Revocatoria: ¿Sí o no?

Actualidad siniestra en Ecuador: tener la razón o desdeñar al otro porque mi pensamiento es irrompible o porque lo que sucede a mi alrededor es lo que me da la razón. Temí hace mucho que este tiempo llegaría. En realidad siempre vi en la posibilidad de la recolección de firmas para la revocatoria del mandato del presidente Rafael Correa un acto democrático importante: dejar por sentado, con un procedimiento amparado por la misma Constitución, que un gran porcentaje del país esta en desacuerdo con ciertas perspectivas y actitudes del gobernante, lo que lo obligaría a elevar al diálogo como política necesaria.

Nunca se me pasó por la cabeza que eso se consideraría una derrota, sino todo lo contrario. Un triunfo absoluto, para todos.

imagen tomada de laplegariadeunpagano.com

Pero los meses han pasado y la intolerancia entre las distintas formas de ver la vida y asuntos que rozan lo pasional se han convertido en las verdaderas motivaciones de este proceso… el que yo antes defendía a capa y espada. Hoy me lo pienso un poco. Creo que se ha caído en una espiral que al final no nos va a permitir obtener algo de valor. ¿Y qué vamos a reconstruir de las ruinas? Porque sí, nos estamos arruinando en esa lucha por una manera de ver el mundo, por esa incapacidad de reconocer qué de errado hay en nuestro pensamiento y cómo hacer posible que la perspectiva del otro tenga algo de sentido y yo al menos pudiera asirme de aquello que suena con valor.

No hay manera, ni posibilidad. El otro es tan distinto a mí que no vale la pena.

Hoy el enfrentamiento (porque eso es) se vuelve más complejo porque la fecha tope para recolectar las firmas necesarias está cada vez más cerca. Este ‘combate’ se traduce en posturas inviolables en muchos sentidos. El uno contra el otro. Correa vs Vera. Correístas versus anticorreístas. Pero, ¿realmente es eso? En las últimas semanas twitter se ha convertido en un campo de batallas áridas, un teléfono dañado, un espejo vencido. Los unos y los otros como reflejos superfluos de lo que en realidad es un proceso político con errores (muchísimos, desde luego) y varios aciertos (que para mí no son evidencia de nada importante: ¿acaso el Estado no está en la obligación de responder por la salud, la educación, las vías y las viviendas de los ecuatorianos? Sí, que se lo haga ahora, en alguna medida, no es encontrarnos con el paraíso sobre la tierra). Y eso me lleva a dudar de todo éxito de cualquier proceso político, a menos que reconozcamos en nosotros el fallo principal, la hendidura, la ausencia… Especialmente del lado del gobierno, repleto de fanáticos cuasireligiosos, que acusan de herejía a aquellos que no ven las cosas como ellos.

Del otro lado la acusación no es distinta, claro. Pero al menos podría excusar algo en nombre de la reacción desproporcionada. Es falso verlo así, también. Los apasionados por la revocatoria están viviendo en un espacio de guerra, de defensa de un futuro según su visión, la que consideran la certera. Les voy a dar un plus: quienes están por la revocatoria podrían tener una noción más práctica de la realidad del país y de sus problemas más fuertes, como la inseguridad (está claro que el gobierno no sabe todavía qué hacer con ese tema y que ha intentado curar un cáncer con jarabe para la tos). Pero darles ese plus no evita decirles que lo que hacen no es nada del otro mundo. No es una respuesta que ya se haya dado: una cosa por otra.
Y ya de esas soluciones hemos tenido mucho.

Es la visión propia de la dicotomía que nos toca vivir. Una dicotomía que se revuelva en una retórica absurda. Lo cierto es que el planteamiento socialista que el gobierno ha precisado como camino no deja de ser extraño y de cierta manera peligroso (¿No les parece raro que la mayoría de la gente que se jacta de ese pensamiento tengan tan poco que ver con el proletario al que tanto defienden? Los llamo revolucionarios de Rolls Royce… Y eso que prefiero hacerme el ciego y creer que todos los que están adentro, al menos, comparten la ideología). ¿Está el futuro en una decisión política de unos cuantos en un buró, que asumen que el Ecuador se va a salvar porque la razón histórica que ellos profesan es la adecuada? Para mí ese es el grave problema de la Revolución Ciudadana y por eso no la respaldo. Ecuador ha sufrido muchísimo por otra gente que antes de la RC asumió que lo que ellos profesaban era lo adecuado… y no veo por qué ahora debería ser distinto.

Soy un tipo de palabras y los conceptos me llevan en peso, me aplacan, me elevan y oprimen.

imagen tomada de revolucionciudadana.com.ec

A lo que quiero llegar es que en el fondo no es nada bueno, ni novedoso, ni revelador o milagroso que exista un movimiento político que le dé valor a su criterio como la única solución posible (capaz de esconder o minimizar sus errores o de excusar lo que sea, como por ejemplo la explotación petrolera del ITT – que, lo siento, va a pasar, todo se está llevando a ese lado; o la acusación y prisión por terroristas de contrarios al régimen –especialmente de pueblos indígenas). Lo que debemos esperar de nuestros gobernantes es que hagan un gobierno que le dé al Estado una nueva perspectiva y que permita, sin inconvenientes, la existencia de gente que esté en contra, como vehículo de generación de nuevas realidades, de diálgos y nuevas formas de hacer la vida del país. El gobierno de la Revolución Ciudadana ha preferido hacer justicia retórica y dejar de lado a los que considera miserables… y eso sencillamente no es adecuado. Porque quiere hacernos creer que los buenos son aquellos hombres sometidos a la idea de una revolución ‘hermosa’, que busca lo mejor, porque los de antes fueron los malos (y eso sin contar que hay una gran cantidad de referentes de este gobierno que llevan un pasado ligado a esos políticos y prácticas de antes que tanto daño le hicieron a los ecuatorianos). Identificarse con una perspectiva casi doctrinal, en esos estados, nos nos hará nada bien.

El hombre, gobernante, funcionario, ciudadano, empresario y empleado que no es capaz de cuestionar lo que cree y no se abre al ejercicio de la persuasión (y de ser persuadido) es el ser que nos va a condenar al fiasco total.

Por eso, fanáticos de la revocatoria, si realmente creen que su objetivo es acabar con aquello que consideran no democrático o dictadura… les pido que analicen bien qué están creando con eso. Combatir de igual manera a un régimen que si bien permite que se hable en su contra (no sin represalias discursivas, desde luego) o que genera en muchos la sensación de miedo, con estrategias de rechazo casi similares (o peor aún, con sofismas y argumentos vacuos), no construirá nada… se estarán edificando nuevas ruinas, actuales y más dolorosas.

Porque el otro como enemigo no es un camino que debemos seguir. Si el otro es el enemigo, lo que nos queda es unificar la realidad para que ese enemigo quede excluido. Y eso, ya lo hemos visto, ha conducido al espanto.

¿Firmar o no firmar? La respuesta es sencilla. Pero las razones deben ser las adecuadas… Es es todo lo que deseo. Porque ahora resulta que una firma  o no firma sería también solapar criterios terribles que no valen la pena sostener. Por eso, quisiera creer que todavía hay tiempo para ver lo nefasto de llevar todo a los extremos. La democracia no es el artificio del triunfo de la mayoría, sino la elaboración de un diálogo que nos permita salir del atolladero. Hoy más que nunca necesitamos eso, de lado y lado.

Y en el fondo sigo con la esperanza que una revocatoria, bien mantenida y razonada, pueda ser la acción que le exija al poder dejar de lado la seguridad de la razón, y entrar un poco en el camino de las correcciones necesarias. Pero es en el fondo… Con lo que he visto en las últimas semanas, se me pierde mucho esta sensación.

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2 comentarios en “Revocatoria: ¿Sí o no?

  1. Estoy de acuerdo contigo, y dudo tb contigo al final. La revocatoria no generará ninguna reflexión, al menos a nivel de Presidencia y de quienes se suman tb religiosamente a Vera. Sin embargo, esa reflexión sería lo importante, lástima (adelantada).

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