Un Hp… (parte 1)

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imagen tomada de blu1953.blogspot.com

El asunto es que cuando terminas de ver la última película de Harry Potter (“Harry Potter and the deathly hallows, part 1”) uno queda con la sensación de que el libro sí que daba para una sola película, en onda “Ben- Hur”, y no para una división cuya única explicación descansa en decisiones comerciales (porque a nivel narrativo no encuentro ninguna, todavía). Una buena adaptación no tiene por qué sufrir por una extensión innecesaria. Y eso uno lo palpa apenas termina esa última escena, que en onda “The Empire Strikes back” nos dice que nada está bien.

Pero no voy a ser tan estricto, más allá de ese asunto de adaptación (que resulta ser un problema grave: personajes que en los libros anteriores eran importantes y que habían quedado afuera de las películas, aparecen de golpe ahora y son, literalmente, presentados como si nada. ¿En serio esperan que creamos que Harry Potter no va a conocer al hermano mayor de su mejor amigo sino después de 7 años de colegio juntos?). La verdad es que luego del catastrófico resultado de “Harry Potter and the Half-Blood Prince”, David Yates dirige una película que está a la altura de las expectativas. Probablemente las críticas lo convirtieron en un tipo más consciente de que la fuerza de este tipo de películas está detrás de cómo contar y sostener la historia. Esta penúltima película de Harry Potter recupera lo mítico de las dos primeras de la serie (dirigidas por Chris Columbus), aunque no llega a la concresión y poderío de la que hiciera Alfonso Cuarón (“Harry Potter and the prisoner of Azkaban”). Y eso es una ventaja de la que se puede sacar provecho.

Yates utiliza el humor, la acción y el drama de manera equilibrada. Eso se agradece como espectador, porque de un inicio poderoso, desesperanzador y oscuro (que involucra enfrentamientos entre mortífagos y miembros de la Orden del Fénix), lo que surge es algo que nos exige estar atentos y al filo del asiento… Y entonces, el error, el ritmo decae: una serie de acontecimientos innecesarios nos toman casi una hora de película y la verdad es que eso molesta y aturde. En durante los últimos 40 minutos que de nuevo regresamos a la trama central: Harry, Ron y Hermione deben encontrar los horrocruxes (objetos con particiones del alma de Lord Voldemort) y destruirlos, para poder enfrentar al malvado Señor Oscuro.

Yates prodiga secuencias bien manejadas y momentos de intensidad que funcionan muy bien, como si incluyera un cortometraje dentro de la película (lo que hace con la leyenda de los tres hermanos es fabuloso). A momentos se equivoca cuando la acción es extrema y no se puede entender muy bien lo que pasa, pero por lo general el montaje del filme permite un ritmo interesante y contemplar esa tensión inevitable. Este es un filme de enfrentamientos.

imagen tomada de screenjunkies.com

Lo importante de esta película es que la historia regresa a ser un esfuerzo colectivo, los tres amigos de infancia son los que establecen esta relación de lucha y esfuerzo que se traduce en buenas actuaciones (especialmente de Daniel Radcliffe y Emma Watson) y un trabajo en equipo que sostiene la trama. Quizás su aparición sea reducida, pero Alan Rickman (como Severus Snape) sigue siendo un actor cuya presencia en la pantalla crea ya una atmósfera imposible de romper. Snape es tan impenetrable y ese mérito actoral vale tanto la pena de observar. Ralph Fiennes detrás del maquillaje de serpiente de Lord Voldemort es exquisito, no sólo por esa maldad que consigue contender, sino por esos movimientos casi bailados, arrastrados, que lo dominan. David Thwelis, Bill Nighy, Helena Bonham-Carter, John Hurt, Rhys Ifans e Imelda Stauton son parte de un elenco imprescindible, que funciona como el inicio de este corolario que más allá de las críticas y de la considerable mala saña que pueda existir alrededor de los detractores de los libros de la saga, rescata algo que hay detrás de los ingleses y su forma de crear complejos cuadros argumentales. Lo que J.K. Rowling hace es recuperar ese espíritu de Conan Doyle y establecer su propio universo (onda Sherlock Holmes), en el que lo que se suponía era un espacio para niños creció para convertirse en un reflejo cercano a una realidad humana que parece ser objeto de olvido.

Las relaciones directas que hay detrás de los seguidores de Voldemort y el régimen nazi quizás sea algo gratuito, pero al mismo tiempo es un ejercicio de memoria y de reconexión con eso infame, que se convierte en el escenario perfecto para una lucha entre el bien y el mal. Harry Potter no es que haya crecido hasta convertirse en un justiciero… lo que sucede ahora es que todo debe cerrarse y lo que no se puede evitar tiene que ser contado con altura y riesgo.

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