Esa cosa llamada poder… (acerca de Vargas Llosa y el Nobel)

Uncategorized

¿Por qué un premio causa tanta impresión? ¿Por qué uno precisamente como el Nobel? ¿Por qué se lo entregan a Mario Vargas Llosa, que desde hacía años había sido descartado de esta quiniela extraña y bizarra? Estas preguntas se vuelven innecesarias, pero a la vez reflejan ese estado de estupor y sorpresa, de fascinación y alegría, de extrañeza y desdén, que se vive en estos lados por el galardón. Creo que no existe figura más polémica en la literatura en castellano que la del autor de “La tía Julia y el escribidor”, porque más allá de los libros, el peruano/español decidió llevar sus planteamientos sobre el poder al campo de la vida real. Algunos ven en esto su principal debilidad, otros ven en esto una consecuencia lógica… a algunos no nos importa en realidad esta relación.

Mario Vargas Llosa ha entendido el trabajo del escritor como un acto de revelación ante la realidad, no como una simple reacción contra el sistema. Es evidente esa disposición intrínseca de convertir a la fabulación en el espacio de rechazo y de muerte a la realidad, no sólo para reconstruirla, sino para encontrar ciertas respuestas en el camino. Esa posibilidad de una obra es lo que vuelve para mí en celebración lo de hoy. Vargas Llosa, me parece, ha comprendido en carne propia cómo las manifestaciones del poder, el enfrentamiento y la sumisión son parte necesaria de una ficción sobre la vida.

Si nos dejamos llevar por la obra y nos abstraemos de las consideraciones idelógicas que penden sobre él (el traidor, el facho, el que abandonó la revolución del continente) encontraremos cierta coherencia y resistencia en sus novelas: ese gran tema que es la relación con el poder, desde una postura muy personal. “El pez en el agua” nos ofrece esa certeza al hablar de su relación, de manera directa, con su padre y cómo ese temor y resquebrajamiento le dio forma a una de sus principales inquietudes. Los personajes de su obra se revelan contra el sentido común, contra lo inevitable, contra alguien, contra la vida misma, contra el poder político. Y en medio están todas las posibilidades del espíritu: el exceso (¿no es ese acaso el tema central de la monumental y genial “La guerra del fin del mundo”?), el enfrentamiento lúdico (“La tía Julia…”), el descontrol y la imposibilidad de sanación detrás de los abusos (“La fiesta del chivo”) y hasta las consecuencias inseparables a los actos de enfrentamiento a ese poder (“El paraíso en la otra esquina”). Lo de Vargas Llosa no puede ser entendido como simples maniobras de la ideología de turno. Lo de Vargas Llosa no demuestra que su valor viene gracias a su tendencia de antes y el desprecio al camino que tomó luego. La relación ha sido siempre la misma con ese poder que todo lo quiere y todo lo destruye, con esa excusa de querer lo mejor. Es difícil entender la obra de Vargas Llosa sin hacer un ejercicio de despojo, sin dejar de lado cualquier sensación extraliteraria.

Y eso que no hablo de la capacidad que tiene él (como pocos escritores de esta época) para reflexionar sobre el acto de escribir. Y eso que no me refiero a esa disposición que posee para ofrecer caminos y precisiones sobre lo literario (que sirve de mucho a los que están empezando a caminar ese camino de fuego que es la literatura). Eso que no hablo de esa metódica capacidad de revisar literaturas ajenas y permitir visiones importantes sobre el acto de fabular. Eso que no hablo de que sigue estando activo y que opta por una gran respuesta al factor edad y es recurrir a la historia para encontrar algún brillo o destello narrativo.

El ejercicio que hago no es nada más que una defensa exagerada y lo sé. ¿Por qué? Porque Vargas Llosa también ya llegado al espacio del ‘fuera de foco’ y quizás ya no entiende las dinámicas actuales a nivel social y las dota de desdén (lo que ha dicho de internet es prueba de eso). A lo que voy es que es fácilmente reconocible sus errores políticos y comentarios equivocados por esa necesidad que hay en él de enfrentarse con el exterior y que puede ser contemplada únicamente como un error. Y eso es querdarnos con parte del problema. Vargas Llosa ha visto en el enfrentamiento con el poder el camino de su obra y justamente en ese campo es que ha encontrado su propio exceso y rechazo. Un riesgo que al menos él lo acepta como lo que es (y podríamos decir que hasta lo aprovecha… pero eso va más allá de lo literario).

Una defensa exagerada que me sabe a familiaridad. Tenía 6 o hasta un poco más de años cuando encontré “Los Cachorros” por ahí y empecé a leer el libro. Entendí muy poco, pero en ese momento supe que ese acto tenía sentido y fui feliz. Para mí, la experiencia de la literatura tiene mucho que ver con su existencia. Es el primer golpe, eso que no se me olvida, que me deslumbró y me hizo conocer el poder de una historia y por esos le tengo cariño.

Y eso es todo, cariño.

3 comentarios en “Esa cosa llamada poder… (acerca de Vargas Llosa y el Nobel)

  1. Un premio justo, porque si la academia muchas veces ha considerado temas que no obedecen al mérito literario, como las preferencias políticas, estrategias coyunturales y demás, distorsiones que han terminado en clamorosas injusticias y omisiones (en nuestro idioma el caso paradigmático es el de Borges); pues bien, aquí está un personaje que representa una integridad, una coherencia, en la dicotomía que casi siempre ha considerado la academia para la concesión, esa correlación entre una gran obra literaria y el compromiso ético con la humanidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s