya no son los 90´s, casi no hay razones para estar deprimidos o enojados.

    Y pasa algo con la “experimentación” versus el “sonido-deja-vu”, como creador experimentas para regularizar un “proceso” o en este caso sonido, o “imaginario sonoro”, o “universo musical”, como lo quieran llamar, cuando dominas estas fórmulas se supone que todo te nace naturalmente desde ese mundo ya creado (o uno de los tantos ya creados, Ok Computer y Kid A son dos grandes hitos) y simplementes fluyes, te preocupas de hacer tus canciones de decir lo que en ese momento quieres decir y ya, de sonar como simplemente suenas en ese momento y ya.

    Esos feos tipos de Oxford son demasiado viejos, demasiado panas, demasiado billeteados, demasiado despreocupados ya por revolucionar cualquier cosa (y lo siguen haciendo seguramente) como para aproximarnos por ese lado a su creación.

    En un hoy musical donde la corriente más evidente es la hibridación de todo (contra todo), esa segunda mirada (vía nostalgia ochenterosa) a África, la revitalización de la construcción musical sintetizada, los guiños a la psicodelia de nuestros padres, el viraje (y aceptación) pop más allá del rock, la electrónica como recurso/herramienta y no como estilo o género,en medio de todo esto un disco como The King of Limbs se sumerge en un mar donde muchas cosas vienen referenciándose, reciclando y mutando, y flota y sale ganando porque proviene de esa banda genial que está sobre el promedio.

    El problema radica en que lo vemos todo desde la nostalgia: oh sí Ok Computer es irrepetible! y Kid A fue lo mejor de la década pasada, ¿y?, sitúense en un hoy, y hoy The King of Limbs es tremendo disco sin ninguna pretensión, a Picasso no le estaban pidiendo que haga más Guernicas, ¿o sí? (y recuerden que al tipo le atribuyen eso de “que la inspiración me encuentre trabajando”).

  2. Yo estoy muy de acuerdo contigo… EL problema es que en el estado de la música actual se espera mucho de los ‘dioses’, algún tipo de revelación divina en sus trabajos. “The king of limbs” pasará desapercibido, eso es todo. Pero las últimas 4 canciones son una joya que vale repetir una y otra vez…

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