El evangelio según Fruno

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En la primera novela de Esteban Mayorga, “Vita Frunis”, el exceso es el camino, pero a la vez es la revelación de un universo en el que el mismo relato se convierte en reto. Porque lo que sucede en ese libro de un poco más de 100 páginas está reñido con lo verosímil, con la realidad que se supone creíble en una historia, y de no ser por el humor (tan propio en el autor) no funcionaría. “Vita Frunis” es una novela que se va de la raya, atrapa y somete. Quizás el último verbo sea muy fuerte, pero es pertinente y funciona.  No hay que olvidar la primera línea de la novela: “Todo lo que escribo es verdad”.

El tono inverosímil, surreal y gracioso me remite a una gran obra de Kazuo Ishiguro, “Los inconsolables”, lo que desde mi torpe perspectiva es un halago. Y de los mayores, pues incluso la sensación de desamparo absoluto cruza tanto la obra de Ishiguro como la de Esteban. Y todo siempre te lleva a un espacio de pérdida, pero no de dolor eterno, sino más bien de múltiples posibilidades. La pérdida en “Vita Frunis” no es ausencia, sino búsqueda, una de esas que no resiste ningún límite. Ésta es la historia de aquel chico norteamericano que escapa de su casa (después de la muerte de su madre) y que decide enfrentarse a su padre para rescatar a su hermana, apostando por lo excesivo y jugando con la paciencia lectora. Ojo: en este juego lo literario vence porque se genera una lectura divertida.

“Vita Frunis” es la vida de Fruno, contada desde el punto A hasta el punto B y todo lo que pasa en medio. El lenguaje se vuelve innecesario a momentos, los diálogos también (Fruno ni siquiera escucha muy bien lo que otros le dicen) y hasta las crisis y los crímenes no dejan de ser espacios para abrir otros paréntesis. Ni siquiera el tiempo se salva. Lo que hace Esteban Mayorga en su gran ‘novelita’ (solo por su extensión) es contar en boca de Fruno lo que es la vocación exacerbada, pues él quiere ser escritor y escribe, generando algo. Y para eso utiliza a un personaje que más que ser una representación de algo en particular, representa el todo y los entrecijos de la imaginación. Fruno es una totalidad que encanta, que es capaz de putear a Christopher Walken, de tener un perro con el que decide embriagarse hasta la muerte y de prescindir de cualquier límite sexual (todo está bien, sea hombre o mujer). Por eso Fruno y su vida se vuelven impresionantes.

“Vita Frunis” es una novela que hace reír en varias ocasiones (y no porque surja gratuitamente en el lector ecuatoriano ese requisito fatuo de identidad cuando se expone a una obra escrita por un autor ecuatoriano, sino porque es endemoniadamante graciosa – con ligeros guiños a referencias culturales locales). Este es un libro que plantea la ruptura de la ficción sobre la realidad, enfrentándose inclusive con el mismo objeto narrativo: todo puede pasar y pasa y todo sigue y nada importa. Sin embargo todo importa. SFW.

Esteban Mayorga es de esos pocos narradores que ha entendido que conocer y aprender sobre literatura no es igual a desvirtuar el poder de la misma narración (ha dicho que sirve en la medida que te hace mejor lector). Y él realmente escribe como pocos por acá, por lo que no es tan difícil entender por qué “Vita Frunis” ganó en 2009 el premio Pablo Palacio. Si tienen la oportunidad, lean esta novela… nunca fue tan gracioso lo extremo… nunca fue tan decisiva la imaginación.

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