Sobre “Las segundas criaturas” (y esos paréntesis vitales)

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Hacer algún tipo de referencia sobre la novela de Diego Cornejo Menacho, “Las segundas criaturas” quizás me obligue a caer en la demagogia. Porque ésta, su última obra publicada hasta ahora, es una (si no es la mejor) de las más preciosas y perfectas novelas que haya dado la literatura ecuatoriana. Y digo que es demagógico esto porque a la larga la única justicia posible para el libro está en la lectura e importancia que cada persona le pueda dar. Al final mi versión de esta novela está signada por esa necesidad de encontrar en un narrador de experiencia (Cornejo ya debió pasar los 60 años) un tipo de revelación que le diera sentido a la misma confección de una novela en este país.

imagen tomada de dinediciones.com

Si yo hubiera leído “Las segundas criaturas” en mi adolescencia, ya tendría más textos escritos y entendería mucho más cosas con claridad.

De esa forma, la novela se vuelve un todo en sí misma y establece un puente.

Esta es una novela que supo encontrar un personaje-sombra, y darle ficción, cuerpo, alrededor de una serie de ideas que no necesariamente lo vuelven algo más profundo. Es una novela que martillea, que juega con los narradores en un ir y venir para revelar una vida, que da algunas versiones posibles de una serie de conjeturas. Es una novela como biografía del más grande (falso) escritor ecuatoriano; una novela sobre Marcelo Chiriboga, ese personaje que le dio a Ecuador su autor importante en el “boom” literario de los años 60. Es una novela que intenta una ficción acerca de la ficción que Carlos Fuentes (con problemas estomacales en “Las segundas…”) y José Donoso (que se muestra envidioso y gracioso) crearon en varias obras, quizás como un acto de bondad para este país “andino” (como lo ven algunos).

Y darle cuerpo a Chiriboga, sustento y poderío, es enfrentarnos al desgaste y al despojo. La novela es un baile hacia atrás, un recorrido desde el lecho de muerte hasta la reinvención total. Ese gran escritor ecuatoriano está muriendo e iniciamos ese viaje por una serie de decisiones y acciones que incluyen aventura y pasión, así como discusión, sobre todo cuando nos enteramos que el chico nacido en Riobamba va a estudiar universidad en Quito, una vez que cambia su nombre, y se debe enfrentar a una conciencia política y literaria muy particular. El triunfo literario de Chiriboga (premio Cervantes, traduciones a varios idiomas y vida de oro en París, en su momento) no está en su don de gente (algo que sí le hace falta, en definitiva). El triunfo de Chiriboga no está en su dedicación o en su buena onda, o en que escogió a una agente literaria (onda Carmen Balcells) que le ayudó a crear el aura y la magia. El triunfo de Chiriboga, en la narración de Cornejo Menacho, está en comprender que el valor de la escritura está en ella misma: en la escritura. Chiriboga es fiel a ese deseo de escribir y eso es un acto liberador por excelencia que le abre las puertas a la fabulación.

imagen tomada de eluniverso.com

En la página 126 queda todo claro: “Tras desahogarse (…) Chiriboga le confesó a Sérvulo que no estaba de acuerdo con Humberto, porque su ambición era escribir buenas novelas, y en todo caso recibir reconocimientos por su literatura, y que, si eso era ser burgués de mierda, él no podía hacer nada. Y que no le quedaba otra cosa que irse del país, para escapar del Mal, porque lo que piensa Humberto lo piensan todos en la célula cultural del partido y lo piensan los que hacen la Caparina, y eso es algo que yo llamo el Mal, mi querido Servulito, el Gran Mal, algo retorcido, como si un parásito mental, una especie de tenia filosófica o ideológica hubiese penetrado en sus cabezas, incluso en las más brillantes, para matar la literatura, para liquidar la novela, que es la expresión artística más importante y más compleja de todos los tiempos, el mejor instrumento para estudiar el alma humana y para liberarnos, usando la imaginación como instrumento liberador, porque sólo con la imaginación podemos ser verdaderamente libres”.

Y uno puede estar a favor o en contra de lo que asume Chiriboga, pero no hay otra posibilidad en su discurso. Liberar a la imaginación de cualquier dictadura o autoritarismo, se tenga o no razón, siempre es un triunfo, no importan las condiciones sociales o los dictámenes colectivos de lo que debe considerar cultura. La novela de Cornejo ofrece una respuesta a la ficción de Donoso y Fuentes y la ubica en el campo de la misma literatura, revela una versión del estado literario del país, nos condensa y condena. Y da brillo.

El final de la novela es tanhermoso y permite cerrar todos los cabos, que a la larga no nos queda más que comprender que esas criaturas, las segundas, esas que César Vallejo define como las tristes (en el libro está mejor detallado este importante concepto), son las que definen este estado de flotación y paréntesis. La literatura ecuatoriana se ha debatido en esa no historia (concepto que luego de leer a Claudia Apablaza se ha convertido en mi obsesión) y en esta elucubración de Cornejo sobre lo que pasó en la segunda mitad del siglo XX en Ecuador, nos queda asirnos a esa idea y seguir adelante. Romper la tristeza es un hecho imprescindible, una vez que la conozcamos.

imagen tomada de hoy.com.ec

“Las segundas criaturas” es un intento personal por darle cuerpo a esa tristeza. Las formas ya no pueden ser las mismas luego de leerla.

Esta es una gran novela, de las mejores, de esas grandes ligas. De esas que te cambian luego de leerla. Eso no es demagogia, es agradecimiento.

4 comentarios en “Sobre “Las segundas criaturas” (y esos paréntesis vitales)

  1. la verdad es que Cornejo es hoy en dia de los escritores de mas calidad en el pais de la linea ecuatorial (mejor que Valencia en mi opinion). no se si has leido su Miercoles y Estiercoles, tambien buenasa.

  2. Completamente de acuerdo con este inteligente comentario de la novela “Las Segundas Criaturas (y esos paréntesis vitales).
    Es que Diego Cornejo Menacho (hombre puro y sensible, lleno de ternura) esquivó la contaminación y putrefación de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir y nos ha llevado de la mano a este encuentro. (con mirada diferente)

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