La certeza y la ficción (acerca de “Tanta Joroba”, de Silvia Stornaiolo)

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Este es el texto que leí en el lanzamiento de la novela de Silvia Stornaiolo. Lo hice acompañado del querido Juan Secaira y aunque el micrófono me jugó en contra y hasta le pregunté a la autora el nombre de su personaje principal antes de subir a la mesa para hablar del libro, el texto es una invitación personal a que busquen el libro y lo lean con la fascinación que a muchos nos ha provocado.
El texto es el siguiente:

El cruce de una persona con otra, por más sencillo y casual que sea, va a provocar un cataclismo que tal vez no pueda ser perceptible, pero es inevitable. El camino abierto de uno frente a otro es una apertura temporal, un túnel entre dos cuerpos, es ese contacto que causa una fricción que termina haciendo daño, aunque no quisiéramos, aunque no estuviera en nuestra conciencia. Todo contacto humano es una laceración, una proyección y hasta una pérdida del equilibrio. Yuta lo sabe bien, está al borde de la cornisa. Y va a caer.

Cuando se lee “Tanta joroba” nos queda claro que hay heridas y rasgaduras que en lugar de cerrarse pueden ser amplificadas como un ejercicio placentero, o como última posibilidad, incluso como respuesta al sin sentido: ¨Ya no sé cuántos años tengo ni qué hago aquí, o qué pasó. Fue, y es, todo muy rápido¨. Yuta se enfrenta al final, quiere salir del sitio en el que está, sin saber muy por qué… ni el camino a seguir.

Ella es la voz de la historia, la que debe pasar por todo, la de la traslación. Yuta debe abrirse a algo que no parece tener forma, más allá de la desesperación. Y teme, porque las cosas en esa ficción de pareja que soporta no están resultando como ella quiere: ¨…y aunque me muera de ganas juro que no voy a decirte cuánto me alegra haberme dado cuenta de que lo nuestro se está acabando. Ni de que por fin se cayó la máscara, ni de lo agradecida que aún en juventud todavía habría el chance de encontrar un mejor camino, no como les pasó a miles de mujeres obligadas a bancarse años de matrimonios equivocados y enfermizos. Tengo miedo¨, sintetiza Yuta.

El daño en ella está en su relación con el otro, con el que la ha tocado como nadie, con el que la hizo emocionar, sonreír, con el que la ha protegido. Una vez más aparecen el contacto y sus presiones, ese cruce entre varios seres, que la llevan a realizar una búsqueda, a recuperar una sensación, a enfrentar el miedo.

Porque los arrebatos detectivescos de Yuta por encontrar la venganza precisa ante la amante de Viso, su marido; así como ese intensa pasión con Boti, su mediohermano, son ejercicios desesperados por evitar la soledad. Por eso, en el fondo, “Tanta joroba” parte de una certeza, y su personaje/narrador trata a toda costa de ignorar lo evidente, hasta que se vuelve inevitable.

Y hasta pareciera que no existe espacio para nada más, pero siempre hay un camino. ¨Sufro la ausencia de lo que no vendrá, de eso estoy segura¨, sentencia Yuta.

Lo interesante, dentro de esa dinámica, es la construcción del personaje: hija de padres religiosos (el padre es hasta pastor), joven esposa que debe enfrentar una relación extramarital de su marido (lo que la hace congeniar con su madre y repetir esos errores al cuadrado) y mujer que busca ser objeto de posesión de otro hombre, Yuta deberá enfrentarse a la necesidad de la ficción como estrategia, para poder sobrellevar la caída. Se adhiere a la fabulación, y confía que su venganza frente al mundo se contenga en una serie de escritos en los que ella define su camino a seguir.

En “Tanta joroba” Silvia Stornaiolo se mantiene fiel a esa línea directa y descarnada para contar una historia, la que intentó con mucho éxito en “Cuerva críos”, su libro anterior. Aunque a diferencia del conjunto de cuentos, en esta ocasión la autora reconoce ciertas distancias en el género e intenta una novela que va con calma, que abre espacios, que se va consumiendo de a poco, que abre paréntesis y que se cierra ante lo que la misma narradora nos cuenta. Silvia apuesta por una historia que de un momento a otro cambia, encuentra un sendero en sus últimos capítulos y saca a Yuta de cierto marasmo y vueltas que no se pueden considerar innecesarias. Quizás lo mejor logrado en este libro radica en cómo de una constante, de reflexiones que se vuelven continuaciones y exposiciones de un personaje en carne viva, nos llega de golpe el siguiente panorama, que vuelve en acción todas las ideas. Yuta pasa de la elucubración, de la conjetura, a enfrentar las consecuencias de aquello discreto. La ficción reacciona.

Porque en más de la mitad de la novela lo que experimentamos siempre son acciones en potencia, realizadas con tibieza, no consumadas, que duelen y doblegan, o que hablan de pasado. Y como ya sabemos: el que no hace goles, ve cómo se los hacen. Al final, el enfrentamiento no es con lo inevitable, sino con aquello contenido. He ahí el triunfo de “Tanta joroba”, la posibilidad de una ficción útil, como estrategia de venganza, como camino y potencia.

Por eso atestiguamos aquel cierre tan contundente, desolador y vencedor. Al final lo que hace Silvia Stornaiolo no es acabar el dolor de Yuta, ni sus dudas, contactos externos o su condena. Lo que sucede es que la broma se hace gigante, la sobrepasa, el peso ya deja de ser peso y la somete. Destruyendo todo se puede construir de nuevo y así ¨Tanta joroba¨ puede hacer referencia al lastre sobre la espalda, o también a las ganas de joder y en este caso, cuando no queda nada, cuando todo está consumado, ¿qué nos queda? En este libro no está la respuesta… pero hay un camino interesante que los invito a seguir.

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