La configuración del héroe

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La literatura de Mario Vargas Llosa parte como un ejercicio de reformular la historia: la personal (de entrada) y esa conocida o no por muchos. Y si bien es un tipo que ha teorizado muchísimo sobre la ficción, con la imagen de la mentira hecha cuerpo, la realidad se vuelve elemento fundamental de su obra, quizás porque en su literatura siempre se encuentran, mayoritariamente, procesos de entendimiento de lo que le circunda. La literatura es un mecanismo más para darle sentido a esa realidad trunca, que necesita de esa ‘mentira’ para complementarse.

imagen tomada de elpais.com

En ese contexto, que delimita su enfrentamiento literario, aparece la historia del irlandés Roger Casement, que Vargas Llosa encontró referenciado en un libro sobre Joseph Conrad y su experiencia en El Congo (que le ayudó a perfilar su gran “El corazón de las tinieblas”) y la colonización de ese territorio por orden del rey Leopoldo II de Bélgica. Un elemento que sirvió, sin duda, para detonar la imaginación de un tipo que vio en Casement la configuración de aquel europeo que al servicio de la corona británica se convirtió en la primera persona en condenar el trato deplorable y ofensivo de los países colonizadores a los habitantes originarios de las colonias africanas. Pero eso no fue lo único. Y quizás aquí llega la importancia de este personaje y este proceso de realidad y de fantasía. Casement no sólo fue el primero en denunciar este tipo de atrocidades, sino que fue el autor del “Libro azul”, documento con el que los británicos evidenciaron la tortura que se producía en la Amazonía peruana, por parte de la “Peruvian Amazon Company”, en el instante de la explotación del caucho y de los indígenas de la zona. El documento de Casement (que trabajaba para el servicio de extranjería de la corona) fue la base de una campaña y una serie de juicios que terminó con la caída de la compañía.

Quizás el mérito de Vargas Llosa en esta novela sea cómo cuenta esta parte de la experiencia de Casement. La crónica periodística se vuelve en el esqueleto de la ficción, en una letanía de nombres y cargos que recrean ese momento histórico y lo dotan del ritmo y la desazón necesaria para chocar. La parte de la Amazonía realmente choca.

El cierre de Casement es impresionante: el tipo que reclama el trato cruel de una potencia a otros humanos, con la excusa de la civilización, se termina perfilando como la persona que asume que la liberación de su territorio nacional de la invasión británica es importante, incluso por la vía armada. Casement más que volverse un personaje contradictorio, lo que hace es transformarse en un nacionalista que ve cómo su mirada sobre su tierra no surte efecto. Fue detenido por la corona y ahorcado (luego de una campaña de desprestigio que involucraba la existencia de un diario en el que contaba sus experiencias homosexuales con lujo de detalles. En este libro de Vargas Llosa busca levantarlo de la ignominia).

“El sueño del celta” es un libro que surge de una investigación y de la necesidad de llenar los vacíos a través de un personaje fuerte y su relación con un entorno desagradable. A nivel de estructura, los aciertos del autor nos sirven para atestiguar la espera por la decisión que salve su vida en una cárcel inglesa, lo que genera uno de los mejores contactos en el libro: con el sheriff. No existe enemigo más grande que la falta de sentido común y en esto hay un gran logro al mostrarnos cómo se va generando la sinergia entre dos fuerzas, dolidas, entrañables. No hay sino víctimas en medio de los conflictos.

Esta novela es también la evidencia de cómo un autor consagrado no recibe una edición acertada, quizás por el temor a la ofensa, o porque los editores se asumen sin el poder para hacer observaciones. La verdad es que la novela pudo haber sido publicada con 150 páginas menos y su sentido y objetivo narrativo no se veía afectado. Y con esto no quiero decir que sea mala, sino que hay tal desglose de nombres, santos y señas, que aturden, aburren y te obligan a saltarte páginas y páginas hasta recuperar algo que te dé respiro. Esa es una de sus principales cojeras de “El sueño…”. Inclusive recién cuando nos encontramos en la segunda parte, en la Amazonía”, es que la dinámica de la lucha de Casement en ese campo, y la espera en la prisión, tiene un sentido de historia. Ya el libro no sólo es el derroche de conocimientos de un autor, en este punto estamos ante un real proceso narrativo, donde poco a poco (a veces de maera gratuita) Casement recorre los pasillos que lo convierten partidario de la causa irlandesa.

imagen tomada de elpais.com

Esta novela es el personaje. Y en toda su extensión se pierde, desde luego, pero cuando se encuentra es simplemente maravilloso. “El sueño del celta” es un alegato del autor sobre este ser excepcional, que al combatir atrocidades del imperio supo que toda atrocidad es la misma y merece ser atacada. Y no sólo comprometió su buen nombre, sino su vida. “El sueño del celta” es una obra en la que la ficción no sólo completa la realidad (dentro de la novela vemos cómo Casement escribe en su diario los encuentros sexuales que en la narración de Vargas Llosa nunca existieron con un lujo de detalles, como una extensión de la vida o respuesta ante lo atroz que se perfilaba ante él: quizás nunca haya existido una mejor manera de reflejar la utilidad de la imaginación), también la dota de sentido y le permite recuperar cosas perdidas. Un ejercicio de memoria, con un final que de entrada sabemos cómo se va a dar, pero que al llegar a él salimos conmovidos hasta el extremo. Eso se llama oficio.

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