La humanidad según Aronofsky*

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imagen tomada de wikipedia.org

Hay algo que nunca me ha cerrado en la filmografía de Darren Aronofsky y quizás ese algo tenga que ver con su fascinación por la enfermedad. En su cine encontramos una reflexión clara y directa sobre cómo aquel ser incompleto y no sano es capaz de subvertir su realidad y ser víctima de la tormenta que él mismo ha gestado. El conflicto está en el personaje. En el cine de Aronofsky el ser humano es el cultor de sus miserias. Y quizás eso puede ser atractivo para muchos; sin embargo, a mí me cuesta verlo. Aronofsky, no importa lo que intente o lo que busque, siempre llega al mismo punto y eso, para mí, entorpece cualquiera de sus intentos por hablar de ese lado oscuro, de ese dolor intrínseco de sus personajes.

Aronofsky funciona como un dios cruel.

Y no es que el cine deba tener, necesariamente, un espacio de respiro o redención. Decirlo así es caer en una ingenuidad bárbara. Pero en todo viaje narrativo o dramático son importantes los momentos, o (si no soy muy aventurado) la necesidad de huir de cualquier receta o tema, en rasgos generales. En “Black Swan” Aronofsky habla de la obsesión, del doble, de la otredad, de la identidad, del riesgo de la perfección, de la ligera línea que se dibuja alrededor de la locura, de la entrega, de la exploración del artista, del ballet como el conflicto con el cuerpo… pero lo que me pasa es que sé que es distinta, sé que sus ingredientes y colores son otros, que sus aromas son nuevos, que sus objetivos se dirigen a distintos sitios y como el plato, lo mastico y saboreo y descubro la novedad, pero al tragar me quedo con el mismo sabor de siempre.

No me malinterpeten. Aronofsky es un gran director. Tiene una noción de ritmo bárbara que muy pocos directores tienen (a tal punto que su visión de los chutes y de la acción de la droga, como se ve en “Réquiem por un sueño”, es ya parte de nuestro imaginario), sabe cómo crear tensión en ciertas secuencias y consigue hacer de su cámara el verdadero narrador de sus historias. Eso lo vuelve en uno de los mejores realizadores que ha dado el cine de Hollywood (y su “The Fountain” sigue siendo su mejor película en cuanto a obra terminada… mística y extraña, pero fabulosa). Sin embargo, con “Black Swan” hay algo que no consigo cerrar del todo y tiene que ver con la misma estructura de siempre, con recursos obvios (como el tema del espejo como vehículo para la otredad) y esa aparente sorpresa alrededor de la transformación física como el espacio de la neurosis. “Black Swan” funciona a nivel retórico, pero una vez que la experimentamos como filme hay algo que le hace falta. Como las otras películas de Aronofsky, de entrada sus personajes están perdidos; no atestiguamos el porqué de su tragedia, lo que experimentamos es el recorrido por ese lado oscuro que ya va a marcar el final. No hay un “qué” en sus filmes, sino un “cómo”. Todo va a salir mal y lo sabemos, no por esa relación evidente que nos da “El lago de los cisnes” con el tema de la oscuridad contrapuesta a la claridad (y la bondad/normalidad) del blanco, sino porque no tenemos alternativa. Nina (interpretada por una atormentada Nathalie Portman, que tiene dos reales momentos de brillantez en la película –spoiler alert- en la escena de la masturbación y en el baile final, cuando mira a la cámara con ese rostro desencajado, ya siendo ese cisne negro) es quien debe vencerse para conseguir el rol doble y principal de la producción que lleva adelante su compañía de ballet y en ese proceso se desgarra. Esa otredad genera un ser que es continuidad del que vemos contenido al inicio: acabado, inexistente, frágil y terrible, con un equilibrio siniestro al final, sin importar cómo se dan las cosas. Esa ‘armonía’ llega después de un caos (incluso en lo dramático) que nos presenta una perfección bizarra, ese desprendimiento que cierra cualquier posibilidad de confort real.

imagen tomada de dialogooscinefilos.blosgpot.com

Aronofsky disfruta, en pos de crear una obra poderosa, del dolor y la exigencia de sus personajes. Siempre ha sido así en sus filmes. En “Black swan” la figura de Thomas Leroy (el director de la compañía, interpretado magistralmente por Vicent Cassel) es importante. Es quien que no teme al extremo, el tipo que no tiene escrúpulos para jugar con lo intrínseco de la bailarina para obtener resultados (la intimidad), es la persona que desecha a las otras personas cuando no le sirven (si tú estás para él, ya hay otra persona ocupando el espacio)… y sin remordimiento. Aronofsky no habla bien de ese tipo de trabajos, hay una crueldad implícita cuando se trata de crear una obra de arte y quizás todo está permitido.

“Black swan” es el filme de terror de Aronofsky (en el que el ballet se ve como algo grotesco y conflictivo), y no sólo por los elementos que toma y que remiten a ciertas cosas de Polanski y Cronenberg, sino porque la humanidad, la creadora, la que dedica su vida a los sueños y a sus sacrificios es la humanidad obsesiva, la que está mal de la cabeza. Ahí está muy emparentada con lo que hace Kubrick en “The Shining” (donde los espejos y el doppelgänger son también instrumentos del horror). El problema para mí es que casi toda la filmografía de Aronofsky raya en lo terrrífico, porque para él no hay opción a nada. Lo que para Michel Haneke es reacción alrededor de la asquerosidad de la vida, para el director de “The Wrestler” es evidencia de lo desagradable que puede ser el ser humano. Eso es lo que me jode.

Aronofsky es duro. Pero solo a nivel de las ideas… porque la resolución de “Black Swan” es obvia, clara y anticlimática, dentro de lo que la misma película nos va planteando, con los recursos que utiliza a nivel de realización. El tema queda claro, pero las acciones de ese horror personal se desarrollan a medias y quizás 10 minutos antes del cierre ya se ha cerrado todo. El telón ha caído y lo demás es un epílogo innecesario. Talvez lo que nos estaba planteando de entrada merecía otro tipo de desenlace. Pero talvez eso puede ser un asunto de gustos, sin duda. Pero nadie me quita que lo que Aronofsky hace es seguir las ideas de guión de Donald Kauffman (el ficticio hermano de Charlie Kauffman en “Adaptation”) y crea una historia en la que el policía resulta ser el mismo asesino.

 

*Gracias a Miguel por evidenciar mi dislexia intermitente y mostrarme que escribí mal el nombre del director… daño solucionado.

8 comentarios en “La humanidad según Aronofsky*

  1. Muy buena lectura. Me atrevería a decir que desde la mitad de la película Arofnosky me perdió cuando Natalie Portman le explica al hombre del bar cómo termina el cisne negro, de ahí en adelante todo va para abajo. Como director desaprovecha a Barbara Hershey y Winona Ryder. Lo del tema del doppelganger no es tan evidente para todos, quizás eso sea rescatable. El desenlace es desastroso y hasta ridículo. En resumen una pobre película de terror, al estilo de las de Jason.

  2. Estimado Edu; yo no sé si el director hizo un análisis tan ‘sesudo’ y psicológico como vos. Pero, tras ver la película, creo que, aunque el ballet sea un arte elitista, la historia está bien contada, mejor actuada y estupendamente musicalizada y editada.
    Felicitaciones por el Blog y suerte en el taller!

    1. Hugo querido, creo que Arofnosky debió tener en cuenta muchas más lecturas al momento de hacer la película. En el fondo también puede ser cuestión de gustos y para mí hay un problema muy grande en la peli, pero eso no la hace peor…

      Un abrazo y gracias por las felicitaciones y la suerte!

  3. Me parece que te centraste más en el director y sus productos pasados, que en la obra en sí, no sólo en este crítica, sino también al ver la película. Talvez la hubieras disfrutado un poco más si hubieras tenido menos prejuicios (en el sentido estricto de la palabra: un juicio previo).

    1. Mi querida Fátima, me centré en su obra total y metí a esta película en su corpus, porque a este tipo de directores no hay cómo verlos como autores por separado. EN el fondo el único prejuicio que tengo con su obra es aquel que solo ha conseguido romper con “The fountain” y es el que explico en el post… De ahí no podría decir que Arofnosky es malo, pero cojea de la misma pata, siempre… Un abrazo

  4. estoy de acuerdo contigo, ya que lo unico que he escuchado sobre la pelicula es que “es buenisima” y en cierto modo me ofende ya que claro como no le va a gustar a la gente una pelicula con Natalie y Mila Kunis haciendo lindas barbaridades (y no decir el monton de hipsters que Aronofsky atrae naturalmente al ser un director digamos no tan ortodoxo para Hollywood). Al fin, Aronofsky aunque sabe muy bien como quiere que su obra se “vea” cojea mucho en el narrar y los nudos de sus peliculas (algo que me parece ocurrio tambien en “The Fountain”) como director le tengo fe que eventualmente va a filmar su “masterpiece”, pero todavia no ha alcanzado la madurez para conseguirlo.

    y reiterando lo que dijiste sobre el final, en verdad terrible, ya que como cuento de hadas, la culpabilidad del asesinato de la kunis desaparece bajo la mascara de la locura, ya que si realmente se hubiera muerto el film hubiera tenido una base mas anclada a la tragedia, pero a la tragedia de verdad (de los griegos y shakespeare por sonar como un silly snob) y no la tragedia de la “posible” muerte del personaje de Portman (que al fin y cuentas a quien le importa? no me gano su simpatia al ver el film, aunque quizas esto sea muestra de su calidad como actriz.)

    saludos, y si tienes chance por email mandame tu direccion que ya mismo me va a llegar una copia de la nueva DOS FILOS para que leas mi primera publicacion.

  5. Se llama Aronofsky, corrige eso en el texto.

    Y por otro lado es muy interesante el análisis que desarrollas. Me parece que podrías enfocarte desde lo más básico: la excesiva cantidad de clichés que sostienen el filme. Desde el entrenador con acento extranjero hasta la madre súper exigente y la bailarina anoréxica. Todo es puro cliché del ballet.

    Te recomiendo este artículo del diario inglés Guardian http://www.guardian.co.uk/stage/2011/jan/05/black-swan-natalie-portman-tamara-rojo?INTCMP=SRCH

    Supongo que el éxito se debe a lo que sostiene uno de los entrevistados con esta frase: “…don’t worry about the ballet – go for the great lesbian action and the horror.”

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